Generaciones en pie de guerra

Una viñeta muestra a un veinteañero delante del ordenador, con los cascos puestos, un montón de artilugios y pósters de Corbyn y el Che Guevara en la pared de su cuarto. Su madre le da una palmada en el hombro y le avisa de que falta una hora para que cierren las urnas. “Está bien, ya iré mañana”, le dice. Es uno de los mejores resúmenes de las elecciones británicas.

Los jóvenes de entre 18 y 24 años, según las encuestas, prefieren al Labour que a los conservadores por un margen abrumador del 71% al 24%, pero en el referéndum del Brexit y las elecciones generales del 2015 sólo un 42% depositó una papeleta. En cambio, entre los mayores de 65 años May es preferida a Corbyn por 62% a 19%, pero un 78% de ese grupo de edad vota regularmente. Si se repite la pauta, los tories obtendrán hoy mayoría absoluta.

Históricamente la política británica ha estado definida por cuestiones de clase, los ricos votaban conservador y los pobres (más los intelectuales de izquierda) laborista. Pero esta vez no va a ser así, porque no sólo los privilegiados económicamente se decantan por May (por un margen del 22%), sino también los más desfavorecidos (por un 17%), que, al igual que en los estados, han comprado el mensaje de familia y patria, valores y bandera, propio de la derecha. La nueva línea divisoria es generacional, los jóvenes de un lado, los mayores de otro.

Jeremy Corbyn ha aparecido en la portada de revistas dirigidas a un público juvenil como NME y Kerrang, en los mítines es aclamado como si fuera una estrella del pop

Jeremy Corbyn ha aparecido en la portada de revistas dirigidas a un público juvenil como NME y Kerrang, y en los mítines es aclamado como si fuera una estrella del pop. Décadas en la política de la oposición le han enseñado lo que tiene que decir para que las masas se vuelvan locas, y además predica a los conversos. El auditorio se viene abajo cuando denuncia la sumisión de May a Trump (mayor aún que la de Blair a Bush) y la venta de armas a Arabia Saudí y otros regímenes que financian el terror.

Cuando recuerda que un informe sobre las causas del yihadismo lleva un año sin publicar en los cajones de Downing Street porque sus conclusiones son aparentemente explosivas. O promete matrículas universitarias gratis para todos, más becas y subsidios sociales para los estudiantes pobres, controles a los precios de la energía, nacionalización parcial de los ferrocarriles, el agua y Correos, el fin de la austeridad, atención sanitaria para los ancianos, más inversiones en educación, sanidad y transporte, la construcción de cientos de miles de viviendas sociales, subida del salario mínimo, medidas para que las grandes multinacionales como Google o Amazon dejen de evadir impuestos, fin de los contratos basura, protección del medio ambiente…

A sus mítines acuden miles de personas, la mayoría jóvenes, mientras a los de May tan sólo centenares, casi todos mayores y poco entusiastas. Pero el desafío de Corbyn es que sus seguidores voten en vez de quedarse en casa jugando con el ordenador, viendo un video llamado mentirosa mentirosa ( liar, liar), una pegadiza canción del grupo Captain Ska que ridiculiza los giros de Theresa May sobre el Brexit, los impuestos o el pago de la asistencia social, con millones de hits en las redes sociales, pero prohibido por la BBC y numerosas emisoras de radio. Y dejar eso de votar para mañana, como sugiere la viñeta…

La austeridad la han pagado sobre todo los jóvenes

Los conservadores llevan tiempo atizando la guerra generacional, conscientes de que la mayoría absoluta de Cameron en el 2015 se debió al “poder gris” y a la masiva asistencia a las urnas de los jubilados. La austeridad la han pagado sobre todo los jóvenes, con la reducción de becas y subida de las matrículas, el cierre de piscinas, polideportivos y bibliotecas, mientras el Gobierno garantizaba subir anualmente las pensiones por encima de la inflación, y a los mayores de 65 años les facilitaba transporte gratuito, reducciones de impuestos y ayudas para pagar el gas y la electricidad. Su poder adquisitivo, como consecuencia, ha subido más que los salarios, y están agradecidos. Uno de cada seis pensionistas es millonario.

Un típico ejemplo de ciudad universitaria y cosmopolita con voto joven y numerosos extranjeros es Cambridge, que tiene mucho que perder con la salida de la UE y votó contra el Brexit por 78% a 22%,uno de los márgenes más altos del país. Pero como en todas partes, el peso de la cuestión europea se ha ido apagando durante la campaña, desplazándose a temas sociales y de seguridad. Y el resultado del escaño dependerá de quiénes votan.

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