Gerardo Pisarello: “Barcelona tiene que estar orgullosa de ser un destino turístico”

El primer teniente y ahora también alcalde accidental de Barcelona, Gerardo Pisarello, abre el ciclo de entrevistas que la web de La Vanguardia dedica esta semana a la primera mitad de mandato en los principales ayuntamientos de Catalunya y España. En Barcelona el ecuador marca un punto de inflexión entre los dos socios de gobierno, BComú y PSC, así como el pistoletazo de salida de la oposición hacia las elecciones de 2019.

Gerardo Pisarello (Tucumán, 1970) recibe a La Vanguardia en su despacho, cordial y puntual. Viste traje oscuro, sin corbata. Sobre las tres mesas de la sala se acumulan montoncitos de libros, que asegura que carga en su mochila como penitencia por “no tener tiempo suficiente para leer y reflexionar”. Los dos títulos en primera fila son La España de las ciudades de J.M. Martí y un manual sobre Israel y Palestina. Como buen argentino, no faltan el mate y la bombilla. Tras su escritorio, la senyera institucional.

El despacho da directamente a un patio, que pese a la belleza de su pavimento cerámico, esconde una inquietante rutina: “Hay una gaviota que cada mañana devora una paloma frente a mi ventana… ¡Vaya metáfora!”, explica entre risas. “¡Pero yo me identifico con la paloma, eh!”, apostilla. Para decorar la pared ha elegido tres fotografías en blanco y negro del Arxiu Fotogràfic, de la serie Mujeres de Barcelona. La tercera, detalla, fue tomada en la primera manifestación LGTB de Barcelona en 1977. Al terminar subimos al noveno piso y nos enseña la terraza-mirador Maria Aurèlia Capmany, su oasis y segundo despacho.

Desde el pasado 26 de abril es alcalde accidental de Barcelona. ¿Qué le ha sorprendido del cargo? ¿Ha tenido que dejar de ir a trabajar en bicicleta?

Lo vivo con responsabilidad pero también con una gran normalidad, porque nos habíamos preparado para este momento. Funcionamos de forma colegiada y estamos en contacto con la alcaldesa, que siempre está al tanto de lo que pasa. Tengo la bicicleta aquí, en el ayuntamiento, y siempre que puedo uso el transporte público o camino. Por convicción pero también por salud.

El ecuador de mandato llega en un momento de muchas carpetas abiertas sobre la mesa… y pocas que ya se hayan podido cerrar. ¿Considera cumplida la mitad de la obra de gobierno de estos cuatro años?

Estoy moderadamente satisfecho. Hemos cambiado la agenda política y las prioridades municipales y hemos establecido las bases de un gran cambio con vocación de larga duración, de forma sensata y razonable.

Más allá de reorientar el debate público, ¿en qué ha cambiado Barcelona?

Un cambio presupuestario muy concreto: se ha aumentado un 50% la inversión social. Se ha cuadriplicado la inversión en vivienda. Hemos emprendido una reforma fundamental de la contratación pública. Hemos triplicado el número de carriles bici.

Díganos dos o tres hitos que esté seguro que se habrán cumplido antes de 2019.

El metro llegará este mandato a la Zona Franca y la Model será un espacio con equipamientos culturales, de memoria y zona verde. Tendremos 10 guarderías cuando acabe el mandato y 40 hectáreas verdes de las 165 que queremos para 2030. Y en 2018 tendremos un operador de energías 100% renovables, el mayor del Estado.

[La estatua de Franco en el Born] tenía que haberse planteado diferente y hacer más pedagogía”

Si pudiera retroceder a 2015, ¿haría algo diferente?

Echo de menos no haber podido interlocutar desde el primer momento con todos los actores de la ciudad, pero era muy dificil con 11 concejales. Y viniendo de donde veníamos, no teníamos idea de la complejidad de Barcelona ni de quien eran los diferentes actores. Tuvimos que aprender muy rápidamente muchas cosas.

¿Volvería a poner la estatua de Franco en el Born?

No lo haría de la misma forma. El objetivo era bueno, pero visto lo que pasó, es evidente que tenía que haberse planteado diferente y hacer más pedagogía.

