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He aquí las pruebas: ya nada puede volver a ser igual en Estados Unidos – La Gaceta de la Iberosfera

En algún momento las dos realidades aparentemente paralelas tendrán que chocar, ¿no? Quiero decir, es imposible que llegue el día 20 de enero y los dos contendientes se presenten frente al Capitolio para jurar el cargo de presidente de Estados Unidos. O se desestiman e ignoran las denuncias presentadas por la campaña de Trump y coronamos a Biden (mientras Harris va afilando la navaja), o los tribunales dan la razón al primero y se proclama presidente.

En cualquiera de los dos escenarios, los medios de todo el mundo no podrán seguir a la larga ignorando las pruebas de fraude, ni hablar, como siguen haciendo a esta hora, de “acusaciones sin fundamento”. ¿Quieren pruebas? No hablo de declaraciones de políticos o comentaristas más o menos motivados, hablo de algo terriblemente monótono, repetitivo y visualmente poco atractivo como un recuento de las pruebas que se conocen a esta hora, una por una, con sus detalles, en una tabla Excell. Porque lo pueden encontrar en https://hereistheevidence.com/ (“he aquí las pruebas”). Sí, ya le habíamos advertido que es simple, contundente y aburridísimo.

Si prefieren algo más divertido, pueden acudir a las declaraciones de otra estrella del equipo jurídico de Trump, Lin Wood, en el programa de radio Howie Carr Show. Allí Wood se despacha a gusto, hablando del mayor fraude de la democracia americana, culpando a Venezuela y China de estar detrás y revelando indirectamente por qué los demócratas están obligados a negar hasta el último minuto que exista fraude: “”Joe Biden y gente de su entorno han tratado de robar las elecciones y llevan cometiendo crímenes durante años. Todos van a terminar en prisión. Biden irá a la cárcel”.

Sun Tzu y el refranero español aconsejan dejar una salida expedita/puente de plata al enemigo que huye, pero aquí Wood no parece muy partidario. Ya lo hemos dicho: esta batalla es a todo o nada, a llevarse el Premio Gordo -la Casa Blanca- o a acabar con un mono naranja compartiendo celda con un tipo al que llaman Buba.

Todo se ha salido de madre y no hay quien vuelva a meter el genio otra vez en la botella. Lo de Dominion no es un programa cutre que falle más que una escopeta de feria, no: es un programa que funciona de maravilla para lo que fue diseñado, que es amañar elecciones. Eso dice el equipo jurídico de Trump, y da miedo. Porque también dice que la CIA no podía ignorar las, digamos, peculiares prestaciones del programa, lo que sugiere que la propia agencia de inteligencia ha podido haber estado jugando con el cacharrito para cambiar a distancia el resultado de las elecciones de terceros países.

Piensen en las consecuencias: una poderosísima agencia de espionaje que se juega su futuro, y una purga de las que hacen época, si prosperan las demandas de Trump, y un buen puñado de ‘aliados’ de Estados Unidos preguntándose si la CIA estuvo toqueteando sus votos a placer. La confianza mundial en la limpieza de los procesos electorales iba a caer a su mínimo histórico.

O sea que Trump no puede salirse de ningún modo con la suya, pero, ¿podría salirse con la suya Biden? Estamos hablando de muchos, muchos millones de norteamericanos muy cabreados y convencidos de que el establishment les ha arrebatado la victoria con malas artes. Y entre ellos están los que más armas de fuego poseen y los que mejor disparan.

Un gobierno Biden sería increíblemente débil. Podría contar con la desobediencia civil activa de una enorme proporción de ciudadanos, quién sabe si mayoritaria. Pero tampoco frente al resto del mundo tendría mucha más, o incluso frente a su ala izquierda, que ya ha mostrado su frustración con los primeros nombramientos (hasta cierto punto imaginarios) del “equipo de transición”, reclutados entre ejecutivos de grandes empresas y ‘halcones’ de los que pasan de un partido a otro según cuál parezca ir a tirar más bombas.

Todo el mundo, en algún momento, va a tener la tentación de señalarle que no se venga demasiado arriba, que todo el mundo sabe que llegó al poder haciendo trampas. Aun en el improbable caso de que los chinos no tengan ya horas y horas de vídeo de Hunter Biden haciendo cosas feas como moneda de negociación, Biden va a ser el presidente más chantajeable de la historia.

Pero un Trump aupado por los jueces también tendrá enfrente a un puñado de poderosos movidos por el muy comprensible deseo de no cambiar sus mansiones en Martha’s Vineyard y en los Hamptons por una fría celda, por no hablar de los millones de votantes demócratas que verán en la jugada un golpe de Estado de este “literally Hitler” de complexión anaranjada.

Nada puede volver a ser igual en Estados Unidos, pueden llevar esto al banco.