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Isaki Lacuesta ya puede hacer lo que quiera en el Pompidou

Cuando Isaki Lacuesta (Girona, 1975) hizo su primera película, ‘Cravan vs Cravan’ (2002), quiso rodar una escena en el Centro Pompidou de París, un lugar que forma parte de sus mitologías personales porque, siendo un chaval, pasó allí mucho tiempo empapándose del arte de Duchamp, Dan Grahan o Brancusi.  Pero no pudo ser. Era demasiado caro.

Ahora, le divierte que el museo parisino le dedique una exposición al conjunto de su filmografía. “Tiene gracia esta circularidad de las historias”, comenta el cineasta poco antes de asistir a la apertura oficial de la muestra con la proyección en el museo de ‘Entre dos aguas’ (2018), Concha de Oro del Festival de San Sebastián, que se estrena este viernes en España y es la continuación de ‘La leyenda del tiempo’.

Desconocido al otro lado de los Pirineos, el Pompidou quiere hacer descubrir al público francés el trabajo del realizador catalán a través de una retrospectiva integrada por treinta películas, un autorretrato encargado por el museo (‘Où en êtes-vous?’) y una nueva instalación creada expresamente para el centro parisino de arte contemporáneo titulado ‘Les images échos’, una mezcla imágenes de sus cintas con material inédito.

“Son imágenes que he visto y grabado, que me recuerdan otras imágenes que nunca he visto o grabado. Una forma de sobreimpresión mental”, explica Lacuesta.  

La exposición, que se podrá ver hasta el próximo 6 de enero, convive con dos instalaciones de Naomi Kawase y con la correspondencia fílmica que la cineasta japonesa mantuvo con Lacuesta entre 2008 y 2009. El proyecto sigue la pauta del iniciado por el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (CCCB) con el intercambio entre los directores Victor Erice y Abbas Kiarostami expuesto en Barcelona en el 2016.

“No nos conocíamos realmente más que a través de nuestras películas. Kawase me propuso que le contara quien era yo. Entonces sentí que me invitaba a entrar en su terreno de juego, en un cine más íntimo, más personal. Nos vamos contando quiénes somos y siempre hay ese punto imprevisto de no saber qué te va a responder el otro. Es lo que se ve aquí”, comenta en una charla con El Periódico.

Con su discurso, Lacuesta invita a desviar la mirada multiplicando los puntos de vista, a abrirse al mundo integrando la ciencia y las tecnologías en el proceso creativo, como en Microscopies o Résonances magnetiques (2003). Y en el germen de otras dos películas (Le Cahier d’argile y Pasos Dobles, 2011) está la obra de Miquel Barceló durante su estancia en Mali.

Dice que llega a esos lugares desde el pensamiento de un cineasta, pero que le gusta contagiarse de la visión de los arquitectos, de alguien como Barceló, de pintores o de músicos. “Cuando dialogamos es cuando llegamos a lugares donde solos no llegaríamos. Al final, sin dejar de ser tú, vas encontrando prolongaciones tuyas”, relata.

Un cineasta impuro

Coincidiendo con la exposición, el Pompidou ha editado una obra colectiva sobre el cine de Isaki Lacuesta. En ella, el profesor de la Universidad de Girona Ángel Quintana considera que desde sus inicios, el realizador ha concebido su cine como un trabajo de investigación.

“El cineasta del siglo XXI es un cineasta impuro, no solamente porque desborda el cine para ocupar los múltiples senderos de la creación de imágenes digitales, sino porque dialoga constantemente con otros medios de expresión artística”, dice Quintana.

 “A estas alturas no hay ninguna necesidad de distinguir entre cortos y largometrajes, documental y ficción, formatos y géneros, ya que todo es materia viva, en permanente transformación”, dice Serge Lasvignes, presidente del Centro Pompidou, que en el 2013 ya apostó por abrirle las puertas a Albert Serra, otro cineasta catalán amante de la exploración artística más allá de la imagen.

¿Le dejaría el Pompidou rodar ahora una escena para su próxima película? “No se dan cuenta, pero lo estoy haciendo clandestinamente. Ya se lo encontrarán”, responde Lacuesta.