Se cumple también un año de pacto con el PSC. Tras meses muy calmados, este mayo han aflorado las primeras discrepancias. ¿Qué autonomía tiene cada partido ante temas en los que hay clara divergencia ideológica, como turismo o terrazas?

La incorporación del PSC estabilizó bastante al gobierno. Y hay mucha lealtad interna. Las discrepancias no son objeto de negociación sino de diálogo: acostumbramos a modificar ligeramente el punto de vista unos y otros. Las visiones complementarias enriquecen al gobierno y el aprendizaje ha sido mutuo. Y seguimos apostando por incorporar a otras fuerzas, como ERC.

¿De aquí a las elecciones, por tacticismo o por el Procés, se visualizarán más las diferencias?

Ambas fuerzas políticas tienen más a ganar poniendo en valor lo que está saliendo bien. Por otro lado, el escenario político en Catalunya es muy abierto. En realidad en Barcelona hay una gran estabilidad, en comparación.

Ambas fuerzas políticas [BComú y PSC] tienen más a ganar poniendo en valor lo que está saliendo bien”

¿Vería plausible que Comuns y socialistas gobernasen juntos en otra institución, como la Generalitat?

Es muy prematuro. Lo que sí está claro es que los Comuns quieren que haya un cambio de ciclo político en Catalunya, que pasa por una profundización de las políticas sociales, radicalidad democrática y erradicar cualquier sospecha de corrupción.

Hace un año Ada Colau defendía articular un frente estable de izquierdas. ERC, sin embargo, no se ha sumado y avisa que le retira su apoyo. ¿Es una espinita clavada?

A veces hay una gesticulación excesiva, comprensiva porque cada uno tiene que definir su espacio político, pero hemos llegado a muchos acuerdos con ERC. Tanto en el Ayuntamiento como con consellers de ERC en la Generalitat: presupuestos, el cierre de la Model y la L9 de metro, ocupación y salud… Y a parte hemos llegado a acuerdos con el resto de fuerzas: aprobamos el Plan de Vivienda con el PDECat y C’s y nos hemos puesto de acuerdo incluso con el PP para congelar tarifas de transporte o impulsar la instalación de la Agencia Europea del Medicamiento.

¿En la segunda mitad de mandato habrá más geometría variable?

Se nos ha votado para ser un gobierno valiente, arriesgado. Pero somos conscientes que para algunos grandes proyectos hacen falta 21 votos y que hay momentos más complicados que otros.

Gracias a la mayor solvencia financiera de Barcelona, últimamente han jugado una carta siempre controvertida, la de llegar dónde no llegue la Generalitat.

No lo veo exactamente así. Hemos sido muy exigentes con la Generalitat, incluso con la deuda social. Y en los acuerdos se fija cómo será retornada la inversión.

Firma del convenio entre Generalitat y Ayuntamiento para financiar la llegada de la L10 del metro a Zona Franca, en diciembre Firma del convenio entre Generalitat y Ayuntamiento para financiar la llegada de la L10 del metro a Zona Franca, en diciembre (Xavier Gómez)

Pero en su día criticaron mucho que el gobierno de Xavier Trias hiciera de “banco de la Generalitat” y asumiera tareas impropias, como la construcción de la escuela Mediterrània de La Barceloneta.

Cuando lo hemos hecho ha sido para tirar adelante objetivos estratégicos. Que el metro llegue a la Marina es crucial para la ciudad y forma parte de nuestra política de movilidad. Son acuerdos buenos para Catalunya y buenos para Barcelona.

También ha recibido un ofrecimiento singular, el del concejal no adscrito Gerard Adanuy: ofrece su voto potencialmente decisivo para los presupuestos a cambio de apoyo explícito el referéndum independentista. ¿Lo ve viable?

Somos favorables a un referéndum efectivo y con garantías, lo hemos dicho en más de una ocasión. Puede ser un instrumento de desbloqueo. Ante el bloqueo sistemático del PP, hay que buscar las alianzas para hacerlo posible. No es una moneda de cambio: con esta formulación parecería que renunciásemos a una convicción propia. Pero el concejal Ardanuy es una pieza importante y tenemos temas en común.

