Gary Prado, el militar que capturó a Ernesto Guevara: “A Fidel le sirvió más el Che muerto que vivo”

Era el 8 de octubre de 1967. Ernesto Guevara, el Che, héroe de la revolución cubana, era apresado en una hondonada de la cordillera andina boliviana, la quebrada del Churo, junto a Simón Cuba Willy y Juan Pablo Chang El Chino, dos compañeros del grupo de 17 que aún integraban la guerrilla que pretendía exportar los ideales castristas a Latinoamérica. Un día después, un suboficial voluntario acribillaba al Che, que había pasado su última noche apresado en la escuela de una aldea de La Higuera. Moría el guerrillero y nacía el mito.

Se cumplen 50 años de la ejecución y el icono del Che sigue más vivo que nunca. Gary Prado, que ahora tiene 79 años y que en aquel entonces era capitán del ejército boliviano, fue el militar que capturó al guerrillero más famoso del siglo pasado. Prado, retirado en 1988 tras treinta años de carrera militar, escribió el libro La guerrilla inmolada, un análisis crítico de la aventura del Che en Bolivia cuya cuarta edición se publicó en agosto pasado.

Todavía profesor universitario de relaciones internacionales, Gary Prado fue embajador, asesor presidencial de Paz Zamora y uno de los militares que se significaron por la democracia en un país proclive a las dictaduras. Prado recibe a La Vanguardia en el despacho de su casa en Santa Cruz de la Sierra, donde guarda arresto domiciliario desde 2011 por su presunta implicación en el llamado Caso Terrorismo, un oscuro capítulo que ha derivado en juicio estancado e intrincado por un supuesto intento de organizar un grupo armado para promover la independencia de Santa Cruz. Pausado, de discurso sereno, Gary Prado da su versión de su encuentro con el Che. Fue la última persona en tener una conversación larga con el guerrillero argentino. Y lo recuerda todo con nitidez.

El cadáver del Che Guevara expuesto en la lavandería del hospital de Vallegrande el 10 de octubre de 1967
El cadáver del Che Guevara expuesto en la lavandería del hospital de Vallegrande el 10 de octubre de 1967
(Marc Hutten / AFP)

¿Las acusaciones que pesan sobre usted en Bolivia tienen que ver con el episodio del Che hace cincuenta años?

Incluso el presidente de Bolivia me ha acusado de ello, ha dicho que yo soy el asesino del Che. Más clara la vinculación no puede ser. Fíjese que cuando el Caso Terrorismo comenzó durante todo el primer año nunca me mencionaron, mi nombre no aparecía en ningún documento ni informe. Por suerte uno tiene amigos y pude enterarme de que hubo una reunión en palacio donde citaron al fiscal y le dictaron el nombre de los tres cabecillas a los que debía implicar en el caso. Eligieron a un político, a un jefe de logia y a un militar. Me pusieron a mi como militar. Y a partir de allí nos citaron, nos aplicaron medidas preventivas y estoy en arresto domiciliario. Más clara la vinculación no puede ser.

50 años después de la muerte, hay una revisión de la figura del Che en Bolivia. En Vallegrande, la localidad a donde fue trasladado el cadáver tras ser ejecutado en un pueblecito llamado La Higuera, se le ha dedicado un centro cultural y de actividades.

Eso pasa porque se ha preparado desde el Gobierno y con instrucciones desde Cuba, por supuesto. No se olvide de una cosa, que el Che ha sido un mito construido para compensar la derrota política y militar que el castrismo tuvo en Bolivia. Hay un contraste entre lo que me dijo el Che una vez capturado y lo que pasó. ¡No me mate¡ yo les valgo más a ustedes vivo que muerto, me dijo y resulta que le sirvió más a Fidel muerto que vivo. Vivo ya no lo querían en Cuba, las evidencias son claras desde el momento en que, estando en África todavía, Fidel publica la carta de despedida del Che y con eso le cierra las puertas del regreso a Cuba. Al final regresó de forma clandestina tras esperar en Tanzania y Praga. Y al poco lo mandaron a Bolivia antes de que se supiera que había vuelto a Cuba. Y luego lo abandonaron.

Gary Prado durante la entrevista con La Vanguardia en el despacho de su casa en Santa Cruz de la Sierra
Gary Prado durante la entrevista con La Vanguardia en el despacho de su casa en Santa Cruz de la Sierra
(David Dusster)

En su libro La guerrilla inmolada defiende esta tesis, que la guerrilla del Che no podía realmente prosperar ni sobrevivir.

