Inicio Actualidad ‘Fachosfera’, polarización, populismo, por Manuel Arias Maldonado

‘Fachosfera’, polarización, populismo, por Manuel Arias Maldonado

Hace un par de días, Pedro Sánchez volvió a hacer alusión a la «fachosfera» en el curso de una entrevista. Es su manera de designar a aquellos ciudadanos que votan a la oposición o bien, simplemente, rechazan su proyecto político: quien no está con él, está contra él. Y quien está contra él se ve reducido a la condición de nostálgico de la dictadura franquista, que es justo lo contrario que demanda una cultura democrática digna de tal nombre. Dudo que haya dirigentes europeos que se conduzcan de manera tan zafia, pero ya sabíamos que el socialista no pasará a la historia por su elegancia.

Huelga decir que este lenguaje sirve para polarizar a la sociedad española, dividiéndola en dos mitades irreconciliables y politizando de paso asuntos tales como la canción que representará a nuestro país en el venidero Festival de Eurovisión. La astucia de Sánchez consiste en acompañar su discurso polarizador con la acusación de que son los demás quienes polarizan. De paso, evita cualquier rendición de cuentas y soslaya cualquier debate minucioso acerca de las decisiones que adopta su gobierno. Y aunque el truco está a la vista de todos, la mayor parte de sus votantes piensa realmente que el mago hace magia.

Que hablar de fachosfera tiene una intención polarizadora, sin embargo, resulta evidente; se ha hablado mucho ya del asunto. Lo que no se ha dicho tanto es que la estrategia polarizadora de Sánchez es deudora de la estructura retórica del populismo. Habrá quien diga a bote pronto que eso no puede ser, porque nadie sabe lo que es el populismo. Y es verdad que tanto los operadores políticos como los propios periodistas se han aficionado a usar el nombre del populismo —una Kampfwort o palabra de combate— en vano. Pero sabemos lo que es; tampoco es tan difícil.

«El populismo dice que pueblo solo hay uno y solo al pueblo le corresponde tomar decisiones en una democracia»

Hace populismo quien divide artificialmente la sociedad y moraliza la distinción subsiguiente: de un lado, el buen pueblo; del otro, el pérfido establishment. En el populismo de derecha, también los inmigrantes son considerados como una amenaza contra el pueblo. Esta separación tiene, como señala Jan-Werner Müller, un carácter antipluralista: el populismo dice que pueblo solo hay uno y solo al pueblo —de la mano del líder populista que interpreta su voluntad en régimen de monopolio, le corresponde— le corresponde tomar decisiones en una democracia.

Así las cosas, parece evidente que también la fachosfera opera como una identificación del enemigo. Su propósito antipluralista es obvio: solo quienes apoyan al bloque formado alrededor de Sánchez participan de las virtudes democráticas; los demás forman parte de una oscura masa reaccionaria contra la que es obligado emplear cualquier medio disponible. De ahí que las maniobras iliberales del Gobierno sean aceptadas por sus votantes: cargar contra los jueces o colonizar las instituciones es lo menos que puede hacerse cuando la democracia está en peligro. En el lado del bien se sitúan todos aquellos que voten a cualquiera de los partidos que componen esa singular «mayoría progresista» que incluye a Bildu y Junts per Catalunya.

Quien habla de fachosfera está así contando una historia de buenos y malos que resulta idónea para satisfacer los apetitos infantiles del ciudadano polarizado; es lo mismo que hace el populista, solo que con palabras distintas. Ambos presentan una burda invención denigratoria como si fuera una descripción objetiva de la sociedad. Y el problema, en ambos casos, es que funciona.