¿Se sentiría cómodo con una declaración unilateral previa a un referéndum?

Nosotros no estamos a favor de una DUI. Se han hecho muchas declaraciones estos años y salta a la vista que no han sido eficaces. No compartimos la hoja de ruta del Govern pero sí nos une la defensa que el pueblo de Catalunya tiene derecho a decidir y este derecho tiene que poder concretarse en un referéndum. Y sobre todo que no podemos quedarnos de brazos cruzados ante un gobierno que no ha puesto ninguna alternativa sobre la mesa, ninguna disposición concreta al diálogo en todos estos años.

Reunión en diciembre convocada por el President, Carles Puigdemont,para preparar el referéndum por la independencia Reunión en diciembre convocada por el President, Carles Puigdemont,para preparar el referéndum por la independencia (Archivo / David Airob)

Entonces si el Govern sigue con su hoja de ruta, los Comuns no lo acompañarían.

Catalunya necesita un referéndum y si cumple con unas garantías mínimas, es decir, si tiene una mínima administración electoral, un órgano de verificación, garantías de publicidad e imparcialidad… Aquí sí estaremos. Es una reivindicación legítima, que incluso cabría en el sistema constitucional actual. Lo que no haremos, por ejemplo, es poner en riesgo a los trabajadores municipales.

Imaginemos que el referendum se convoca y cumple con las condiciones que cita. Todas y cada una. ¿Su formación haría campaña? ¿Por el sí? ¿Por el no?

Sería un escenario deseable. Pero en un contexto en el que el PP está utilizando las inhabilitaciones, el Constitucional puede suspender cualquier decisión… no es fácil que este escenario se cumpla.

No ha respondido la pregunta… ¿Por el sí o por el no?

Aún no lo hemos discutido. Ahora mismo somos la única fuerza política de Catalunya que se reconoce como soberanista pero en su seno tiene independentistas, confederalistas y federalistas. Si se llegase a esta situación, habría que ver en qué condiciones, qué opciones hay, y se tendría que tomar una decisión.

¿Libertad de voto, quizá?

Tampoco lo descarto. Reunir diferentes sensibilidades es un punto fuerte, somos la única fuerza que lo tiene y por eso podemos ocupar un espacio de centralidad y ser un puente.

Hay barrios en los que hay más camas para turistas que para residentes”

Pasemos a hablar de los grandes temas de la ciudad. Empezamos por el turismo, el gran protagonista del mandato. Los dos principales instrumentos de regulación, el PEUAT y la moratoria, acumulan 17 contenciosos y 38 demandas. ¿Se puede legislar un tema de tanto alcance sin un acuerdo con los afectados?

Han sido instrumentos adecuados. Heredamos una situación de gran descontrol e hicimos lo se debía hacer. Hay un consenso muy amplio sobre que la actividad hotelera no puede crecer en ciertas zonas, como Ciutat Vella, pero hay otras en las que sí. Incluso los agentes económicos lo reconocen. Pequeños aspectos pueden ser objeto de discusión, pero nadie ha hecho una enmienda a la totalidad.

Si las enmiendas son parciales, pues, ¿por qué no se resolvieron en la negociación previa o incluso en la fase de alegaciones? Lo que no se cedió entonces quizá se tendrá que ceder con creces y a la fuerza en los tribunales.

Podría pasar. Si los tribunales se pronuncian y hay que reabrir el diálogo sobre algún tema, evidentemente lo haremos. Pero teníamos el deber de escuchar a todos los actores. Y hay barrios en los que hay más camas para turistas que para residentes. Aún así, han tirado adelante 74 iniciativas nuevas, no hemos paralizado el sector.

Porque estos 74 proyectos se tramitaron antes de la moratoria.

