Inicio Actualidad Humor e ideología / La revolución española en 1935 | La Gaceta

Humor e ideología / La revolución española en 1935 | La Gaceta

–Oíd: “Del erótico crimen me ha gustado más que nada el discurso del intelectual progresista sobre el derecho a cagar en la vía pública. Es una parodia perfecta de la sentimentalería humanista con que los progres envuelven sus ideas nefastas. Sobre todo por aquello de “lo cultural” y lo natural. Felicitaciones.” J. G. Smith. Me gustó el comentario porque da bastante en el clavo, cosa rara.

–Es verdad, en España dicen que la ironía no se entiende.

–Casi todos los comentarios que he escuchado son negativos: a unos  el discurso les parece de mal gusto, otros dicen que es muy exagerado. Pero resume muy bien el discurso de la izquierda: cagar en la vía pública. Lo llevan haciendo toda la vida.Luego la derecha va a olerles la cosa.

–A la izquierda, el discurso y la novela les parecen muy mal, y la derecha, o es modosita y ñoña o bien adopta aires de chulo de putas, sin gracia ni ingenio. La izquierda tiene más garra en eso, aun con sus gracietas chabacanas,  de mala fe y de mala leche, como el uaiomín ese.

–Pues yo creo que el humor en España siempre fue de derechas.

–De derechas y gallego. En otras regiones se da peor. En Andalucía es a base de exageraciones: «Era una mujer tan guarra que un día que se lavó la cara le aparecieron las gafas». Tiene gracia solo por lo exagerado, no es humor de verdad.

–Araquistáin, que iba de teórico socialista, teorizó que el humor era reaccionario. Me parece que lo cité en algún libro.  

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*¿Por qué nadie hace a Zapatero estas dos sencillas preguntas: «En sus gestiones de mediador con la narcotiranía de Maduro, ¿recibe usted compensación económica de Maduro? Y de ser así, ¿a cuánto asciende?» Podría ser el comienzo de una investigación.

*Otra cosa me asombra: ¿Por qué nadie exige la publicación de las actas de las negociaciones mafiosas entre la banda de Zapatero y la ETA? Esta debería ser una exigencia permanente.

*¿Por qué no se insiste en llamar Doctor al delincuente? ¿Por qué no se cambia al jefe de Podemos el apellido, tan inapropiado para un comecuras como él? Pablo Casoplones, por ejemplo. ¿Por qué no se le recuerda sin cesar su vinculación con Maduro?

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La revolución española

El franquismo, con cierta tosquedad,  diagnosticó que se había alzado contra una revolución comunista en España. Esto ha abierto un flanco a una crítica fácil, que lleva años insistiendo en que no podía haber tal porque el partido comunista era entonces insignificante, y que en realidad Franco había destruido una república y un gobierno democrático, en el que los comunistas eran insignificantes.

Creo que en mis dos libros Los orígenes de la guerra civil, y El derrumbe de la II República he dejado bien clara esa cuestión. El Partido Comunista era poco antes de la guerra mucho menor que el PSOE-UGT y la CNT, pero tenía en las Cortes una influencia desproporcionada con sus escaños. Al reanudarse el conflicto en julio de 1936, se desató un movimiento revolucionario de una violencia brutal, como apreció todo el mundo, y que ya tenía el precedente de la insurrección de octubre del 34. Era una revolución de tipo anarquista y socialista, dos tipos incompatibles entre sí, y en la que el PCE no pintó mucho.  Es cierto que las dos podían llamarse comunistas (comunismo libertario la CNT, imitación del régimen soviético, ya ensayado en 1934, el PSOE). Sin embargo, para los franquistas era una revolución soviética.

europa: introduccion a su historia-pio moa-9788490608449Los Mitos Del Franquismo (Historia)

   ¿Cuál era la diferencia, entonces, con el PCE? El PSOE y los anarquistas rivalizaron en un primer momento en las expropiaciones y asesinatos, en la concepción de que ganar la guerra y hacer la revolución eran dos caras de una misma moneda. El PCE tenía una concepción estratégica mucho más inteligente, dictada por Stalin: se trataba de ganar primero la guerra, creando al mismo tiempo condiciones para la revolución, que se haría después. Esas condiciones consistían en el dominio comunista en las fuerzas armadas y la policía, por una parte, y en la absorción progresiva del propio PSOE por el PCE  (conseguida en Cataluña).

   Para el PCE era de vital importancia frenar y disimular todo lo posible la revolución anarco-socialista y presentar al Frente Popular como un régimen democrático normal que suscitase la ayuda solidaria de Francia e Inglaterra, a fin de atraer a estas al choque con Alemania e Italia. Esta era precisamente la estrategia impuesta por el Kremlin a los comunistas y finalmente a todo el Frente Popular. No tuvo éxito por tres causas. Porque la revolución era un hecho indisimulable. Porque el interés de Francia e Inglaterra era evitar que la guerra de España y su revolución trascendiesen al resto de una Europa cada vez más tensa.: ambas querían mantener el statu quo europeo salido de la I Guerra Mundial y que, obviamente, les favorecía. Y,  sobre todo,  porque la guerra la ganaron los nacionales. 

    La estrategia de Stalin se basaba en el concepto de que estaba muy próxima una segunda gran  «guerra imperialista», idea bastante acertada. La nueva guerra  debería abonar la expansión europea y quizá mundial del sovietismo, tal como la primera lo había alumbrado en Rusia. Sin embargo también existía el peligro de que la revolución bolchevique fuera aplastada si la guerra, en lugar de producirse entre las democracias y los fascismo, comenzaba entre Alemania y la URSS.

   En esta gran estrategia, la cuestión de España era clave.  Stalin se esforzó a fondo en la victoria del Frente Popular, y no estuvo lejos de conseguirla en noviembre de 1936. Entonces consiguió frenar a Franco y prolongar la contienda dos años y medio más, pero fue un logro mínimo dentro de su proyecto, pues no llegó a implicar a Francia e Inglaterra en la lucha. Perdida la guerra en España, no le quedó más remedio que cambiar radicalmente su orientación, acercándose a la Alemania de Hitler. Una operación muy arriesgada, pero que tuvo éxito y determinó que la guerra europea comenzase, por fin, entre los regímenes democráticos y fascistas. Por cierto que eso no le salvó, al final, de la invasión alemana, pero esa es otra historia.

   Todo esto debería estar sobradamente claro en la actualidad, pues sobra la documentación. No importa, la mencionada «crítica» al franquismo se mantiene por una multitud de historiadores cantamañanas tipo A. Viñas, lo que no tendría la menor importancia si no fueran coreados por los partidos y medios, de izquierda y derecha, en una verdadera industria de la falsificación, cada vez más «norcoreana». El tal Viñas decía en Telemadrid (del PP) hace unos días que había que imponer una versión única de la guerra civil y el franquismo, y nadie le hizo la menor observación.  Al «demócrata». En esta «democracia» estamos.