Extremadura es la tercera región que más población pierde

El reto demográfico hace tiempo que se convirtió en una cuestión capital para Extremadura. Ahora se agrava con los últimos datos oficiales del padrón, que sitúan a la región como la tercera comunidad autónoma que más población pierde.

El Gobierno aprobó a finales de diciembre las cifras de población a 1 de enero de 2017. Aunque ya resultan anticuados, se trata de los datos oficiales, que se emplean para cuestiones como el reparto en la participación de los tributos estatales. Además, son los que permiten realizar comparaciones más fiables.

Según esta publicación del Instituto Nacional de Estadística (INE), Extremadura empezó 2017 con un total de 1.079.920 empadronados, 7.858 menos que un año antes. Se trata de la mayor caída de la serie reciente (los datos oficiales se remontan a 1998), superando los registros negativos que se habían alcanzado en los últimos ejercicios y que habían marcado decrecimientos históricos.

La región perdió 7.858 habitantes en 2016, la mayor caída de la serie reciente De los 388 municipios de Extremadura, 215 tienen menos de 1.000 habitantes En 2016 emigraron 5.467 personas, más del doble que el ejercicio anterior

Porcentualmente, la población extremeña cayó un 0,72% respecto a 2016. No parece un dato excesivamente preocupante, pero lo es si se tiene en cuenta la evolución reciente y, sobre todo, si se compara con el resto de comunidades autónomas.

Con esta caída, Extremadura acumula seis años seguidos de pérdida de habitantes. Desde 2011, cuando alcanzó su tope histórico reciente con 1.109.367 empadronados, la población regional no ha dejado de caer y acumula una reducción de casi 30.000 personas.

Hay comunidades que presentan peores datos y que pierden más población, pero hay otro dato significativo. Durante 2016, tras cuatro años de bajadas, España ganó habitantes. Todas las regiones o bien ganaron más habitantes o bien perdieron menos que el ejercicio anterior. Sólo una empeoró los registros de 2015. Fue Extremadura, que pasó de perder 5.200 a cerca de 8.000 empadronados.

En términos relativos, Extremadura fue la tercera región que perdió más población. El 0,72% citado sólo se vio superado por Asturias, con un 0,73% de caída, y Castilla y León, con un 0,89%. Estas tres comunidades, junto con Galicia, son las únicas que encadenan decrecimientos de habitantes desde 2011.

Dentro de la comunidad, la variación en el número de habitantes por municipios fue dispar. De las 388 localidades de la región, 55 aumentaron su población en 2016, aunque en muchos casos se trató de pequeñas subidas sin gran trascendencia en el global. De las grandes ciudades, Badajoz (597 más), Cáceres (103), Navalmoral de la Mata (50) y Mérida (13) fueron las únicas que subieron. Destaca la caída de Almendralejo, con más de 1.000 empadronados, seguida de Plasencia con 303.

Esta evolución tiene su reflejo en la estructura de los municipios de la región. En el año 2011 había cuatro con menos de cien habitantes. El 1 de enero de 2017 ya eran nueve. Entonces había 199 entidades de menos de 1.000 habitantes. Con los últimos datos oficiales ya son 215.

El resultado es que aumenta el número de extremeños que vive en pequeñas localidades, que son aquellas que presentan más dificultades para acceder a servicios públicos de educación, sanidad y transporte. En 2011 había 98.427 empadronados en municipios de menos de 1.000 habitantes. En 2017 ese número ascendía a 105.765 personas. La pérdida de población se concentra en la clase media. De 706.552 residentes en localidades de 1.000 a 50.000 habitantes se ha pasado en el citado periodo a 668.508. Mientras que en las tres ciudades de más de 50.000 habitantes hay más población gracias a la subida de Cáceres y Mérida. En concreto, pasan de 304.388 empadronados a 305.647. Aunque de forma moderada, se puede hablar de una cierta polarización: concentración en grandes núcleos y al mismo tiempo aumento de municipios de escasa entidad.

Natalidad y emigración

La pérdida de población se debe a dos factores, ambos relacionados con la crisis económica. Por un lado, a la caída de nacimientos, unida al aumento de fallecimientos. Por otro, la marcha de trabajadores a otras comunidades o países.

En el primer punto, Extremadura no es un caso aislado en la reducción de la natalidad que se vive en todo el país. Para continuar con la comparación entre el 1 de enero de 2017 y la misma fecha de 2011, en 2016 la región marcó un nuevo mínimo histórico con 8.783 nacimientos. En 2010 fueron 10.128. La caída supera el 13% en apenas seis años.

En el mismo periodo ha aumentado el número de defunciones, de 10.816 en 2010 a 11.237 en 2016, una cuestión que obedece a la subida de la población de la región en las primeras décadas del pasado siglo. En conclusión, el crecimiento vegetativo (nacimientos menos defunciones) volvió a ser negativo en el último año con datos, aunque algo menor que en 2015. Supuso una pérdida de 2.454 habitantes, mientras que el ejercicio anterior fue de 2.624.

Si a 1 de enero de 2017 la región tenía 7.858 empadronados menos que doce meses antes, pero a lo largo de 2016 el crecimiento vegetativo fue de 2.454 habitantes menos, la mayor parte de la pérdida de población se debió por tanto a la emigración. Así lo recoge la Estadística de variaciones residenciales del INE, que refleja esta situación, aunque con ligeras desviaciones debido entre otras cuestiones a que cuando se dan a conocer estos datos aún no están depuradas las cifras del padrón.

Según esta publicación, en 2016 emigraron de la región 5.467 habitantes, de los cuales 1.069 salieron al extranjero y 4.398 a otras comunidades. Se trata del peor dato de la serie reciente, ni siquiera superado durante la crisis, y supone más del doble que el ejercicio anterior.

Es más, sólo otras cuatro comunidades (Andalucía, Castilla y León, Castilla-La Mancha y Comunidad Valenciana) presentaron saldo negativo de variaciones residenciales en 2016. De ellas, Extremadura fue la segunda con mayor caída a pesar de ser, con mucho, la más pequeña. Una muestra más de que la evolución demográfica se ha convertido en un verdadero reto para la región.

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