Bueno, ya, pero no se ha parado la actividad económica. Y hay un malestar real en estos barrios. No tiene nada que ver con la ‘turismofobia’, una expresión que me parece injusta e inadecuada. A los barceloneses nos gusta viajar y recibir gente. Barcelona tiene que estar orgullosa de ser un destino turístico. Y esto pasa porque la actividad turística sea compatible con que los vecinos puedan quedarse a vivir en sus barrios, descansar y tener calidad de vida. Hay que descentralizar el turismo a nivel metropolitano y reforzar el papel de Barcelona como puerta de entrada a toda Catalunya, con muchísima generosidad y coordinación con la Generalitat.

Un momento durante la entrevista al primer teniente de alcalde y alcalde accidental, Gerardo Pisarello Un momento durante la entrevista al primer teniente de alcalde y alcalde accidental, Gerardo Pisarello (Jesús Sancho)

¿Tiene la complicidad de las ciudades del entorno y sobre todo del sector privado?

Lo estamos hablando, es un escenario nuevo. Por ejemplo el turismo de negocios alrededor de la Fira a lo mejor lo tenemos que estimular. O generar grandes eventos que sean un polo de atracción turística, Fòrums, encuentros de investigación, etcétera. Hay que descentralizar con cuidado. Pensar que el turismo se va a extender como una mancha de aceite no funciona y ha generado problemas, por ejemplo en el Poblenou. Que abran hoteles en L’Hospitalet es bueno. Es la línea en la que debemos trabajar.

Una parte de la oposición les acusa de haber alentado la aparición de pintadas con dianas y eslóganes como “tourists go home”.

Al contrario, hemos puesto en marcha las herramientas para que el malestar social encuentre una salida institucional adecuada. He sido el primero en rechazarlas este tipo de reacciones, están totalmente desenfocadas y no ayudan a resolver el problema. Pero tenemos la obligación de advertir de los riesgos. Cuando llegamos había un peligro real de burbuja turística.

Pese a las multas del Ayuntamiento y el aumento de inspecciones, los datos de Airbnb en Barcelona van en dirección contraria: el último año ha alojado a un 40% más de viajeros. ¿Está siendo inocua la presión? ¿Hay que cambiar de estrategia?

Les plataformas digitales han venido a quedarse. El reto es cómo las regulamos para que estén al servicio del bien común, sean transparentes, paguen impuestos… Ya estamos llegando a acuerdos con otras plataformas. Multamos a Airbnb no con afán punitivo, sino porque queremos un acuerdo. En otras ciudades se están alcanzando y debemos encontrar las alianzas internacionales para una negociación colectiva.

¿El acuerdo en San Francisco valdría para Barcelona?

Cada ciudad tiene sus especificidades. Para nosotros una linea roja es que no se puedan publicitar alojamientos sin licencia.

Que abran hoteles en L’Hospitalet es bueno. Es la línea en la que debemos trabajar”

Acaba de anunciarse que Barcelona tendrá una nueva terminal de cruceros, la sexta. En campaña su partido fue muy beligerante y sostuvo que Barcelona no puede asumir más cruceristas.

Quiero ser muy prudente porque no conocemos los detalles. Los cruceros tienen un impacto social y de contaminación importante. Las administraciones implicadas tendrán que garantizar que el impacto sobre la ciudad será positivo.

¿Qué se ha hecho en concreto estos dos años para reindustrializar Barcelona?

Hay iniciativas en marcha. En breve anunciaremos cambios en el Parc Tecnològic de Nou Barris para favorecer la manufactura digital en la ciudad. Estuve hace pocas semanas en Nueva York y Boston y fue uno de los elementos importantes que vimos. Cuando acabemos el mandato tendremos seguro dos o tres grandes centros en esta línea, entre ellos el Parc Tecnològic y Barcelona Activa. Queremos una reindustrialización del siglo XXI, no de chimeneas.

Los alquileres son el segundo gran tema del mandato. Todos los expertos atribuyen el encarecimiento a un ‘boom’ de demanda. La vivienda pública en marcha no se estrenará este mandato y los pisos realmente vacíos han resultado ser menos de los previstos. ¿Qué medidas toma su gobierno para invertir ahora la tendencia?

