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García-Margallo: “La unión de PP y Cs es la única fórmula viable para las elecciones”

El exministro de Asuntos Exteriores y eurodiputado del PP José Manuel García-Margallo ha apostado por cualquier fórmula que permita una conjunción de esfuerzos entre los dos grandes partidos de centro-derecha, PP y Ciudadanos, como «única fórmula viable para las elecciones catalanas y en el resto de España» para derrotar a la izquierda.

En una entrevista con El Imparcial, García-Margallo, que acaba de presentar “Memorias heterodoxas de un político de extremo centro” (Ediciones Península), recuerda que hay una experiencia que enseña la Transición y todo el periodo que hemos vivido después y es que “el centro-derecha cuando se quiere suicidar se fragmenta”.

Por eso, insiste, “la unión de PP y Cs es la única fórmula viable para las elecciones” porque “tenemos que ir a las elecciones a combatir contra Sánchez, no contra la Ley D´Hont”. Es partidario, pues de una fórmula del estilo de España Suma, pero sin Vox en la unión.

El exministro y eurodiputado ha repasado temas de actualidad, como el conflicto catalán, en el que ha lamentado que “Sánchez ha convertido el PSOE en un partido radical, no un partido socialista”, algo de lo que se están aprovechando los partidos separatistas: “El objetivo de ERC es hoy paciencia y mañana independencia”.

¿Qué es lo que más va a gustar de “Memorias heterodoxas de un político de extremo centro”?

El título está elegido para que guste. Heterodoxas quiere decir lo contrario de ortodoxas, que indica una cierta libertad de pensamiento, y político de extremo centro te lleva a una posición política que en estos tiempos se echa de menos en todo el mundo y cuya desaparición haría muy difícil la convivencia. La Transición solo fue posible porque fue protagonizada por dos partidos de centro: uno de centro-derecha, que era UCD, y otro de centro izquierda, que era el PSOE.

Creo que el libro gusta. Ana Rosa Quintana ha dicho que eran las primeras memorias que eran sinceras y Luis Algorri asegura que solo hay dos memorias que merecen la pena en los últimos tiempos: las de Calvo Sotelo (‘Memoria viva de la Transición’) y ‘Memorias heterodoxas de un político de extremo centro’. Algún otro (que no se puede mencionar) aseguraba que el libro era esencial en las escuelas de este país para entender cómo se había producido la Transición.

Yo he visto la Transición, las dificultades que eso entrañó y el manual de instrucciones que la hizo posible y que ahora se ha olvidado.

¿Corre peligro todo lo que aprendimos y todo lo que se hizo en esa trabajada Transición?

Absolutamente. Estamos en un auténtico cambio de Régimen. Yo me acosté una noche pensando que España era una nación, aunque reconociese la autonomía de regiones y nacionalidades, y me desperté con una declaración del presidente del Gobierno diciendo que España era una nación de naciones sin que nadie me explicase qué significaba o qué consecuencias tenía ese cambio. Esa misma noche me acosté pensando que España era un régimen autonómico y me desperté sabiendo que el presidente del Gobierno considera que España es un estado federal.

Es mucho más preocupante esta segunda definición cuando en la mesa entre el Gobierno de España y la Generalitat, que Sánchez considera que son iguales, cuando es evidente que el Gobierno del todo no es el Gobierno de la parte, admite la posibilidad de una consulta en una parte del territorio y no en todo el territorio, en contra de lo que dice la Constitución.

¿Cómo hemos llegado ahí, qué es lo que se ha olvidado?

Se ha olvidado, primero, que todos estábamos empeñados en lograr la reconciliación nacional y evitar la resurrección de las dos Españas. Apartir del guerracivilismo de Zapatero todo eso parece que es lo que se quiere acentuar. Y el segundo punto, que es de Rafael Anson, antes todos queríamos acertar y ahora parece que todos estamos deseando que se equivoque el contrario, que no es exactamente la mejor forma de ganar.