Claro, era imposible, analizada como militar, esa guerrilla no tenía condiciones para nada, era imposible.

¿Por qué?

Porque fue enviada al sacrificio en aras del altar del castrismo. Muerto, el Che se convirtió en el gran revolucionario, el héroe, cuando ya en Cuba no lo aguantaban. Por eso la llamo la guerrilla inmolada.

El ideal revolucionario

A Fidel el Che le sirvió más muerto que vivo, esa guerrilla fue enviada al sacrifico en aras del altar del castrismo”

¿Bolivia fue una elección errónea para esa guerrilla?

Totalmente. Hubo un desconocimiento total de Bolivia en lo social, en lo político, en lo geográfico. No sabían ni donde estaban, era una barbaridad.

¿Y sin apoyos?

Hasta el Partido Comunista boliviano se negó a apoyarles. El líder comunista Mario Monge fue hasta la finca que compraron los guerrilleros antes de empezar la guerrilla y les comunicó que no les iban a apoyar. Luego, durante toda la campaña, no tuvieron ni una sola incorporación, ni un voluntario se sumó a ellos. No había interés por la guerrilla.

Las guerrillas suelen ser operaciones imposibles pero alguna vez triunfan.

Bueno, pero en Sierra Maestra, en Cuba, tenían razones de peso, el campesino estaba explotado, tenían un gobierno dictatorial, estaban invadidos por Estados Unidos, tenían muchas razones, pero aquí no habían esas razones. El Che ofrecía tierras a los campesinos y aquí había tierras, ya se hizo la reforma agraria en el 53 en Bolivia. Por la noche pasaban clases de quechua a la gente de los pueblos, ignoraban que en esa zona en esa época se hablaban castellano y guaraní pero no quechua, estaban desubicados en todos los sentidos.

Frase de puño y letra del Che que se exhibe en el museo instalado en la escuela de La Higuera en la que el Che estuvo prisionero la última noche de su vida
Frase de puño y letra del Che que se exhibe en el museo instalado en la escuela de La Higuera en la que el Che estuvo prisionero la última noche de su vida
(David Dusster)

¿Cuando el Che cae capturado en Bolivia en 1967 ya le precedía la fama?

No, los campesinos de la zona no habían oído hablar del Che. Nadie lo conocía.

¿Y usted como capitán del ejército?

No teníamos esa idea de que fuera famoso. Sabíamos que era un guerrillero que había estado con Fidel pero no que fuese una figura mundial. Eso se construye a raíz de su muerte.

¿Le sorprende la creación del mito?

Me pareció una jugada política necesaria para la supervivencia del castrismo, pero lo que queda definitivamente destruido con la muerte del Che es la teoría del foco guerrillero. Eso ya no va a más. Los impulsores de la guerrilla y el propio Che creían que el elemento de donde tenía que salir la revolución era la guerrilla en el campo. Eso se acabó y la lucha se trasladó a las ciudades, y eso ya se vio después en Argentina, en Chile.

El Che Guevara a caballo en la finca Ñancahuazu donde se preparó la guerrilla en Bolivia antes de echarse al monte.
El Che Guevara a caballo en la finca Ñancahuazu donde se preparó la guerrilla en Bolivia antes de echarse al monte.
(Ho / AFP)

¿Costó capturar al Che?

Fue fácil, estaba muy acorralado. Fíjese que el área de operaciones que se estableció y se aisló bastante bien era de 40.000 kilómetros cuadrados, más o menos el tamaño de Suiza, una Suiza sin caminos, boscosa, y allá había que encontrar a una cincuentena de hombres que se mueven de un lado a otro, porque lo primero que hace el Che es perderse y perder su campamento. Se queda sin base y no tiene ninguna posibilidad de sobrevivir. Luego quedan divididos en dos grupos que no se vuelven a encontrar nunca más porque no habían marcado un punto de encuentro en caso de dispersión, lo cual es elemental en cualquier patrulla militar. Y no reciben ninguna ayuda desde fuera. No tienen contacto con Cuba para nada. Y van desertando, chocando, pierden hombres, cae el grupo de Joaquín… Cuando le sugieren al Che los propios guerrilleros que esto no tiene sentido y que tienen que disolverse, el Che decide seguir. Yo llego a la conclusión de que el Che ya no tenía donde ir, no le quedaba más que ir al sacrificio, aunque claro al final puede más el instinto de supervivencia.

¿Sabía que iban a matar al Che cuando lo detiene?

