Feminidad frente a feminismo y hombría frente a machismo

La justa equiparación en derechos civiles, entre hombres y mujeres, es algo que nadie en su sano juicio entra a debatir; sin duda es un hecho de dignidad humana indiscutible. Ahora bien, determinado pseudoprogresismo ha confundido la igualdad con el igualitarismo, lo que constituye un grave error.

No debemos caer en falsos silogismos, que nos lleven a conclusiones erróneas e incluso perversas, como aquel que al comprobar que una amanita faloides era más bonita y vistosa que una col, dedujo que aquella daría un mejor caldo; sin duda un error de fatales consecuencias. Estos falsos silogismos, alimentados por una manipulación política y cultural-educativa, sin precedentes, en estos años de la pseudodemocracia del “todo vale”, han engañado a mucha gente de buena fe. Nos han hecho creer que para poner fin y enfrentarse a esta impresentable lacra denominada “machismo”, había que crear y fomentar el efecto inverso a través del denominado “feminismo”. El grave error de base es que las motivaciones y fines, de muchos de estos movimientos “feministas”, se comprueba que van más allá de unas justas reivindicaciones sociales o laborales, y parecen estar alimentados por el mismo mal de raíz que afecta al machismo, esto es, el considerar “enemigo” o “inferior” al sexo complementario(a mi no me gusta llamarlo sexo opuesto ni sexo contrario).

Es triste comprobar que la motivación de muchos “feminismos”, es el del puro enfrentamiento y oposición, movidos por el simplista e irreflexivo principio del “pues yo también”. Es más, creo que la finalidad última de cualquier movimiento feminista auténtico, debería ser intentar atraer al hombre hacia los valores femeninos, y el “feminismo” activista hoy aboga por todo lo contrario, es decir, propugna y lucha no para atraer al hombre a los valores de lo femenino sino para llevar a las mujeres al mundo de una malentendida masculinidad.

Me atrevería a decir que la decadencia moral de la sociedad está en relación directamente proporcional con la perdida de los tradicionales valores morales femeninos, que arroparon a nuestras madres y abuelas.

Hoy los hombres no son menos violentos que antaño pero comprobamos que las mujeres sí se han vuelto más violentas, así lo demuestra la tasa de criminalidad femenina y el desorbitado aumento de la población penitenciaria femenina.

Hoy los hombres no han dejado, en masa, de beber y fumar, abandonando la taberna para hacer una vida más hogareña, sin embargo sí que podemos ver cada vez a más mujeres, fumando y bebiendo alcohol desmesuradamente, hechos que, por ejemplo, en la última década ha duplicado la tasa de cáncer de pulmón entre las mujeres.

Hoy, como antaño, no se ha logrado que muchos hombres se responsabilicen de su paternidad y asuman la corresponsabilidad del hecho maternal; sin embargo, hoy sí podemos comprobar el incremento de irresponsabilidad maternal por parte de muchas mujeres hasta el extremo de llegar a una banalización extrema en el tema del aborto.

Hoy, muchos hombres siguen sin moderarse en sus modales y lenguaje coloquial, lleno de expresiones muchas veces soeces y machistas, sin embargo, podemos ver que la mujer hoy también se ha sumado a la utilización fácil y habitual de vocablos escatológicos, palabras soeces e incluso también machistas:

Hoy los hombres no han dejado de salir con los “amigotes” a ver el streptease de barra americana para ver que cae, sin embargo ahora también podemos ver como las mujeres también se apuntan a los espectáculos “boys” y demás actos de frivolidad sexista y consumista.

Estos ejemplos de muestra, nos llevan a plantearnos la siguiente pregunta: ¿Acaso la finalidad de las llamadas ideologías de género, es aniquilar a la mujer y convertirla en un engendro androide? No caigamos en falsos silogismos, la verdad es que hombría es a feminidad lo que machismo es a feminismo.

La falta de igualdad frente a los derechos laborales, sociales y políticos, jamás debería de haber existido ni puesto en duda, pero cuidado, igualdad no es igualitarismo, y por ello, este hecho “igualitarista”, en la perversidad, estupidez y miseria humana, llegado de la mano de la imposición de politizados feminismos radicales, la ideología de género y la ingeniería social, no constituyen ningún avance en el campo de la dignidad humana, sino todo lo contrario, ya que hoy podemos deducir claramente que más valdría haber hecho el camino inverso.

Es decir, en vez de masculinizar los hábitos femeninos, tendríamos que haber feminizado, en lo que a valores se refiere, los hábitos masculinos, creo que todos, hombres y mujeres, habríamos salido ganando. Solo forjando feminidad frente a feminismo y hombría frente a machismo, podemos lograr un mundo más fraterno, feliz y justo.

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