También se han olvidado las tres reglas que están en el manual de instrucciones. Cualquier cambio en las estructuras fundamentales o en las superestructuras políticas tiene que hacerse respetando el procedimiento: de la ley a la ley. Ahora se quiere cambiar el ordenamiento constitucional por atajos no constitucionales.

El consenso: cualquier cambio en las estructuras del Estado o en el modelo económico debe hacerse por acuerdo entre las dos grandes fuerzas nacionales de centro-derecha y de centro-izquierda. Desde el Pacto del Tinell se escogió una política de bloques de izquierda orillando, marginando, al otro bloque, que es exactamente lo que quiere hacer Sánchez, apoyarse en los nacionalistas dejándoles a ellos gobernar en las nacionalidades históricas con el PSOE de muleta de apoyo y haciendo desaparecer a los partidos constitucionalistas (ERC en Barcelona, el PNV en Vitoria y si pueden el BNG en Santiago). Ni PP ni Cs estarían presentes allí ergo no pueden vertebrar la nación ergo no pueden gobernar. Eso asegura la hegemonía permanentemente totalitaria del PSOE.

Una tercera regla es la mínima prudencia: no se puede poner sobre la mesa cosas que no se pueden resolver porque no está en manos de la mesa resolverlo, pertenecen al dominio del pueblo español en su totalidad.

Ese es el problema, que hemos olvidado todo aquello: las ideas básicas (reconciliación y ganas de acertar) y las tres reglas clásicas (procedimiento, consenso y mínima prudencia).

Y hablando de las fórmulas que quizá deberían seguir PP y Ciudadanos contra este intento del PSOE de perpetuarse en el Gobierno con el apoyo de los nacionalismos, ¿le gusta la fórmula España Suma?

Me gusta cualquier fórmula que permita una conjunción de esfuerzos entre los dos grandes partidos de centro-derecha, PP y Ciudadanos. La formación de Inés Arrimadas tiene ahora solo un millón seiscientos mil votos, pero hay otro millón de españoles que al quedarse huérfanos de fórmula no fueron a votar.

Creo que la unión de PP y Cs es la única fórmula viable para las elecciones catalanas y en el resto de España que, además, crearía un efecto atracción sobre muchos votantes de Podemos que volverían a esa fuerza de centro. Hay una experiencia que enseña la Transición y todo el periodo que hemos vivido después: el centro-derecha cuando se quiere suicidar se fragmenta. Tenemos que ir a las elecciones a combatir contra Sánchez, no contra la Ley D´Hont.

Pero en esta fórmula de España Suma con PP y Cs, ¿tendríamos que meter también a Vox?

No. Si metemos a Vox ahí es posible que sumásemos algunos votantes, pero perderíamos todo el voto del centro, que no votaría una fórmula en la que estuviese la formación de Santiago Abascal.

¿Por qué? ¿Cómo de bueno o malo cree que es tener a Vox cerca para decidir cosas juntos?

Porque Vox es diferente a PP y Cs. Primero, según el libro de Fernando Sánchez Dragó, filosóficamente, Abascal dice que él no es roussoniano (“El hombre es bueno por naturaleza”), que es de Thomas Hobbes (“El hombre es malo por naturaleza”). Segundo, Abascal para la Historia de España en la Guerra de la Independencia porque rechaza todo lo que fue la Ilustración, las luces, el liberalismo, etc.

En tercer lugar, Vox tiene rasgos de inconstitucionalidad evidente. Tan inconstitucional es admitir la autodeterminación, como está en el programa de Podemos, como querer suprimir las autonomías, como escuchamos en las declaraciones de los líderes de Vox.

La otra gran diferencia es nuestra visión de Europa. Nosotros queremos una Europa inclusiva e integral y que aboque en los Estados Unidos de Europa, una estructura federal. Ellos quieren rescatar competencias, rescatar soberanía, que es exactamente lo contrario de lo que hay que hacer cuando la UE está perdiendo peso demográfico y económico. Es la unión lo que nos hará relevantes y la desunión lo que nos haría irrelevantes.

