Javier Fernández carga contra la “pasividad” de los partidos ante el nacionalismo incluido el PSOE

11

El presidente del Principado de Asturias, el socialista Javier Fernández, ha llamado este lunes a apoyar a los no independentistas en Cataluña y su decisión de no seguir “padeciendo en silencio el adoctrinamiento implacable del supremacismo” y lo ha hecho dentro de un discurso cargado de autocrítica por la pasividad o incluso permisividad con la que, desde su punto de vista, los no nacionalistas, el PSOE incluido, contemplaron durante años el avance progresivo del nacionalismo sin ponerle coto.

Fernández ha hecho estas reflexiones durante la conferencia que el ‘Modelo territorial del siglo XXI’ que ha pronunciado en el curso de verano organizado por la Asociación de Periodistas Parlamentarios (APP) en la Universidad Rey Juan Carlos.

El dirigente socialista considera que los no nacionalistas no actuaron a tiempo ante las contínuas “deslealtades” del nacionalismo por temor a ser tachados de “antinacionalistas prematuros” y que, por esa innación son responsables en parte de la situación a la que se ha llegado en Cataluña.

“Hemos llegado hasta aquí porque permitimos que se fuera destruyendo la Transición como narrativa”, se ha lamentado, a la vez que ha subrayado que los nacionalistas fueron colocando sus reivindicaciones en la agenda política ante la permisividad de los no nacionalistas que, en ocasiones pactaban con ellos, y las asumían con total normalidad.

“Sí, hace mucho que el nacionalismo nos empezó a ganar la batalla del lenguaje y lo peor es que lo consiguió por incomparecencia”, ha abundado, porque, según su tesis, los no nacionalistas aceptaron “con naturalidad que pasaran por modernos los que legitiman sus aspiraciones con referencias prehistóricas”.

Entre las cosas que se aceptaron como normales ha citado la existencia de “nacionalistas de izquierdas”, la “sobrelegitimación” del discurso soberanista o que utilizaran su poder institucional “en un proceso de nacionalización intensiva mientras reducían a España a una simple estructura administrativa”.

A su juicio, ahora ya está claro que “el dilema nacionalista ha ganado en claridad” y ya “no hay forma de mirar para otro lado porque definitivamente se ha acabado el nacionalismo de amagar y no dar”. En esta tesitura, según Fernández, hay que empezar por asumir que los independentistas han “quebrado civilmente Cataluña”.

En este contexto, ha puesto al acento en esa fractura de la sociedad catalana y ha subrayado que “afrontar el desafío exige reconocer esa realidad y también que no se trata sólo de que una parte muy relevante se incline hacia el nacionalismo, sino que está inducida, orientada y espoleada por él”.

Por todo ello, ha hecho un llamamiento a apoyar a quienes no comulgan con sus postulados alejando la política del peligroso terreno de las emociones para no dejar a los sentimientos lo que corresponde a la deliberación”.

En este contexto, Fernández considera “una obligación ética” garantizar “que ‘los otros catalanes comparezcan en plano de igualdad en el espacio público catalán” y “apoyar a quienes han pedido el miedo a hablar y ya no van a seguir padeciendo en silencio el adoctrinamiento implacable del supremacismo”.

Respaldar a este sector, ha puntualizado, “no tiene nada que ver con un llamamiento a la confrontación social”, y es la única vía para “dejar claro que los nacionalistas ya no tienen el monopolio de la catalanidad y que se puede defender en castellano la condición de catalán y desafiar la cultura del silencio y el estado de negación de la propia identidad”.

El objetivo debe ser “convencer a la mayor parte de la sociedad catalana de que el Estado tiene propuestas para Cataluña que el independentismo no puede ofrecer”, pero hay que hacerlo con “una pizca de escepticismo” y con el “espíritu autocrítico de quien ya fue engañado una vez”.

“Los que provenimos de una doble tradición internacionalista obrera y universalista ilustrada estamos en condiciones de decirles a los nacionalistas que no les pedimos que se sientan miembros de la nación española sino que sólo pretendemos que sean ciudadanos del Estado Español”, ha señalado.

En este contexto, sostiene que Sánchez tiene la “obligación” de dialogar con el nuevo Gobierno catalán porque “el diálogo entre instituciones es imprescindible, aunque no cree que el propósito del presidente sea “solucionar” el tema catalán y ve “prematuro” pensar que pueda haber soluciones a corto plazo.

Preguntado sobre qué habría que hacer si el diálogo fracasa, ha admitido que es “prematuro pensar que pueda haber soluciones a corto plazo” y ha apostado por ver a qué están dispuestos a renunciar los independentistas. A su juicio, “nada a cambiado” salvo que hay un nuevo Gobierno, el de Quim Torra, que no “ha traspasado la Constitución”. Si lo hiciera, ha apuntado, habría que volver a aplicar el artículo 155.

La reforma de la Constitución ha centrado parte de la intervención de Fernández, quien defiende su modificación para poner fin al, en su opinión “confuso” reparto de competencias y “evitar al vaciamiento del poder central”, aunque rechaza entrar en un proceso recentralizador. “Ningún texto constitucional puede dejar permanentemente en la inconcreción y la ambigüedad la distribución territorial del poder”, ha advertido

No obstante, admite que ahora no es “factible” cambiar la Carta Magna porque existe en las Cortes “una alta proporción de diputados que o bien están en abierto desacuerdo con los valores constitucionales o simplemente sólo se comprometen con unos territorios concretos, ajenos cuando no hostiles a cualquier dinámica de integración”.

Lo que sí se puede cambiar, desde su punto de vista, es el sistema de financiación autonómica, por lo que ha pedido a Sánchez que, dado que tiene intención de agotar la legislatura, reúna al Consejo de Política Fiscal y Financiera para intentar avanzar. “No sé si se llegará a un acuerdo o no, pero no se puede estar dos años sin tocar este asunto”, ha explicado.

Respecto al Cupo vasco, Fernández ha destacado que, además de constitucional debería ser “neutral a efectos financieros si se realizara como se debería” y ha confesado que es incapaz de decir si el cálculo del coste de las competencias no transferidas al País Vasco se hace “bien o mal” porque no es transparente.

Lo que sí tiene claro es que Euskadi está “sobrefinanciada” y que se tendrá que corregir la “falta de contribución de la Hacienda vasca” al resto porque, por ejemplo, actualmente sólo aportan un 6% al Fondo de Compensación Interterritorial.