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Estos bribones quieren a toda costa gobernar con el PSOE o que se repitan las elecciones andaluzas

Rivera, Marín y Arrimadas.

Bribones, aprovechados y oportunistas. Porque la decisión de Ciudadanos de gobernar Andalucía con el apoyo del PSOE de Susana Díaz lo que parece es un nuevo cálculo político oportunista de Albert Rivera. Es decir, la decisión de un oportunista. ¿Una decisión que seguirá siendo premiada por los votantes? ¿O que llevará a esos ciudadanos a exigirle que su partido comience a hacer algo útil y permita y permita echar el doble cierre a cuarenta años de clientelismo, corrupción y subdesarrollo a lomos de los 80.000 millones de euros concedidos en subvenciones por la Unión Europa.

Las elecciones de un tiempo a esta parte las carga el diablo y su calculadora tiene ecuaciones imposibles. Las andaluzas no iban a ser menos y salvo confirmar un claro mensaje de cambio político ha dejado a todos los políticos haciendo números para pactos que no cuadran. Tanto se juega en el resultado que hasta el PSOE de Susana Díaz, en un último gesto de supervivencia política, se ofrecía ayer a comandar el cambio tras casi cuarenta años en el poder. Su única razón, haber ganado las elecciones. Su sino, no haber entendido nada del resultado electoral.

En 2012, cuando por primera vez en la historia el PP ganó unas elecciones autonómicas en Andalucía, Javier Arenas entonó desde el balcón de la sede del PP en Sevilla una frase lapidaria ante la militancia que le aclamaba como presidente: «Hasta aquí hemos llegado». Se quedó a cinco diputados de la mayoría absoluta y admitió con resignación democrática que había ganado las elecciones y perdido el poder. Sabía que el PSOE e IU,que entonces interpretaron el mensaje de las urnas como un necesario giro a la izquierda, sumaban para formar el gobierno. Ese gobierno lo rompería Susana Díaz precipitadamente en 2015 para adelantar las elecciones con el objetivo de frenar la irrupción de Podemos en la escena política.

Tres años después, IU ha llegado a estas históricas elecciones del 2 de diciembre de la mano de la formación morada, cuyos discretos resultados sitúan a las siglas de la formación de Alberto Garzón en un serio conflicto interno de identidad y supervivencia.

Baste este repaso histórico como advertencia para navegantes en las aguas turbulentas de las alianzas interesadas. Podríamos remontarnos al pacto de Chaves con los andalucistas, hoy desaparecidos, pero tampoco hay que ensañarse.

Ciudadanos, sin embargo, se apunta al riesgo de probar pactos más difíciles antes que aceptar una alianza natural con el PP que necesariamente debe contar con el apoyo de Vox en la investidura.

Vox, de momento, solo asegura que no será barrera para un cambio real en Andalucía, pero debatirá hoy las condiciones del acuerdo.

El órdago

Ciudadanos quiere que su candidato, Juan Marín, sea presidente con el apoyo de las siglas del bipartidismo que denosta. El PSOE le pide renovar el pacto, un escenario que choca con todas las promesa realizadas a su electorado por Juan Marín. El PP, sencillamente, le reclama que respete su compromiso y asegure un cambio histórico en Andalucía.

El acuerdo de Cs con el PP era un secreto a voces durante la campaña. El que sacara más votos presidiría la Junta en caso de sumar una mayoría. Ahora esa opción, a la espera de las condiciones de Vox, parece viable, pero ya no es la primera opción para Albert Rivera. En la noche electoral buscaba perífrasis para evitar dar por hecho el pacto natural. «No descartamos ninguna posibilidad».

Ciudadanos incluyó en su programa electoral –plagado de críticas a la gestión del PSOE– que sus votos no harían presidenta a Susana Díaz. Ahora le teme a la estrategia del PSOE –tan condescendiente con la filiación de sus compañeros de viaje cuando hay poder en juego– de relacionarle con la «extrema derecha» y desacreditar así un pacto al que ya le han puesto nombre «de las derechas». Susana Díaz, que metió a Vox en la campaña, quiere exprimir la ocurrencia hasta el final.