También hay una diferencia de estrategia muy importante. Perdida la batalla de la lucha de clases, la izquierda, el PSOE, abandera o lidera ahora aquellos colectivos cuyas identidades han sido desconocidas en algún tiempo: movimiento gay, feminismo, ecologismo, las religiones minoritarias. ¿Qué hace Vox? El reverso de esa imagen. Presenta enormes resistencias a admitir el matrimonio homosexual, apoyan a los hombres que se consideran víctimas de la ley de violencia de género, niegan el cambio climático e insisten en el nacional catolicismo.

Y si el PSOE prima los nacionalismos periféricos, ellos priman el nacionalismo español. Se trata de superar los nacionalismos, periféricos y el español. Yo soy un patriota español, no soy un nacionalista español. El patriota ama a su país, el nacionalista opone ese amor al desamor a los demás. Solo nos une a Voz el amor a España.

Y hablando de España y nacionalismos, no ya solo Cataluña, ¿cuánto se juega España en las próximas elecciones catalana?

Se juega muchísimo porque los nacionalistas están en un proceso de demolición de la idea de España que acuñamos en la Constitución y en la Constitución hay cosas que no se pueden tocar, que son los fundamentos, los artículos 1 y 2: la soberanía pertenece a todo el pueblo español, no a una parte del pueblo español. Por eso no es posible una consulta en una parte del territorio porque lo que allí se decide nos afecta a todos.

Además, en el 2 se dice que la Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la nación española… Hay una sola nación con reconocimiento de autonomía, nacionalidades y regiones y ese es un fundamento que no se puede tocar e, insisto, quieren alterar.

La tercera gran idea es que España es una nación de ciudadanos libres e iguales en derechos y obligaciones, lo cual cierra el camino a cualquier fórmula de federalismo asimétrico, es decir, privilegios para algunas comunidades autónomas.

Esto no se puede tocar y esto es lo que se está discutiendo en estos momentos por el Gobierno de la nación en connivencia con los nacionalismos periféricos y, muy en concreto, con ERC y JxCat en esa mesa de diálogo.

Pero ERC no puede esperar que el Gobierno le conceda algo que sabe que no le puede dar…

ERC puede ir por un planteamiento pragmático. No necesita que le sirvan todos los platos al mismo tiempo, pero su objetivo es la independencia.

El objetivo de ERC es hoy paciencia y mañana independencia. Haríamos mal en ignorar eso.

Con esta situación tan delicada para España, ¿cómo ve al PP de Pablo Casado? ¿Cree que está jugando bien sus cartas después de la salida abrupta de Mariano Rajoy o habría que reconducir el partido de otra manera?

Creo que Pablo Casado está haciendo lo que puede. Estamos en una tormenta perfecta. Es el primer presidente del partido que tiene que vigilar a su derecha y a su izquierda porque puede perder votos por los dos lados. Mariano Rajoy heredó un partido que agrupaba todo lo que estaba a la derecha del PSOE. Ahora está fragmentado en tres.

¿Qué es lo que tiene que hacer?

Un proyecto político en el que nos reconozcamos y nos reconozcan los demás. Es decir, un partido liberal y reformista, y lo suficientemente progresista como para atraer a los socialdemócratas que se sienten huérfanos por la deriva hacia Podemos, por un lado, y hacia los separatismos, por otro, de Pedro Sánchez.

Eso sería la reconstrucción de la UCD del siglo XXI. El pueblo español está exactamente donde estaba, en el centro político.

¿Y en frente? ¿Cómo lo está haciendo el PSOE ?

Han hecho tres cosas. Primero, han convertido el PSOE en un partido bonapartista. Sánchez ha acabado con todos los equilibrios internos. El Consejo Federal no existe, el Territorial, tampoco.

