Gauguin no es el pintor más caro del mundo

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La pintura más cara jamás comprada ha resultado no serlo. La historia transcurre de la siguiente forma: Rudolf Staechelin, ejecutivo de Sotheby’s retirado, vendió en 2014 el óleo de Gauguin Nafea Faa Ipoipo (¿Cuándo te casas?), de 1892, a un magnate catarí. Y lo hizo, o así lo publicó entonces la prensa de medio mundo, por 300 millones de dólares, unos 264 de euros. Cifra nunca antes alcanzada. Pero ahora una disputa legal que relata The New York Times ha revelado que la obra costó 90 millones menos.

El miércoles pasado arrancó en Londres, en el Tribunal Superior, un juicio que ha forzado que trasluzcan los detalles de la venta, operación compleja que tardó alrededor de dos años en efectuarse. En septiembre de 2014 Staechelin transfirió la pintura a una sociedad limitada que dirigía el marchante de arte británico Guy Bennet como testaferro del emir de Catar, el jeque Tamim ben Hamad al-Thani, de acuerdo con los documentos que los abogados han presentado ante el tribunal. El suizo Simon de Pury estuvo involucrado en las negociaciones —él, dice, fue quien puso a vendedor y comprador en contacto—, y alega que se le adeuda una comisión de diez millones por la venta. El suizo, que junto con su esposa Michaela de Pury posee una sociedad limitada, ha denunciado en nombre del perjuicio de esa empresa a Staechelin.

No habían firmado ningún contrato, no hay documento por escrito que vincule a ambos, pero el abogado de De Pury, Jonathan Cohen, dijo durante el juicio que en el mercado del arte siguen siendo comunes los contratos orales, dado que se opera “de forma caballerosa, basándose en la confianza mutua”, según cita el New York Times.

Staechelin por su parte sostiene que De Pury lo engañó y no le informó sobre ofertas potencialmente más altas, lo que de acuerdo a su criterio anula cualquier acuerdo, menos aún cuando no existe ese compromiso contractual. La sentencia del juicio se espera para finales de este julio.

La obra de Willem de Kooning Intercambio, de 1955, quedaría pues como la única en haber alcanzado los 300 millones en precio de venta. La familia real catarí en 2011 ya había pagado 250 millones por una de las dos versiones que existen de Los jugadores de cartas de Cézanne.