«Antifascismo» callejero

Ayer, para generar ambiente hostil y condicionar las negociaciones, jaleadas por las consignas de Pablo Iglesias en la noche electoral de «salir a las calles» cientos de personas se concentraban en Sevilla, Granada y Málaga al grito de «fuera fascistas de nuestros barrios».

En ese ambiente, Ciudadanos quiere ganar tiempo y protagonismo en las negociaciones. Quiere hacer valer su ascenso electoral que ha quedado muy diluido por dos circunstancias: no ha podido superar al PP y es igual al que ha conseguido Vox en apenas quince días de campaña. Su líder andaluz, Juan Marín, que debe reconocer en los resultados el precio que le ha costado no tanto su pacto de investidura a Susana Díaz como su dulce convivencia en la legislatura, quiere reivindicar sus opciones para ser presidente con el apoyo mayoritario de PSOE y del PP mientras el tiempo avanza, disipa los rumores de adelanto de las generales y permite a Rivera buscar su mejor posición en el tablero.

En una estudiada ceremonia de la confusión, Marín descartaba ayer que «la señora Díaz o el PSOE sigan gobernando en Andalucía», pero no sería la primera vez que a Marín le rectifican el mensaje desde Madrid.

La fragilidad de Díaz

Los pactos con el PSOE no son gratuitos. Susana Díaz quiere tentar a su antiguo socio de investidura ofreciéndole devolverle el favor si se asegura la abstención de la confluencia de Podemos e IU para «frenar a la extrema derecha». Díaz se aferra a los restos del naufragio mientas Ferraz la da por desaparecida en el tsunami electoral del domingo. Ábalos ya le ha dejado abierta la puerta. Hasta su epitafio político podría ser la moneda de cambio que Ciudadanos imponga para bendecir un acuerdo con el PSOE si se dieran las circunstancias. Como en su día exhibió las cabezas de Chaves y Griñán para justificar que haría presidenta a Susana Díaz… Las vueltas que da la vida y la política. Marín, presidente para pactar los presupuestos del Estado… todo puede entrar en el cambalache que se atisba en la ambigüedad de la formación naranja del día después.

El coste electoral puede ser letal para las aspiraciones futuras de Rivera. De ahí las cautelas. Ciudadanos tiene que afrontar que ha llegado la hora de ser parte de un gobierno. Si tras ganar las elecciones en Cataluña desechó postularse para gobernar, ahora no puede inhibirse para estar en un gobierno tan reformista como el que pondrá fin a casi cuarenta años de socialismo.

El PP le ofrece gobernar

Esa es la baza que espera jugar el PP de Juanma Moreno. El líder andaluz reivindica su legitimidad como el conductor del cambio y admite que prefiere un gobierno estable y compartido con Ciudadanos antes que ser investido con los votos de Cs y Vox para gobernar con solo 26 diputados. El ofrecimiento directo del PP ya se ha realizado vía telefónica para alcanzar un principio de acuerdo y dejar en manos de los asesores de ambos partidos la letra pequeña. Sólo Vox puede condicionar este acuerdo de Gobierno. Su dirección estudiará mañana el papel que jugará en todo el proceso. Ayer su presidente se limitaba a asegurar que «nunca será un obstáculo» para una mayoría alternativa en Andalucía que acabe con «la corrupción socialista y el comunismo chavista que estaba dirigiendo la política en este momentos». Asegura que «el único pacto» de su formación es con los 400.000 andaluces que les han votado. Y como avance de sus objetivos apuntó aspectos como la centralización de la Sanidad y la Educación, que seguro van a animar las sesiones del Parlamento cuando se constituya el 27 de diciembre.

A partir de esa fecha las negociaciones serán en serio. Un reiterado fracaso podría llevar a repetir las elecciones en primavera. En sus cuentas los partidos también calculan si eso les es más rentable que intentar dar respuesta al mandato ciudadano de las urnas.

(ABC)