Inicio Actualidad Inmigración ilegal: barra libre – La Gaceta de la Iberosfera

Inmigración ilegal: barra libre – La Gaceta de la Iberosfera

Estos días hemos podido ver unas imágenes aborrecibles: personal de la Cruz Roja de Canarias bailando entusiastamente con jóvenes subsaharianos recién llegados en cayucos a nuestras tierras. Abrazos, risas y nada de la distancia social que los que mandan nos imponen al resto de españoles. Aún peor, también hemos visto las grabaciones de cómo esos mismos trabajadores de Cruz Roja sirven la comida y otros enseres, como los imprescindibles preservativos, habitación por habitación de esos hoteles de lujo donde “el deber humanitario” de los españoles hacen que se acojan a todos los que ponen un pie de manera ilegal en España. Si alguien no puede pagarse las vacaciones de pulserita del todo incluido, ya sabe cuál es el camino. Ahora que un blanco puede decir que es negro, una mujer que es hombre, que un niño puede tomar las decisiones de un adulto, ¿por qué no acercarse al Cabildo y afirmar que uno es inmigrante ilegal?

Si alguien no puede pagarse las vacaciones de pulserita del todo incluido, ya sabe cuál es el camino

Los medios nos siguen machacando con el deber humanitario y nos quieren pintar a unos pobres desgraciados que huyen de su país porque la guerra amenaza sus vidas. Pero nada hay más falso (si descontamos a Simón y al gobierno), pues la mayoría proviene de naciones en calma; también se nos dice que escapan a la miseria, pero tampoco es cierto, salvo que creamos que Marruecos, un país donde su monarca tiene suficiente dinero para modernizar su ejército por encima del español, o para construirse multimillonarios palacetes, es un país donde la subsistencia está gravemente amenazada.  Que no lo es. Por no hablar del cuento de las mujeres, siempre víctimas de la violencia y la opresión. Son una verdadera minoría la que se embarca rumbo a nuestro suelo. No son refugiados quienes llegan a España, son inmigrantes ilegales.

La diferencia con los inmigrantes legales que hemos conocido siempre es que éstos venían a trabajar y duro, en busca de alcanzar unas condiciones mejores de vida para ellos y para los suyos que dejaban atrás. Eso se acabó y por nuestra culpa. Ahora no vienen a salvar nuestras pensiones, como se nos bombardea una y otra vez, vienen a acabar con ellas, porque a lo que aspiran no es a un trabajo digno, sino en la mayoría de las veces, a vivir de los beneficios sociales que les regala el estado de bien estar que hemos construido con nuestros impuestos. Como se suele decir, vienen a vivir de la sopa boba. Con nuestro dinero, ese dinero que podría ayudar a tantos españoles que están en las colas del hambre o a subir las pensiones de tantas viudas y mayores que lo necesitan desesperadamente. Pero no, la mitología del buen ciudadano y del pobre inmigrante desvalido, desprotegido, inocente e históricamente explotado por el hombre blanco, nos ciega.

La diferencia con los inmigrantes legales que hemos conocido siempre es que éstos venían a trabajar y duro

Para que la inmigración resultase beneficiosa para España al menos, no debería suponer un coste para nuestras arcas. Una premisa económica básica pero que no se cumple. Dos estudios realizados en los dos últimos años por el GEES ponen de relieve la realidad, económica de la inmigración un consumo neto (pueden verlos  El coste de la inmigración extranjera en España y en La verdad sobre la inmigración en España ). Tasas de paro que superan con creces la de los propios españoles, mayor consumo de beneficios sociales en términos relativos, mayor criminalidad y una pobrísima contribución al PIB. Como todo, no valen las generalizaciones, hay que distinguir por nacionalidades, pero, en general, eso es lo que pasa.

La alegría con que las trabajadoras de Cruz Roja en Canarias celebraban su labor de acogida y exaltación de la inmigración ilegal no sólo es una grave irresponsabilidad que favorece que lleguen más ilegales. Es un desprecio a los españoles que sufren las calamidades que este gobierno nos está trayendo. Y es un insulto a todos los ciudadanos que con el sudor de su frente alimentan a sus familias y pagan unos impuestos que deberían ir a mejorar sus condiciones de vida, no a regalarles caprichos de lujo a quien viene porque sabe que ese es el gran destino que les aguarda. Sólo por eso habría que dejar de dar donativos a Cruz Roja. Conmigo, desde luego, que no cuenten.