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«Ir a Alsasua no sirve si luego no se ayuda a los guardias civiles»

Una llamada telefónica diciéndole que su hijo había sido agredido la expuso como madre coraje. Fue la voz del silencio del teniente de Alsasua al que los abertzales golpearon hasta partirle el tobillo. Se enteró después, en el juicio, de que los radicales querían «reventarlo». Madre y esposa de guardia civil aún siente angustia cuando su hijo, Óscar, en algún momento no le coge el teléfono y dice que a ella le costará mucho superarlo. La «España Ciudadana» de Albert Rivera que hoy celebra un acto en el municipio navarro le ofreció participar, pero ella declinó la invitación.

¿Cómo recuerda aquel día de la agresión a su hijo?

Lo vivimos con mucha angustia, mucha preocupación y mucha incertidumbre. Lo primero era saber cómo estaba mi hijo, qué había pasado y qué iba a pasar a partir de ahí. Nos apoyaron, evidentemente los compañeros del Cuerpo. Por parte de la Institución de la Guardia Civil también vino a visitarle tanto el DAO como el director general que estaba en ese momento; y amigos y gente de Alsasua que había hecho buena relación con él y que también tuvo la deferencia de venir al Hospital a verle. Al cuartel poquitos se atrevían a subir… Covite nos apoyó desde el principio y Consuelo Ordóñez fue con tres personas más a plantarles cara a los abertzales.

Ortega Lara y Abascal fueron al cuartel a visitar a los guardias entonces…

-Sí, de hecho, el señor Ortega Lara vino acompañado de Abascal pero a título personal, sin representar a ningún partido. Ortega Lara le dijo a mi hijo que era lo mínimo que podía hacer ya que estaba vivo gracias a la Guardia Civil.

Con esa sentencia, que aún no es firme, ¿cree que se ha hecho justicia?

Se hizo justicia a medias. Nosotros creíamos que era un delito de terrorismo y en esa sentencia dictaron que no lo era. Pero los delitos de odio, de desórdenes públicos, amenaza y atentado a la autoridad sí que se tuvieron en cuenta, así como los agravantes que Covite presentó en ese momento de superioridad numérica, etc. La sentencia está recurrida y la excusa para no declararles ahora mismo víctimas a los cuatro agredidos es que se tiene que resolver ese recurso, cosa que no es cierta. La sentencia está a medias. Por tanto, ellos no pueden tener los derechos que les corresponde como víctimas del terrorismo hasta que no se desbloquee ese expediente que alguien tiene paralizado. Pero no es cierto que haya que esperar a que el recurso se resuelva, ellos ya deberían ser víctimas y tratadas como tal.

¿Cómo están María José, Pilar y el sargento?

Los padres de María José perdieron el empleo, la madre tuvo que dejar el bar, el piso lo tienen en venta y todos sabemos que ese piso les va a costar mucho venderlo para poderse ir y empezar de cero en otro lugar. María José se tuvo que marchar fuera y toda su vida se ha venido abajo, están en la ruina… Pilar, igual. Tienen que hacerse cargo de todos los gastos que supuso el juicio para ellas. Y Álvaro, el sargento, después de dos años sigue en Alsasua. Estamos preocupados de que le pueda pasar algo a él y a su familia, porque ya fueron agredidos entonces. Y ahora con la tensión que va a haber allí…

Ahora Alsasua se ha convertido en el epicentro de todo. ¿Os acompañaron tantos políticos entonces?

No, hace dos años no vino ningún político a apoyarnos, ni tampoco estuvo ninguno apoyándonos en la Audiencia cuando fue el juicio en abril. Sí que tuvieron buenas palabras en los Plenos, pero nada más. Pero ir dos años después a Alsasua, si no existe ninguna actuación más real que conlleve la mejora de la seguridad de los guardias y del bienestar de sus familias, no sirve para nada. Este acto está muy bien si a continuación esos políticos hacen algo por los guardias civiles. Se me ocurren varias cosas que se podrían hacer para que resultara creíble que nos apoyan; porque ellos irán, después se marcharán y el ambiente se va a tensar y quien se queda allí son los guardias civiles, Álvaro, Pilar y la gente del pueblo que no están con los abertzales.

¿Qué podrían hacer para que resultara creíble?

Evitar que se toleren y consientan los escraches delante de las casas cuartel, evitar que les insulten, que les miren mal, que les señalen, que no pueden ir a comprar… También, cuando sale un etarra asesino de la cárcel, que ha cumplido la condena, que se impidan los homenajes en sitios públicos y consentidos por políticos e instituciones como el Parlamento Navarro y del Gobierno foral. Si los políticos, quieren que su acto sea creíble que hagan eso y no vengan y se marchen.

¿Alsasua es ahora mismo un territorio sin ley?

Hay ley porque para eso está la Guardia Civil. Eso es lo que no les gusta a los que quieren estar al margen de la ley.

¿El pueblo tiene más miedo?

La propuesta y el trabajo de Óscar cuando llegó allí era la de promover y normalizar la convivencia entre la gente del pueblo y los guardias civiles. La gente del pueblo empezaba a convivir, a relacionarse con los guardias civiles y a ver que no eran los monstruos que ese pequeño grupo de gente les había vendido. Y lo que pasó es que ese pequeño grupo del pueblo dijo que eso no se podía tolerar, y pusieron otra vez las cosas en su sitio. ¿Cómo? Dándole una brutal paliza a dos guardias civiles y a dos mujeres y volviendo así a meter al pueblo en el miedo que tenía.

¿Cómo es la situación del pueblo actualmente?

La sentencia apoya judicialmente a los guardias y da el mensaje de que esos actos no se quedan impunes; pero en el pueblo, la gente que es radical y que está posicionada del lado de los agresores mantiene la guardia muy levantada y los agentes no se pueden relacionar con total normalidad, ni sus familias tampoco, ni ir a comprar al pueblo.

¿Ha estado en Alsasua?

No, yo no. Mi hijo sí que me consta que en alguna ocasión ha vuelto, en contra de mi voluntad, absolutamente. Le preocupa que al sargento le vuelva a pasar algo, que pase algo más grave.

¿Cómo está Óscar? ¿Ha podido hacer vida normal?

A ojos nuestros está bien. Habla poco del tema y me dice siempre: «Mamá ya está» y si le digo algo me dice «supéralo ya». Pero a mí me va a costar superar esto el resto de mi vida. Le veo bien, pero preocupado por sus compañeros y especialmente por Álvaro.

Cuando le dijo que quería ser guardia civil, ¿le sorprendió?

Yo se lo veía desde los tres años. Se ponía la ropa vieja de su padre, aunque no sirviera y hacía sus dibujos o los deberes con el tricornio al lado. Sientes una mezcla de orgullo inmenso y terror. Yo me casé en 1987, una época que era de atentados a diario… Pensé que ahora sería todo más tranquilo hasta el día que me dijo que se iba destinado a Alsasua y la tranquilidad saltó por los aires.