No creía que lo matasen, en ningún momento lo pensé porque yo ya había capturado a dos de sus guerrilleros, dos desertores, en septiembre, en la quebrada de San Antonio y los mandamos a Vallegrande, y de ahí directamente los llevaron a Camiri, donde se estaba celebrando un juicio a otros guerrilleros. Todos los que caían eran llevados prisioneros y no se mató a nadie siendo prisionero. Así que con el Che pensaba que pasaría lo mismo. Lo capturé, lo entregué al comandante de mi división y ahí acabó mi responsabilidad. Incluso cuando esa noche hablé con él, el Che me preguntaba: ‘¿qué va a pasar conmigo’, y yo le decía que iba a ir a juicio.

Las últimas conversaciones

En ningún momento pensé que lo iban a matar, creía que lo llevarían a juicio y así se lo dije en la noche”

¿Hubiera sido un prisionero incómodo?

Eso fue lo que me dijo el propio general Ovando, que era el comandante en jefe en esa época, cuando coincidí con él Madrid en el año 76 o 77, cuando fui agregado militar en Madrid. Él vivía allí después de su etapa presidencial en Bolivia (acabó en 1969). Lo fui a visitar y ahí le pregunté por qué se tomó esa decisión con el Che y él me dijo que se reunió la noche del 8 de octubre con el presidente Barrientos y el general Torres para analizar la situación. En Bolivia, en 1967, la pena máxima era de 30 años, no había pena de muerte. Se preguntaron dónde iban a tener al Che durante treinta años pues no había una cárcel de seguridad entonces en todo el país. Las cárceles eran un chiste en Bolivia. Me acuerdo que la cárcel de Santa Cruz estaba dentro de una casa vieja derruida, no había ni paredes, y los presos entraban y salían cuando querían.

¿De verdad?

[Se ríe el general Gary Prado] Bueno, no había lugar donde ponerlo. Tendrían que haber construido una prisión militar para él en un lugar alejado y además habría un problema constante de gente que iría a visitarlo y entonces decidieron evitar el problema. El presidente Barrientos tomó la decisión y lo dijo públicamente que él había ordenado la ejecución, lo asumió plenamente.

La decisión de ejecutarlo

Hubiera sido un prisionero muy incómodo y Bolivia no sabía dónde retenerlo por treinta años, que era la pena máxima”

¿Es cierto que el Che le entregó el reloj Rolex que Fidel Castro había dado a cada uno de los 17 guerrilleros que salieron de Cuba hacia Bolivia?

Sí, sí, se los habían quitado en el momento de la captura, y yo le exigí a los soldados que le devolvieran. Cuando lo tuvo de nuevo, el Che me llamó y me los dio, me dijo que se los iban a volver a quitar y que sería mejor que los guardara yo.

¿Y qué hizo con ellos?

El que era del Che me lo guardé y el otro se lo dí al comandante de mi batallón. El otro era de Tuma, un guerrillero muy allegado al Che. El del Che lo guardé durante unos años y cuando se restablecieron relaciones diplomáticas entre Bolivia y Cuba, ya en los años de la democracia boliviana, en el 83 o 84 más o menos, yo era comandante de división y me visitó el cónsul de Cuba, y aproveché para decirle que tenía una cosa que quería que llegara a la familia del Che. Mandé una carta manuscrita al ministro de Interior de Cuba pidiendo que le entregara el reloj a la familia. Y luego ya no sé qué pasó.

El regalo

El che entregó a Gary Prado el Rolex que Fidel Castro regaló a los guerrilleros que salieron de Cuba y el general lo devolvió a la familia casi veinte años después

¿El Che que usted conoce es una persona derrotada?

Totalmente. Y era muy consciente de la derrota. Tras la detención, una vez ya ve el buen trato que se le da, le damos cigarrillos, de comer, un cafecito, recupera su estado de ánimo. Y durante la noche en La Higuera conversé varias veces con él. Al principio era un hombre derrotado, claro, se le acabó el sueño, quería ser un Bolívar. Muertos sus hombres, ¿qué quedaba?

¿Cree que quería ser un libertador?

Me imagino que ese era su sueño, el objetivo suyo era crear, desde aquí Bolivia, un centro de entrenamiento continental para adiestrar columnas de guerrilleros y liberar a los países latinoamericanos.

¿Habló mucho con el Che?

En esa noche tuve muchos diálogos con él, y los he tratado de reconstruir en mi libro.