En segundo lugar, Sánchez ha convertido el PSOE en un partido radical, no un partido socialista. En tercer lugar, Sánchez ha renunciado a ser un partido español para ser un partido suma de nacionalidades.

¿Qué cree que hay que hacer en Cataluña?

En Cataluña propuse aplicar el 155 para hacer inviable el referéndum del 9 de noviembre de 2014. Cosa perfectamente posible porque las papeletas se estaban haciendo en una cárcel de Lérida. Por tanto, haber requerido a la Generalitat para su requisaria instrucción y en el supuesto de que no lo hubiera hecho, artículo 155 durante 24 horas para que los Mossos lo hubiesen limpiado.

En segundo lugar, haber discutido aquellas cosas que se podían discutir en aquel momento. Es el caso de la disposición adicional tercera del Estatuto, que no había sido impugnado por el Tribunal Constitucional, que dice que las inversiones en infraestructuras en Cataluña durante 7 años serán proporcionales al peso del PIB catalán en el PIB de España, el 19%, que eran rodalías y el corredor mediterráneo.

También la ley de lenguas. España es el único país plurilingüe del mundo que no tiene leyes intermedias entre la Constitución y las leyes autonómicas, con la única excepción de Bélgica. También, un cambio en la financiación autonómica.

La tercera pata es el proceso de reforma, modernización y ‘ayornamiento’ del Estado, empezando por la reforma de la Constitución. Un Senado territorial, competencias claras para evitar conflictos, corresponsabilidad fiscal, un título para fijar derechos y obligaciones de las CCAA en lo que se refiere al diseño y aplicación de la legislación europea.

Estas son las tres cosas que yo habría hecho y que creo que hay que seguir haciendo.

Como buen conocedor de Europa, ¿qué imagen tienen de España por todas estas cosas?

Están absolutamente desconcertados. No tiene mucho sentido, por ejemplo, pedir la suspensión de la inmunidad de Carles Puigdemont cuando estás negociando con JxCat y ERC y dependes de ellos para mantenerte en el Gobierno.

En materia de política exterior, llevan muy poco tiempo y ya han metido la pata en Bolivia, en Venezuela, han irritado a los EEUU amenazándoles incluso con no cooperar militarmente, lo cual sería un auténtico disparate, y han desconcertado a la UE. Además, hemos perdido nuestra capacidad de liderazgo en los asuntos latinoamericanos.

¿Con Venezuela, por ejemplo?

El paradigma, la nueva ministra de Exteriores, que sabe lo que dice y tiene un currículum magnífico, ha hecho unas declaraciones sorprendentes para salvar a Sánchez al decir que Guaidó es al mismo tiempo el presidente legítimo y el líder de la oposición.

En medio de este panorama, ¿cómo cree que está afrontando el Rey Felipe VI la irrupción de formaciones políticas republicanas con posiciones claramente contrarias a la figura del Monarca?

El Rey, que tiene un absoluto respeto a lo que es su función constitucional y que, por tanto, no se extralimita jamás, ha tenido que hacer algunos gestos para compensar o equilibrar las derivas del Gobierno.

El discurso sobre Cataluña fue una llamada de atención y, ahora, espero que en su visita a EEUU arregle los posibles desmanes que puede haber organizado los dislates sobre la tasa digital que ha irritado a Trump y nos ha costado los aranceles o cuando en lugar de pedirnos ayuda a España por un problema con un petrolero iraní que iba a Siria se la pidió a Gibraltar. Una bofetada en toda regla.

Dice en algún momento en el libro que en estas memorias cuenta su verdad… ¿Hay algo que se le haya olvidado contar?

Me he limitado a contar en el libro aquellas discrepancias en unos determinados temas que siguen abiertos. El resto lo he obviado. Los tres temas en los que hubo discrepancias políticas, que no personales, fueron Cataluña, Gibraltar y la reforma de las instituciones. Los grandes pactos de Estado para ‘ayornar’ España.