“Existen diferencias considerables entre los diversos movimientos populistas de hoy”

Jean-Jacques Rousseau, el gran filósofo y pensador político, murió en 1778 en Ermenonville, Francia. En caso de vivir hoy día y presenciar los acontecimientos en Europa y Estados Unidos, podría haber dicho: “Siempre os lo dije, la democracia es peligrosa”. Si Marx y Engels vivieran hoy, su Manifiesto comunista de 1848 empezaría con las palabras “Europa y Estados Unidos hacen frente a un espectro, el espectro del populismo”. En el 2016, el espectro ya no es el comunismo sino el populismo. ¿Qué se ha hecho de la tradicional lucha de clases en esta época en que la mayoría de los trabajadores en EE.UU. ha votado por una Administración liderada por un gobierno de personas poseedoras de alrededor de 100.000 millones de dólares en total?

Pero ¿qué es el populismo? Algunos ven su origen en la antigua Roma; un grupo político en el Senado romano manifestó que representaba los intereses de todo el pueblo. Julio César formaba parte de él. Otros ven sus orígenes en el siglo XIX. Mientras algunos consideran que se trata de un fenómeno político, otros ponen el énfasis en su ­carácter social (el pueblo en contra de las élites políticas) e incluso otros hacen hincapié en sus aspectos culturales. Se suele hacer referencia al populismo de izquierdas y de ­derechas, y los movimientos populistas suelen subrayar su carácter global. Declaran representar a todo el pueblo independientemente de las clases y de sus intereses respectivos. Se trata de una actitud fraudulenta porque, una vez acceden al poder, se consolidan como una nueva élite.

Los movimientos populistas, en la mayoría de los casos, se convierten en orientaciones totalitarias. Están entusiasmados con la idea de convocar plebiscitos y referéndums, que a su vez se remontan notablemente a tiempos históricos. Fueron populares en la Revolución Francesa y desempeñaron un importante papel en la trayectoria napoleónica. Incluso los nazis utilizaron el referéndum cuando abandonaron la Sociedad de Naciones en 1935.

El nazismo y el fascismo fueron movimientos populistas en muchos aspectos, pero sus orígenes y las razones de su auge al poder pueden explicarse, en visión retrospectiva, con relación a circunstancias históricas. Alemania había perdido la Primera Guerra Mundial y se sintió oprimida y explotada por sus vencedores; su clase media se había empobrecido por la inflación de 1923 y por la crisis económica mundial que dio comienzo en 1929. Italia se contó entre los vencedores en la guerra pero se sintió traicionada porque no gozó de los frutos de la victoria. Ahora bien, ¿cómo explicar el florecimiento del populismo en la actualidad cuando se observa realmente que está muy de moda? ¿Se halla relacionado tal vez en menor medida con factores económicos y en mayor medida con el malestar contra las oleadas de refugiados, legales e ilegales, procedentes de diversas partes del mundo cuya presencia ha puesto en peligro el carácter y valores históricos así como el estilo de vida de la población local? EE.UU. y países europeos como Francia pero también países como Austria y los Países Bajos pueden hacer frente a graves problemas sociales y económicos en la actualidad, pero no son ni remotamente tan graves como aquellos a los que hacía frente Alemania a principios de los años treinta.

Se ha aducido durante mucho tiempo que los países occidentales experimentan un exceso de libertad y democracia que aboca a la inacción, en un momento en que la mayoría de la gente quiere un liderazgo fuerte y sólido. Politólogos y pensadores occidentales así como asiáticos como ­Kishore Mahbubani han efectuado tal afirmación. De ahí la creciente decepción en numerosos países con el sistema parlamentario. Los nazis y el fascismo italiano mostraron una actitud despreciativa acerca del sistema político reinante en su época; los nazis se refirieron al Parlamento como “un grupo de gente caracterizada por el charloteo y la ineficacia” y hoy día también se ha dado una creciente oposición a una élite política que no ha brindado liderazgo. Se trata de un serio problema y de un importante riesgo para el futuro de la democracia. El riesgo se agrava por la explotación de los medios de comunicación que facilitan la posibilidad de alcanzar a multitudes de gente incitándolas a una actitud antidemocrática sobre la base de una propaganda falaz.

En las elecciones estadounidenses, fuerzas de extrema derecha esparcieron el rumor de que el presidente Obama era homosexual, de que su esposa era en realidad un hombre y de que sus hijas habían sido secuestradas. Según otras noticias, difundidas en Estados Unidos por la extrema derecha, tanto Obama como Hillary Clinton han llegado a nosotros directamente del infierno, como ha quedado demostrado por el hedor a azufre que emanaba de ellos.

Existen diferencias considerables entre los diversos movimientos populistas que han surgido en nuestra época. No todas sus exigencias y quejas son absurdas, aunque la mayoría de sus promesas seguramente no puedan ser satisfechas. En última instancia, representan un peligro para nuestras libertades tal como las hemos conocido desde la época de la Ilustración.




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