Frases famosas de Alexander Fleming

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Seguimos conociendo reflexiones de algunos de los científicos más talentosos que hemos conocido a lo largo de la historia. Hoy nos centramos en una de las mentes más privilegiadas de nuestro tiempo, Alexander Fleming.

Nacido en 1881 en Escocia, fue uno de los bacteriólogos más célebres del siglo XX. Estudió medicina y, en 1929, logró un descubrimiento que cambiaría la vida de los humanos para siempre, la penicilina.

Este hallazgo, relativamente casual, fue el descubrimiento en un caldo de cultivo de hongos del Penicillium notatum, capaz de inhibir el crecimiento de bacterias como los estafilococos y los estreptococos.

Estas bacterias eran las encargadas de infectar las heridas. Así pues, Alexander Fleming consiguió descubrir el concepto de antibiótico. Es decir, logró aplicar positivamente microorganismos en pequeñas cantidades capaces de inhibir a otros microorganismos, logrando así que millones de personas pudieran vivir.

Pero Fleming era mucho más que un gran científico. Este médico bacteriólogo era un hombre sabio, de ahí que merezca la pena conocer algunas de sus mejores frases.

Las mejores frases de Alexander Fleming

  • No son los vestíbulos de mármol los que proporcionan la grandeza intelectual, sino el alma y el cerebro del investigador
  • El investigador sufre las decepciones, los largos meses pasados en una dirección equivocada, los fracasos. Pero los fracasos son también útiles, porque, bien analizados, pueden conducir al éxito
  • Yo siempre fui humilde en el regimiento; jamás discutí una orden de un sargento o de un cabo; respecto a los oficiales, no recuerdo haber recibido nunca una orden directa de ellos
  • A veces uno realiza un hallazgo cuando no lo está buscando
  • Para el investigador no existe alegría comparable a la de un descubrimiento, por pequeño que sea
  • Si la penicilina puede curar a los enfermos, el vino puede resucitar a los muertos
  • Hay reglas sencillas para el uso de la penicilina: usarla sólo para los microbios que sean vulnerables a ella, aplicar la dosis indicada y que el tratamiento dure lo suficiente para eliminar la infección
  • Un jardinero no debe ser impaciente. Las flores necesitan tiempo para desarrollarse; si se intenta apresurar su crecimiento, se les hace más mal que bien. Se las puede proteger contra los elementos, se las puede dar de comer y de beber, pero no resulta difícil matarlas si se las proporciona demasiada comida o bebidas demasiado fuertes. Ellas responden a la simpatía; son capaces de soportar tratamientos extremadamente duros. En resumen, se parecen mucho a los seres humanos

Ya conocemos un poco mejor sobre Alexander Fleming y su intelecto privilegiado. Razonemos y meditemos un poco ahora sobre sus sentencias y enseñanzas.