Una de las últimas imágenes del Che vivo que se exhibe en el museo de la antigua escuela de La Higuera
Una de las últimas imágenes del Che vivo que se exhibe en el museo de la antigua escuela de La Higuera
(David Dusster)

¿Qué impresión le dejó del personaje?

Con él se podía conversar, estaba preocupado por su futuro, por supuesto, por eso me preguntó qué le iba a pasar, y hablamos de muchas cosas, me explicó su experiencia en África, y yo le pregunté por qué escogieron Bolivia y me dijo que no fue su decisión, que escogieron otros, en otros niveles dijo. Le pregunté quién, si fue Fidel, y repitió que otros niveles, no quiso precisar más.

¿Le pareció carismático?

No. Daba pena. Los periodistas siempre me preguntan, en especial los jóvenes, qué sentí ante el Che, y les digo que nada, que daba lástima. Estaba sucio, desgreñado, desmoralizado. No tenía nada que ver con el mito.

¿El suboficial Mario Terán estaba con usted en la patrulla?

Sí. Mario Terán no era de mi compañía, era de la A y la mía era la B, pero sí estaba en La Higuera, en un puesto con el teniente Pérez.

Lejos del mito

El Che que capturé era un hombre derrotado, con sueños rotos, quería ser un libertador”

¿Terán se ofreció voluntario para la ejecución del Che?

Todos los suboficiales se ofrecieron voluntarios. El comandante de la división, el coronel Centeno, llegó por la mañana a La Higuera, yo le entregué al prisionero y me volví a la hondonada a seguir buscando guerrilleros, pues algunos habían escapado. Luego el coronel Centeno recibió la orden, y según me comentaron, él llamó a los suboficiales y sargentos que se habían quedado allí. Eran siete. Tres suboficiales y cuatro sargentos. El coronel pidió voluntarios y se ofrecieron todos. En la lucha con la guerrilla habían muerto militares y algunos estaban heridos. Estaban eufóricos. Centeno, que no los conocía personalmente, señaló a dos, uno de ellos Terán. Los tres prisioneros estaban en dos salas de la escuelita [el Che solo y Willy y El Chino en otra) y tal cual se fueron allá, entraron, dispararon y se fueron. No hubo discursos de despedida ni tantas cosas como se ha escrito después.

Desde entonces Terán ha vivido oculto.

Yo le aconsejé que no se diera a conocer. Le dije que siempre dijera que no tenía nada que ver con ello, que no era responsabilidad suya.

Una de las foografías más famosos de Che Guevara
Una de las foografías más famosos de Che Guevara

Ahora hay críticas en Bolivia a la captura del Che

Sí, pero entonces era inevitable hacerlo. En Bolivia había un gobierno constitucional, y la guerrilla del Che era una invasión de nuestro territorio por un grupo armado extranjero. Todos los argumentos estaban. Era una obligación de las fuerzas armadas hacer frente a ese riesgo para el país. Legalmente no hay por dónde discutirlo. Además hay que tener en cuenta otro aspecto, aunque, claro, con la óptica actual parece una barbaridad, pero hace 50 años el Che venía de La Habana donde había hecho fusilar a 400 personas sin ningún juicio. Era un hombre violento y los guerrilleros en esa época no estaban amparados por la Convención de Ginebra.

¿Después del episodio recibió amenazas?

Amenazas no, pero una vez intentaron matarme. Logré una beca por haber sido el mejor alumno de la escuela de armas, y me mandaron a estudiar a la escuela de Estado Mayor en Brasil. Un día volvía a casa con un compañero de curso que era un mayor del ejército alemán. Los dos vivíamos en Copacabana y fuimos en autobús. Él se bajó una parada antes que yo, le siguieron un par de hombres y le metieron ocho balazos. Lo mataron y se llevaron su maletín. La policía investigó y una de las hipótesis fue que podían haberlo confundido conmigo. Ahí quedó, nadie se atribuyó el hecho, hasta que en 1990, veintitantos años después la tele Globo emitió un reportaje de cómo quisieron matarme y se equivocaron. En el programa de Globo aparecía un catedrático que contaba que él era parte de una célula terrorista ligada al grupo Colima, que habían decidido vengar al Che matándome. Quisieron asesinarme, nos siguieron y se equivocaron de hombre.No se dieron cuenta hasta que abrieron el maletín del asesinado y vieron el pasaporte del alemán.

La venganza

Amenazas no tuve, pero una vez quisieron asesinarme, en Brasil, pero se equivocaron de hombre”

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