Estado Islámico: ¿Qué ha sido del califato?

Con cierta pomposidad, medios internacionales anunciaron que la demolición de la mezquita de Al Nuri y su minarete por el Estado Islámico (EI), el pasado 21 de junio, marcaba la derrota de la organización yihadista en Mosul y el fin del califato proclamado allí mismo el 29 de junio del 2014. Días antes, Moscú daba por muerto —aunque sin llegar a confirmarlo— al autotitulado califa Abu Bakr el Bagdadí. Otros miembros prominentes del EI han ido cayendo, a menudo en bombardeos selectivos. Cuando, según parece, quedan pocas semanas para que los yihadistas sean liquidados en su último reducto en Irak, se podría decir que el califato del Estado Islámico ha durado tres años.

Pero esto es cierto en algunos aspectos mientras que en otros no lo es.

En tanto que fenómeno iraquí (pues surgió a consecuencia de la invasión aliada del 2003, con iraquíes como líderes principales, entre ellos antiguos oficiales del ejército de Sadam Husein y del partido Baas) con grandes ambiciones territoriales, el EI está derrotado. Su ambición de borrar las fronteras entre Irak y Siria ha fracasado, y sólo es cuestión de tiempo que caigan sus últimos bastiones en territorio sirio, en Raqa y Deir Ezzor.

Efectivos de la policía federal iraquí inspeccionan un callejón en la ciudad vieja de Mosul, ayer miércoles Efectivos de la policía federal iraquí inspeccionan un callejón en la ciudad vieja de Mosul, ayer miércoles (Ahmad Al-rubaye / AFP)

Todas las fuerzas que permitieron, abonaron o se aprovecharon de la expansión del EI, el gobierno de Damasco, Turquía, Arabia Saudí, Qatar, Irán, Estados Unidos, Rusia…, tuvieron que acabar uniéndose o coordinándose para acabar con esta multinacional iraquí de la yihad en cuanto creció demasiado, creó sucursales y desató una guerra de atentados muy lejos de su espacio geográfico original.

En este sentido, la disolución del Estado Islámico como problema territorial –a base de ir acumulando derrotas a partir de enero del 2015- ha ido acompañada de su cada vez mayor relevancia como organización criminal. Su arraigo entre la población fue siempre forzado. Esto fue evidente en su aventura en Libia, y en Siria con la huida de cientos de miles de refugiados: la propaganda yihadista reaccionó histérica al ver que la guerra les empujaba a huir del país en lugar de migrar hacia su territorio,

El destino del EI apunta, pues, a su transformación en guerrilla -volviendo así a sus orígenes en Irak-, y en entidad terrorista al estilo de Al Qaeda, con objetivos a largo plazo. El califato, que atrajo a combatientes de hasta 87 países en el 2014, ya no es “aquí y ahora”, sino que se convierte en algo mucho más difuso.

La victoria es cuando el enemigo es derrotado, la derrota es cuando se pierde la determinación y el deseo de combatir”

Abu Mohamed al Adnani

Portavoz del EI, en mayo del 2105

¿Califato virtual, quizás? Es posible, porque el poder propagandístico del Estado Islámico alcanzó en apenas dos años una dimensión nunca vista, inmensa. Pero la promesa de la conquista territorial, de un país ideal, ya no existe. El Estado Islámico que hemos conocido hasta ahora ha sido un reino combatiente. A pesar de su aparente tinglado político-administrativo, con sus ministerios, su -atroz- sistema de justicia y sus recaudadores de impuestos, no podía existir sin la guerra.

Está por ver, entonces, de qué manera sobrevive y si será capaz de continuar seduciendo en el ciberespacio como hasta ahora. El cambio empezó a ser evidente desde que, el 21 de mayo del 2015, en vísperas del Ramadán, el portavoz oficial, Abu Mohamed al Adnani, llamaba a los voluntarios extranjeros a cometer atentados en sus propios países: “Si los tiranos os han cerrado en la cara las puertas de la hijra –la emigración al Estado Islámico-, abrid la puerta de la yihad en sus caras y haced que se arrepientan”. El hoy desaparecido ministro de atentados reconocía de algún modo el fracaso del proyecto territorial al decir: “La victoria es cuando el enemigo es derrotado, la derrota es cuando se pierde la determinación y el deseo de combatir”.

Voluntarios de una milicia iraquí desfilan por el barrio chií de Ciudad Sadr, en Bagdad, el 21 de junio del 2014 Voluntarios de una milicia iraquí desfilan por el barrio chií de Ciudad Sadr, en Bagdad, el 21 de junio del 2014 (Khalid Mohammed / AP)

Pero a pesar de todo esto, en lo que respecta a Irak y Siria, el Estado Islámico ha sido capaz de dejar una huella profunda: ha agravado el enfrentamiento sectario entre suníes y chiíes.

El carácter declaradamente suní del califato era la justificación religiosa e ideológica en su guerra contra el régimen chií de Bagdad y en su ambiciosa expansión por una Siria gobernada por la secta chií de los alauíes, a la que sin embargo hicieron frente no las tropas de Damasco sino las muy diversas milicias de oposición, asimismo suníes. La agenda religiosa fue en aumento en Siria, mientras que en Irak, donde el conflicto suníes-chiíes ya era muy marcado, el propio ejército de Bagdad y las milicias chiíes armadas y apoyadas por Irán exhiben credenciales sectarias que van más allá de la lucha contra el yihadismo.

Ahora no son los yihadistas sino las milicias chiíes apoyadas por Irán las que se expanden por Irak y Siria

El resultado es que esas milicias chiíes han logrado expandirse por Irak hasta la frontera de Siria, incluso traspasándola. Otras milicias del mismo signo y respaldadas asimismo por Irán han sido una fuerza de combate principal para el régimen de Damasco, en particular en su reconquista de Alepo. La impronta iraní se hace cada día más evidente, dando cuerpo a las intenciones de Teherán de abrir un corredor chií desde Irak hasta la costa siria.

De esta manera, la cuestión territorial cambia radicalmente de signo, y son precisamente sus enemigos los que se aprovechan de las aspiraciones del absurdo califato.

El próximo capítulo es la conquista de Raqa y otra reunión en Ginebra que dejará que sigan hablando las armas en Siria

En el próximo capítulo, que promete ser al menos tan cruento como la batalla de Mosul —iniciada en octubre del año pasado y ahora a punto de concluir—, fuerzas combinadas kurdas y árabes, con apoyo estadounidense, intentarán arrebatar al EI su bastión sirio de Raqa y expulsarlo asimismo de Deir Ezzor, donde se cree que sus líderes supervivientes se han refugiado. El resultado de estas batallas promete nuevos conflictos entre los propios participantes. Incluso Irán ha lanzado misiles sobre Deir Ezzor, según anunció, en represalia por el atentado del EI contra el Parlamento de Teherán. Mientras, los bombardeos de la extraña coalición internacional en la que participan EE.UU. y Rusia siguen causando víctimas civiles a docenas.

Y las nuevas rondas negociadoras sobre el conflicto sirio, el 4 y 5 de julio en Astaná (Kazajistán) y del 10 al 14 de julio en Ginebra –que será la séptima en la ciudad suiza- con toda probabilidad seguirán dejando que hablen las armas.

Las nuevas rondas negociadoras sobre el conflicto sirio con toda probabilidad seguirán dejando que hablen las armas

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