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Haití, una historia de magnicidios y caos constante – La Gaceta de la Iberosfera

Una de las grandes paradojas de la historia americana contemporánea, sin duda la constituye Haití: el pueblo mayoritariamente de esclavos africanos que se independizaron para dar origen a lo que la historiografía conoce como “la primera república negra” del mundo y la primera república libre en Latinoamérica. El proceso revolucionario haitiano liderado por Toussaint Louverture y finalmente consolidado por Dessalines en 1804, significó la destrucción de casi todo lo que estaba en pie en la entonces colonia francesa. 

De modo que el inicio republicano haitiano, literalmente fue desde sus ruinas, marcando la era republicana por una economía mayoritariamente de subsistencia basada en el minifundio, una sociedad dominada por miles de micro-propietarios que coexistían con un pequeño puñado de latifundistas que en su mayoría estaban vinculados a los exlíderes militares independentistas convertidos en la elite burocrática del nuevo Estado. 

En el área política, el proceso de construcción de la sociedad haitiana tampoco fue muy diferente a su suerte económica, pues, primero su propio padre fundador de la República, Dessalines se autoproclamó Emperador en 1804 y un par de años más tarde fue asesinado por sus propios colaboradores. 

Luego, a lo largo de todo el siglo XIX hasta comienzos del XX, Haití estuvo caracterizado por sus recurrentes guerras internas, por lo que el periodo estuvo dominado por luchas inter-caudillos. La reaparición del magnicidio se dio en 1915, cuando el infeliz final le correspondió al Presidente Jean Vilbrun Sam, lo que dio paso a la larga ocupación estadounidense. De ésta surgió un líder militar y político, Francois Duvalier (Papá Doc) quien implantó un férreo pretorianismo hasta 1971. El líder que falleció y fue seguido por su hijo, Jean Claude Duvalier. 

Tras la caída de Duvalier, Haití experimenta un periodo de crisis permanente de gobernabilidad marcado por el rosario de golpes de Estado hasta el derrocamiento de Jean Bertrand Aristide el 2004, donde el prolongado conflicto armada obligó a una Resolución de las Naciones Unidas para el envío de cascos azules, misión que tuvo por nombre Misión de Estabilización de las Naciones Unidas en Haití (MINUSTAH, por sus siglas en inglés) la cual se extendió hasta 2017.

La pobreza, el subdesarrollo, el caos, la ingobernabilidad y el espacio ideal para la operación libre de múltiples formas de crimen organizado, han configurado a Haití como un Estado Fallido en El Caribe, una suerte de pequeña África subsahariana en el corazón de América.

Todos esos elementos marcan a la sociedad haitiana contemporánea que políticamente comenzaba a dar muestras de ligero avance cuando el izquierdista René Preval el 2011 le entregó la presidencia al centro-derechista Michel Martelly, la primera transición democrática y pacífica en toda la historia de Haití. En 2017, en otra transición democrática, asumió Jovenel Moïse. Su gobierno transcurrió entre los estallidos sociales liderados por la izquierda el 2019, escándalos de corrupción, la postergación de las elecciones por causas naturales más la pandemia, el controversial cierre del Congreso y su peculiar estilo de gobierno vía decretos presidenciales, por lo que se ganó el calificativo de “dictador” por algunos sectores.

Pero a la par de lo antes citado, se sumaron factores no menos poderosos: el enfrentamiento del Presidente Moïse con la familia Vorbe tras la eliminación del monopolio eléctrico; una purga en la Policía y las Fuerzas Militares –aunque algunos sostienen que obedeció a criterios políticos–; además del combate al crimen organizado contra Jimmy Cherizier líder de una temida banda criminal denominada “G9 an Fanmi Alye”, una suerte de confederación de pandillas.

Englobando, todas esas crisis simultáneas dentro del contexto de un Estado fallido, una sociedad con una población mayoritariamente en pobreza crítica, débil tradición institucional y democrática e históricamente marcada por la violencia, sin duda confluyeron en el magnicidio del Presidente Moïse. Hoy Haití, está de vuelta en crisis, por lo que su futuro luce incierto y todo indica que la inestabilidad y la violencia se mantendrán en esta accidentada transición, que tal vez, conduzca una masiva salida de haitianos para escapar del eventual e inminente escenario de violencia que se asoma.


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