Guía de Open House, la ‘grande bouffe’ de la arquitectura

Octava edición ya del 48 Open House Barcelona, días 21 y 22 de octubre, o sea, este fin de semana, la grande bouffe de la arquitectura, una oportunidad única de darse un atracón cultural que incluye platos habitualmente inaccesibles al público, porque este festival (feliz invento londinense de allá por 1992 y exportado después a medio mundo) consiste precisamente en eso, en abrir las puertas de todo tipo de espacios de la ciudad, icónicos o desconocidos, y subrayar el papel crucial de la arquitectura en el moldeado de la vida en sociedad. Lo de atracón no es exagerado. Por dos motivos. El primero es que los espacios visitables son en esta edición 220. Cifra récord. Se hace inevitable elegir. El segundo es porque en esta ocasión se abre un subapartado dedicado al maridaje de la arquitectura y la cocina. En la edición del 2016 fueron unas 60.000 personas las que degustaron alguna de las propuestas del Open House Barcelona. La mayoría repiten, pero nunca es tarde para estrenarse. Ahí va, pues, para unos y otros, un incompleto catálogo de sugerencias.

El Bohigas preolímpico

El 25º aniversario de los Juegos Olímpicos no iba a estar ausente del Open House, por supuesto. Son varios los edificios olímpicos abiertos este fin de semana para ser explorados. ¿Un ejemplo? La Piscina Municipal de Montjuïc, donde Antoni de Moragas decidió, como es sabido desde 1992, que no podía tener mejor pared maestra que las vistas sobre la ciudad desde la grada. También será posible visitar el incomprendido Siza de la Vila Olímpica, la sede la Agencia Española de Meteorología (Aemet), un edificio que para los transeúntes parece un exceso de hormigón, pero mágicamente permeable a la luz natural.

La lista de posibles visitas olímpicas es larga y, tras tanta celebración de los JJOO de 1992, poco sorprendente. Por eso tal vez conviene explorar el programa e ir en busca del Oriol Bohigas menos conocido. El padre de la Barcelona moderna cambió el rumbo de la ciudad en 1992, pero antes había dejado ya su sello en obras que, en ocasiones, han caído en un inmerecido olvido. Open House permite visitar, por ejemplo, el número 50 de la calle Escorial, dirección de la más atípica arquitectura de esa zona de Gràcia, un colosal bloque de apartamentos muy luminosos, construidos a caballo de los años 50 y 60. Fue una arquitectura inesperada en aquella época. Bohigas intuyó que el modo de vivir en casa estaba cambiando.

Las novedades del 2017

Open House es un mayúsculo esfuerzo de organización. De logística, sin duda. Este fin de semana, el equipo que lidera Elisenda Pons tendrá a unos 1.000 voluntarios en la calles. Pero hay esfuerzo aún mayor, convencer a los dueños de los inmuebles que se presten a este estriptís arquitectónico de forma altruista. En la cultura anglosajona, a saber por qué, eso resulta más fácil. Aquí, cada nueva conquista es un parto.

Las novedades de este año son varias. De entre ellas, una tiene el tamaño de Júpiter, vamos, que es capaz de eclipsar otras más menudas e igualmente interesantes. Se trata del mercado de Sant Antoni, la Sagrada Família laica del Eixample izquierdo. Este fin de semana será la primer ocasión en que los barceloneses podrán visitar por dentro esta renacida obra de Antoni Rovira i Trias, ahora que se encara la recta final de los trabajos de rehabilitación. Sant Antoni, como se sabe, es un barrio de galopante gentrificación. La próxima inauguración del mercado se supone que no hará más que remachar ese proceso, así que la visita, dentro del marco del Open House, es arquitectónicamente muy interesante, pero socialmente inquietante.

Lo dicho, que Júpiter eclipsa a Venus, Marte, Neptuno y casi literalmente a Plutón, pues entre las novedades de este año están por ejemplo, Vil·la Urània, la coquetona casa de finales del XIX del astrónomo Josep Comas Solà, una eminencia local, a pesar de que cuando Einstein visitó Barcelona escribió que sus teorías no resistirían el paso del tiempo.

Dos novedades más, al azar, entre otras muchas, son el Espai Bombers de Poble Sec y la Caserna de la Guardia Urbana de Nou Barris, que de entrada no llama la atención, salvo si se recuerda que ocupa el espacio que un día fue el antiguo Institut Mental de la Santa Creu.

L’Hospitalet, la ciudad invitada

Esta edición del Open House crece sobremanera porque la ciudad invitada este 2017 es L’Hospitalet. Antes lo fueron Badalona y Santa Coloma, que siguen presentes, pero es que L’Hospitalet aporta 19 espacios visitables, desde las torre roja de Toyo Ito (que si estuviera en Barcelona le disputaría el ránking de las postales a la Torre Agbar) a la Ciutat de la Justícia. Pero sin duda, entre lo más aconsejable de la segunda ciudad de Catalunya está la ruta guiada por Bellvitge, puede que la metamorfosis urbanística más sorprendente de la Catalunya de los últimos 50 años.

Lo raro y lo insólito

Open House sirve en bandeja, cómo no, la visita íntima a la obra de dos premios Pritzker, Joan Oliver y Rafael Moneo, con la Biblioteca de Sant Antoni y el Auditori, respectivamente, y a ‘delicatessen’ modernistas poco habituales, como la Casa Sayrachs, pero quienes deseen explorar los confines de la arquitectura no quedaran decepcionados. Tres propuestas excéntricas del programa podrían ser, por ejemplo, los quirófanos del Vall d’Hebron, la desalinizadora de El Prat y, ya para nota, el hogar de los orangutanes del Zoo de Barcelona, un piso de varias estancias concebido no solo para el confort animal, sino también a prueba de fugas, pues esta especie empequeñece la leyenda del indomable Paul Newman si de escaparse se trata.

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