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Gorka, Jordan, Barcelona

25 de julio de 1992. Un avión procedente de Niza aterriza en el aeropuerto de Reus (Tarragona). De su interior salen los integrantes de la selección estadounidense de baloncesto que participarán en los Juegos Olímpicos de 1992. Forman el ‘Dream Team‘, el mejor equipo de la historia de este deporte. Una multitud les vitorea mientras se dirigen al autocar que les ha de llevar a Barcelona. Su líder es Michael Jordan, el mejor jugador de todos los tiempos. No pasa desapercibido. Ataviado con una llamativa camiseta naranja, gafas de sol y un sombrero color crema, saluda a los aficionados y se dispone a pasar dos semanas practicando su deporte favorito. ¿Baloncesto? No. MJ llega a Barcelona para jugar a golf.

A la misma hora en que el vuelo de Jordan tocaba tierra, un chaval de casi 17 años llamado Gorka jugaba a golf en El Prat, mientras veía pasar uno tras otro decenas de aviones que despegaban o aterrizaban en el vecino aeropuerto. Gorka Guillén, íntimo amigo de Sergio García, formaba parte del grupo de promesas incipientes del golf español y durante el verano del 92 pasaba largas jornadas practicando todo tipo de golpes.

Al día siguiente, Jordan llegó al campo de golf y salió a jugar con el conocido golfista Payne Stewart (fallecido años después en un accidente de aviación), el gerente del club y un socio. Gorka les hizo de intérprete y, al día siguiente, como les faltaba un jugador para ser cuatro, fue invitado a unirse al partido. Allí empezó una relación que duró dos semanas. La estrella de los Chicago Bulls pasó horas y horas jugando (y apostando) a diario con socios del club de golf y en todos sus partidos estuvo Gorka. 

Tras Barcelona-92, no volvieron a verse. Michael regresó a Estados Unidos para ser el rey de la NBA. Poco después se retiró para jugar a béisbol aunque, por suerte, su retirada fue corta y volvió a las canchas para engrandecer su leyenda y alcanzar los seis anillos. Gorka dejó el golf como jugador y se dedicó a los estudios y a su carrera profesional. Actualmente es agente de varios jugadores de golf, entre los que destacan Francesco Molinari, ganador del último Open Británico y héroe de la reciente Ryder Cup, y el extremeño Jorge Campillo, una de las revelaciones de la temporada.

El pasado domingo, más de 26 años después, coincidieron en París, en la competición que cada dos años enfrenta a Estados Unidos y Europa. Gorka vio a Jordan y se dirigió hacia él. “¿No te acuerdas de mí? Pasamos dos semanas jugando a golf en Barcelona durante los Juegos”. La gran estrella del baloncesto le dio un abrazo y empezaron a hablar de los intensos días pasados.

El reencuentro

Gorka explica: “Fui a saludarle sin estar seguro que me iba a reconocer. Para mí fueron dos semanas inolvidables por lo que viví al lado de uno de los mejores deportistas de la historia, pero para Michael eran dos semanas más de vacaciones. Ha sido una gran satisfacción comprobar que no ha olvidado aquellos días”.  

El reencuentro fue mejor de lo esperado. Gorka reconoce que “durante estos años había imaginado muchas veces este momento, pero no creía realmente que se iba a producir”. Su mutua afición por el golf les unió hace 26 años y ha vuelto a unirles. “El día anterior estuve cenando con el fisioterapeuta de Bubba Watson y le conté la historia del 92. Le dije que me encantaría saludar de nuevo a Jordan y él me dijo que me iba a ayudar”. El dios del baloncesto suele entrar en las zonas reservadas al equipo americano. A la mañana siguiente se hizo el milagro. “Recibí un mensaje en el que me indicaba que Jordan no había pasado a saludar a los jugadores, pero que justo en ese momento estaba en el tee del 1”.

Había llegado el momento. “Fui con esperanza, pero con una cierta sensación de temor por si no se acordaba. Llegué al tee del 1, me acerqué y le enseñé las fotos tomadas en el 92. Se acordaba de todo. De hecho me preguntó cómo era posible que todavía tuviera tantas fotos si en aquella época no había móviles con cámara”. Gorka sintió alivio y comprobó que la gran estrella de la NBA no había olvidado sus rondas de golf de hace más de cinco lustros. Uno de los acompañantes de Jordan le recordó que aquel verano no todos los días había jugado en El Prat porque había visitado otros campos catalanes. Michael le corrigió inmediatamente. “Es cierto que fui a otros campos a jugar 18 hoyos con otros miembros del equipo, pero cuando ellos regresaban al hotel yo volvía a El Prat para jugar. No fallamos ni un día”. 

“Fui a saludarle sin estar seguro de que me iba a reconocer. Ha sido una gran satisfacción comprobar que no ha olvidado aquellos días”

Gorka lo corrobora. “Me sorprendió que se acordara, pero es verdad que incluso cuando iba a visitar otros campos, después venía a jugar otros 18 hoyos conmigo”. Y desvela que el reencuentro le emocionó. “Me hice una foto con él y en ese momento estaba temblando. He estado muchas veces al lado de Tiger Woods y estoy acostumbrado, pero volver a charlar con el mejor jugador de baloncesto de todos los tiempos es algo muy especial”. Jordan se interesó por la ocupación actual de Gorka. “ Le expliqué que estaba en la industria deportiva y que era el mánager de Molinari. Me felicitó varias veces por lo bien que está jugando Francesco”.