Nos preocupa muchísimo y utilizamos todas las herramientas a nuestra disposición. Hemos puesto 240 millones en políticas de Vivienda, cuadriplicado la inversión en pisos públicos, conseguido un crédito de 125 millones del Banco Europeo de Inversiones… Pero el punto de partida no es bueno, no se han hecho los deberes. Viena, Ámsterdam o París tienen alrededor de un 20% de pisos públicos; nosotros un 1,3%. Debemos desarrollar este parque, invertir en rehabilitación y presionar para que se regule el mercado de alquiler para llegar a un equilibrio justo entre propietarios e inquilinos.

La actualización catastral subirá el impuesto de plusvalía a las operaciones especulativas”

La limitación del incremento en los alquileres se aplica por ejemplo en Berlín, donde igualmente se han disparado precios vía ‘revalorización’: fincas humildes se rehabilitan a fondo y doblan el precio de alquiler. Este fenómeno ha desembarcado en Ciutat Vella con mucha fuerza el último año.

Para nosotros es muy importante impulsar un índice de precios de referencia que de seguridad a ambas partes y que sea lo máximo vinculante posible. En el caso de Berlín hablamos de contratos indefinidos, no de tres años como aquí. Por eso es tan importante para nosotros la reforma de la LAU. Y en casos como los de Ciutat Vella tenemos que ser muy contundentes contra operaciones puramente especulativas, que tengan como objetivo la compra de bloques enteros que luego producen subidas ilimitadas. No lo podemos permitir, no son una buena noticia para Barcelona. Ahora la actualización catastral subirá el impuesto de plusvalía a las operaciones especulativas.

¿Les produce una cierta angustia que el partido de la exlíder de la PAH llegue a la Alcaldía y dos años después la vivienda vuelva a ser motivo de alarma ciudadana?

Lo que genera angustia es la emergencia habitacional. Este gobierno ha hecho más que cualquier otro de Barcelona para impulsar una política de vivienda. Incluso en ámbitos que no son competencia municipal. A veces me para gente por la calle y me dice: “¡Teniente de alcalde! ¿Por qué no están regulando los precios del alquiler?” Porque no depende del ayuntamiento, pero le estamos pidiendo al gobierno del Estado y de Catalunya que regule los precios y que desarrollen índices. “¿Pero qué más están haciendo?” Pues multiplicar las ayudas a la gente que no puede pagar el alquiler, parar más de 2.000 desahucios…

Y sin embargo le preguntan qué hace el ayuntamiento.

Claro, porque la necesidad existe. Pero no lo interpreto como un fracaso, porque el gobierno municipal está haciendo lo máximo posible.

Ada Colau observa a Gerardo Pisarello durante un pleno municipal, hace un año Ada Colau observa a Gerardo Pisarello durante un pleno municipal, hace un año (Archivo / David Airob)

Último gran tema: parón en Glòries con la oposición en contra. Según los cálculos municipales, el túnel no estará acabado al menos hasta 2020. Y la relicitación rondará los 38 millones. Dado que la obra arrastraba 19 meses de retraso y 12 millones de sobrecoste… ¿Usted puede asegurar que, rescindiendo el contrato en vez de tragarnos el sapo, al final el túnel saldrá o más barato o más rápido?

No lo podemos saber anticipadamente. Era una situación indeseada, una vez se produce teníamos que parar la obra y empezar de nuevo. Ante la sospecha de irregularidades y corrupción, no había más remedio. La nueva licitación del túnel debe ser limpia y técnicamente solvente. Y, mientras, hay que continuar con la obra en superficie: 1.300 árboles, mil viviendas públicas, adaptar el entorno de la Torre Agbar por si somos la sede de la Agencia Europea del Medicamento…

Los vecinos de Glòries están muy preocupados por la segunda fase del túnel, la que permitiría empalmar con el tramo de Gran Via ya semisoterrado. ¿Se hará de inmediato tras la primera fase o al cabo de unos años?

El estudio técnico debe decidir cuáles son los ritmos exactos, pero lo que puedo asegurar es que el gobierno asume el Compromís de Glòries como propio.

Somos la única fuerza política de Catalunya que tiene en su seno a independentistas, confederalistas y federalistas; es un punto fuerte”

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