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Francisco echa el freno en su tolerancia con “la moda de la homosexualidad”

“Parece que la homosexualidad está de moda y esta mentalidad, de alguna manera, también afecta la vida de la Iglesia”. Son palabras del papa Francisco en la entrevista publicada en formato de libro que el misionero claretiano Fernando Prado publica esta semana bajo el título La fuerza de la vocación y que, según algunos analistas, supondrá un frenazo a algunas de las actitudes aperturistas que el jefe de iglesia católica mostró al inicio de su mandato. “Es algo que me preocupa porque quizá en algún momento no se haya abordado adecuadamente”, dice el Papa sobre la homosexualidad entre curas. Aunque no de forma directa y clara, pero sí evidente, Francisco plantea que los controles para acceder al seminario deben ser más estrictos y dejar fuera a los homosexuales.

En la entrevista, el Papa rompe con sus antiguos planteamientos. De él siempre se recuerda la frase que pronunció en el avión de regreso a Roma, procedente de un viaje pastoral a Brasil. “Si una persona es gay y busca a Dios y tiene buena voluntad, ¿quién soy yo para juzgarlo”. Aquella reflexión causó impacto, por supuesto, entre la comunidad gay de todo el mundo con creencias religiosas, pero sobre todo supuso un terremoto dentro de la propia iglesia, pues consolidó el poder del lobi gay dentro de algunas congregaciones y propició “el éxodo de heterosexuales del sacerdocio”. Esa es la tesis, por ejemplo, del filósofo polaco Andrzel Kobylinski, que durante un tiempo fue académico de la prestigiosa universidad Gregoriana de Roma. En su opinión, “la homosexualidad en el clero ya ha dividido a la Iglesia”.

En el libro, Francisco parece tratar de activar un nuevo cortafuegos a la vista de que la jerarquía eclesiástica no consigue sacurdirse de encima el drama de los casos de pederastia. En ciertomodo, da a entender que el problema está en los criterios de acecso al seminario, que deberían ser, según apunta, más restrictivos. “La recomendación es que las personas con esa tendencia arraigada (la de la homosexualidad) no sean aceptadas ni al ministerio ni a la vida consagrada. El ministerio sacerdotal o la vida consagrada no es su lugar”.

Doble vida

La respuesta conlleva implícitamente la aceptación de que esto no ha sido así hasta ahora y para eso también tiene un remedio. “A los curas, religiosos y religiosas homosexuales hay que urgirles a vivir íntegramente el celibato y ser exquisitamente responsables, procurando no escandalizar a sus comunidades y al santo pueblo fiel a Dios, viviendo una doble vida”. “Es mejor que dejen el ministerio o la vida consagrada antes que vivir una doble vida”, añade. Les invita claramente a irse. Francisco, en definitiva, se desdice de lo que proclamó en aquel avión y abraza de nuevo las tesis más homófobas de la doctrina católica, que sostienen que la homosexualidad es un desorden mental.

Este cambio de rumbo ya lo anticipó el pasado 23 de noviembre, en una controvertida intervención, el portavoz de la Conferencia Episcopal Española, Luis Argüello. “Tanto en el presbiterado como en el episcopado pedimos varones célibes, y dentro de esta configuración de varones célibes pedimos también que se reconozcan y sean enteramente varones y por tanto heterosexuales”. Fue una intervención sonada, ni que fuera solo porque lo anacrónico de la expresión “enteramente varones”.

Salir del confesionario

La cuestión es tan urgente para la Iglesia católica que el próximo febrero el Papa ha convocado en Roma a los presidente de las asambleas episcopales de todo el mundo para abordar, de entrada, el problema de los abusos, pero se da por hecho que el debate no se circunscribirá solo a ese problema, sino que a puerta cerrada se debatirá sobre cuán común es ya que los sacerdotes tengan relaciones homosexuales de forma habitual no delictiva. Una inmersión muy profunda en esa materia ya la realizó, a principios del mandato de Francisco, un alto cargo de la Congregación para la Doctrina de la Fe, Krzysztof Charamsa, que cuando salió del armario y anunció que tenía pareja fue expulsado de inmediato del Vaticano. Publicó poco desués un libro revelador, La primera piedra, en el que explicaba, entre otras muchas cosas, que el elevado porcentaje de homosexuales en la Iglesia no se debe a que la vida eclesiástica despierte esa tendencia, sino que en realidad muchos homosexuales, como él, buscan refugio en la Iglesia.

Esa misma tesis, aunque de forma más dura, la defiende habitualmente la escritora Lucetta Scaraffa, columnista en el diario vaticano L’Osservatore Romano“Muchos se hacen curas por miedo a la mujeres, que para la Iglesia no existen”, dice esta incisiva opinadora del diario vaticano. Es más, acusa a la jerarquía eclesiástica de propiciar sin pretenderlo el problema de la pederastia. “Muchos curas están convencido de que la castidad es una represión que aporta neurosis y que para curarse todo está permitido”.