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Joan Mas: “Si no hay un cambio generacional en el público será la muerte del Jamboree”

La promotora Mas i Mas celebra 25 años al frente del Jamboree, histórico club de jazz y discoteca de Barcelona, con una serie de conciertos especiales a lo largo de diciembre. Hoy y mañana (20 y 22 horas) la cantante Txell Sust y el August Tharrats Trio inauguran el ciclo ‘Jamboree & San Miguel. 25 years together’ en la sala que dirige el empresario Joan Mas.

En 1993 usted y sus hermanas se hicieron cargo del Jamboree. ¿Por qué?
Crecí con el mito del Jamboree de los 60. Todo el mundo decía que había sido el mejor club de la historia. Cuando reabrió en 1992 me hizo mucha ilusión, pero no iba bien. La Plaça Reial aún arrastraba mucha mierda de los 80, la droga… Yo ya tenía La Bôite, que iba como un tiro. El propietario del Jamboree, el abogado Javier Cámara, me dijo que sería una pena que se lo quedase otro y se perdiera el jazz, así que se lo compré y empezamos con las actuaciones y la discoteca.

La sala siempre ha tenido esa doble vida.
Son la misma cosa. Si el primer Jamboree pasó a la historia, más que por el jazz, fue por su modernidad, porque aquí venía gente a disfrutar con la música, a bailar y a relacionarse con el sexo contrario o con el mismo, que en Jamboree siempre ha habido de todo. Y en el fondo es nuestra filosofía. Cuando abrimos, Mario Rossy, gran amigo mío y gran músico, me dijo que con la discoteca destrozaría la catedral del jazz. Incluso organizó una protesta en la plaza de Sant Jaume.

Desde que reabrió el Jamboree, en Barcelona apenas han aparecido nuevas salas que programen jazz diariamente.
Está el Milano, por ejemplo. Pero hay pocas y prácticamente ninguna programa músicos internacionales con regularidad.

Por qué cuesta tanto?
Por muchos motivos. El primero la Corona, que ya con los Austrias prohibió el baile y aún hoy en Barcelona legalmente no se puede bailar en un restaurante. Colau ha intentado que se haga música acústica en bares, cosa que está muy bien pero que tiene muchos puntos oscuros en términos legales. Porque la legislación estatal hace que de forma totalmente legal solo se puede hacer música en una sala de fiestas. Y luego hay algo fundamental.

“Solo hay dos formas de contratar a un músico: ilegalmente y legalmente. Y somos el país en el que contratar legalmente a un músico es más caro”

¿Qué es?
Solo hay dos formas de contratar a un músico: ilegalmente y legalmente. Y somos el país del mundo en el que contratar legalmente a un músico es más caro y más complicado. Hay una ley que no permite a los músicos ser autónomos.

El Jamboree es de los pocos locales de Barcelona que contrata laboralmente a los músicos.
Yo lo hago, los demás no sé lo que harán. En la música en vivo todos hacemos lo que podemos. Y lo que se haga, bien está. Lo impresentable es lo que hace el Estado. Es impresionante que los partidos no se pongan de acuerdo y lo arreglen. Este es el país turístico con menos música. Y si solo fuera la música…

¿Qué relación tiene con la administración?
Con Mascarell, que estuvo 20 años en Cultura del Ajuntament, y a quien tengo mucho aprecio, te reunias, te decía que todo muy bien, y no hacía nada. Jordi Hereu, que era un tío muy válido, cerró La Bôite y La Paloma. Y ahora hay gente que no sabe nada de música y tampoco hace nada. Yo no pido que gasten dinero, solo pido que ayuden a no desmontar lo que existe.

“Cuando abrí el Jamboree había un público joven y otro de 60, 70 años. Ahora, aquellos jóvenes ahora se han casado, tienen hijos y no salen”

¿Cómo es el público de jazz de la ciudad?
Cuando abrí había un público joven y otro de 60, 70 años, que era la vieja escuela del antiguo Jamboree. Esa generación ya no está. Y aquellos jóvenes ahora se han casado, tienen hijos y no salen. Estoy apretando para que venga un público nuevo, porque si no consigo hacer un cambio generacional, como sí he hecho siempre con la discoteca, será la muerte de los conciertos del Jamboree.

En el Jamboree había conciertos de jazz cada noche. Desde el año pasado, hay varias noches temáticas. 
Al principio teníamos una estructura parecida. Va muy bien porque la gente es muy de rutinas. Por eso los lunes hay jam sessions, que traen a gente muy joven, lo domingos hacemos swing y blues, y los jueves tenemos soul con Clarence Bekker, que es uno de los grandes cantantes que hay en la ciudad por su potencia y por su capacidad de conectar. 

¿Entonces, no es una claudicación?
Mi padre, que tiene 95 años y es un gran filósofo, dice que la felicidad está en el orden. Dar puntos de referencia aclara la oferta, y ahora cuesta mucho llegar a la gente. Hay poca afición, pero seguimos bien posicionados. Por aquí han pasado todos los buenos músicos del jazz. Excepto las grandes figuras a quienes sus mánagers no dejan tocar en clubes. Aun así he tenido a gente como Elvin Jones, que venía a pesar de las amenazas.  

“Por aquí han pasado todos los buenos músicos del jazz. Excepto las grandes figuras a quienes sus mánagers no dejan tocar en clubes”

¿De sus propios mánagers?
De la industria, que quiere que toques en festivales porque ahí hay dinero para todos. Elvin Jones, Art Farmer. Esos clásicos eran gente de clubes. Y al revés de lo que pueda parecer, los jóvenes de ahora están más acojonados. Están en manos de mánagers que solo buscan dinero fácil. Pero para mantenerse toda la vida, el músico de jazz tiene que hacerse un nombre en los clubes, y de vez en cuando, ir a festivales. Un Brad Mehldau, ¿cuándo lo ves en clubes, como antes? Tendría que tocar en el Jamboree, pero ahora si quiere volver, igual ya no le dejo (se ríe). Esto no es jazz. Y no por la música, sino por el espíritu con el que lo tocan.

¿Con qué noches se queda de estos 25 años?
Las últimas de Elvin Jones. O las de Lou Bennett, que era un hombre encantador. La última de Tete Montoliu, en que discutimos, porque Tete tenía una mala leche de cojones. Pero era la persona con la conversación más interesante que he conocido. Ha habido muchas, porque la música tiene algo… Iba a hacer un símil pero no lo haré.

¿Cuál?
Yo he visto muchas corridas de toros y he disfrutado muchísimo, aunque me parece muy bien que se hayan prohibido. En los toros hay días aburridísimos y días en los que se te pone la piel de gallina. Pues la música tiene una virtud: siempre pasa algo, y a veces, se te pone la piel de gallina.