Vacaciones en Barcelona

Es sabido que los integrantes del ‘Dream Team’ viajaron a Barcelona en el 92 con el propósito de pasar unas agradables vacaciones y, de paso, recuperar el oro olímpico que Estados Unidos había perdido cuatro años antes en Seúl. Pese a que su presencia despertaba la locura -el entrenador Chuck Daly dijo que “mis chicos eran como los Beatles, estrellas del rock”- cada uno se buscó la manera de pasar el tiempo. Algunos, como Charles Barkley, se escapaban de su hotel, situado en la Rambla, y visitaban bares y clubs hasta altas horas de la madrugada. La máxima estrella del equipo, en cambio, era esclavo de su gran obsesión: el golf.

No fallaba ningún día. Gorka recuerda que “al principio causó una revolución en el club porque todo el mundo quería verle, pedirle un autógrafo y jugar con él”. Pero pronto se convirtió en normal verle con los palos en la mano y fumando un puro. Hacía sus partidos más excitantes jugándose algunos dólares con sus rivales. “Apostaba siempre. No eran sumas grandes, pero le gustaba tener este aliciente. Y siempre ganaba. Es un gran jugador de golf. Y destacaba su carácter competitivo, que era incomparable”, asegura Gorka. 

“No fallaba ni un día. Apostaba siempre. No eran sumas grandes, pero le gustaba tener ese aliciente. Y siempre ganaba”

Pero no siempre apostaba que iba a conseguir ‘birdies’ o ‘eagles’. Una vez, unos socios le retaron diciendo que su equipo no iba a ser capaz de ganar el partido del día siguiente por más de 40 puntos. Aceptó. Era la semifinal contra Lituania, una de las mejores selecciones del mundo. Jordan, que en la mayoría de los partidos solía hacer el mínimo esfuerzo, en éste puso más energía y, por supuesto, ganó y al día siguiente pasó a recoger sus ganancias. El ‘Dream Team’ venció a los lituanos de Sabonis por 51 puntos (127-76) y MJ fue el máximo anotador del partido con 21 puntos, con un magnífico 50% de acierto. Además, robó seis balones y repartió cuatro asistencias.

Golf y baloncesto, deportes cruzados

Jordan y Guillén comparten pasión por el baloncesto y el golf, deportes que se han ido cruzando en sus vidas constantemente. Jordan ha sido el mejor jugador de la historia, pero vive obsesionado por el golf y juega prácticamente a diario. Su nivel es muy alto. Se retiró del baloncesto en varias ocasiones, pero nunca ha dejado de jugar al golf y cada dos años presencia in situ la Ryder Cup, el acontecimiento más importante de este deporte. 

El caso de Gorka es el contrario. Fue profesional durante 10 años (1999-2009), pero abandonó el golf como jugador porque estaba un poco saturado y, en cambio, se pasó al baloncesto. “Ahora no juego al golf casi nunca, quizás consecuencia de haber pasado miles de horas tirando bolas, pero sigo inmerso y encantado en el mundo del golf. En cambio, juego todo lo que puedo al baloncesto y disfruto mucho”. Desde pequeño ha vivido intensamente en su casa el deporte de la canasta porque su padre es el conocido doctor Jorge Guillén, que ha sido médico de las selecciones españolas de fútbol y baloncesto. 

“Ahora no juego al golf casi nunca. En cambio juego todo lo que puedo al baloncesto y disfruto mucho”

Cuando sus continuos viajes de trabajo se lo permiten, Gorka juega en un equipo de Barcelona (White C) en una liga amateur y este año ha participado con España en el Eurobasket para veteranos +40 disputado en Eslovenia. “Disfruto muchísimo porque es un deporte en equipo y porque juego con mis amigos. Cuento los días que faltan para jugar el Mundial del año que viene en Finlandia”.

Tapete verde

Durante su estancia en Barcelona en 1992, Michael Jordan se reveló como un hombre de costumbres. Cada día, como un reloj, estaba a las nueve en punto de la mañana en el tee del 1 junto a Gorka Guillén. Jugaban 27 o 36 hoyos, en función de si tenía o no partido de baloncesto en la competición olímpica. Incluso algún día jugó 45. Por la noche, explicaba que jugaba un rato al póquer con Magic Johnson, Larry Bird y algún otro miembro del equipo de ensueño y al día siguiente estaba de nuevo puntual a las nueve en el tee del 1.

“No se cansaba nunca de jugar. Un día se nos hizo de noche en el campo y para regresar al hotel no quería coger un taxi. Mi padre se ofreció a llevarle. Cuando llegamos, una multitud se agolpaba a la entrada del hotel y se desató la locura cuando bajó del coche. Se fue rápidamente hacia dentro. Eran las once de la noche, no había móviles y mi padre me pidió que entrara en el hotel para llamar a mi madre y explicarle que nos habíamos retrasado, pero que ya íbamos de camino a casa. Bajé del coche, intenté entrar, pero un agente de la policía me impidió el paso. Empecé a gritar ‘Mike, Mike’. Oyó mi llamada, se giró y vino hacia mí. De repente, fue como si el mar se abriera y se creó un pasillo por el que apareció Jordan que me cogió por los hombros y me llevó hacia dentro”. Gorka comprobó de nuevo que MJ siempre salía al rescate, igual que hizo muchas veces en la cancha de baloncesto.