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Jordi Llopart: «En Cataluña me pusieron la cruz porque dediqué mis éxitos a España»

El 30 de julio de 1980, Jordi Llopart (El Prat de Llobregat, 1952) cruzaba la meta por detrás del alemán Hartwig Gauder en la prueba de los 50 kilómetros marcha para entrar en la historia del deporte español al convertirse en el primer atleta en conseguir una medalla olímpica. Eran los Juegos Olímpicos de Moscú, que consolidaban a Llopart como una leyenda tras el oro logrado dos años antes en el Europeo de Praga.

Cuarenta años después de aquella histórica plata, Llopart ha sufrido la vida como el corredor que solo nota el golpeo de su zapatilla sobre el asfalto y el sonido de su respiración. Sin nadie más. Solo y desprotegido. La efímera fama tras colgarse el metal no le ha acompañado en los años posteriores. El atleta pertenece a esa generación anterior al «boom» de Barcelona 92. Logró su éxito con mucho tesón y pocas ayudas económicas. Estos últimos años ha subsistido con 426 euros mensuales de paro sin que nadie le ayudara a pesar de ser una leyenda para este país.

—¿Qué recuerdos tiene de aquella medalla?

—Los de siempre. El momento de la competición y, sobre todo, la ayuda de mi padre Moisés.

—¿Por qué la marcha, con lo peculiar que es?

—Mi padre era entrenador de atletismo y cuando me veía correr me decía: «Tú eres una patata».

—Pero de ahí a dedicarse a la marcha…

—Eran los años setenta, los mexicanos dominaban la marcha y realizaban giras internacionales para exportar su técnica a Europa. En una de esas giras me vio el entrenador Jerzy Hausleber, un revolucionario de la marcha. Le preguntó a mi padre: «¿Quién es este chaval que marcha tan bien? Dígale que se venga a México conmigo».

—Así empezó todo…

—Sí. Allí me entrené para los 20 kilómetros. Y en marzo de 1978, en Reus, gané el Campeonato de España de marcha y batí el récord nacional por nueve minutos. A partir de entonces, me dediqué a los 50. Y volví a México para preparar el Campeonato de Europa en Praga, donde conseguí el oro.

—Precisamente, antes de esa primera plata histórica en los Juegos de Moscú llegó el no menos histórico oro en Praga, en 1978.

—Sí. El Europeo era el sueño cumplido y dos años después, la medalla de plata era el deber cumplido.

—¿Aquel oro le supuso presión a la hora de afrontar los Juegos de Moscú?

—La obligación era mía personal. Pero no me sentí presionado. Era un placer.

—¿Cree que se lo han reconocido suficientemente?

—Me lo han reconocido las personas que me quieren y los medios de comunicación que me quieren.

—Pero esa respuesta implica que hay quien no se lo ha reconocido…

—Siempre han tenido buenas palabras por parte del Gobierno español, he tenido una ayuda por parte del Comité Olímpico Español pero por parte de Cataluña no he tenido nada.

—¿Y eso por qué cree que ha sido?

—Cuando llegué aquí tras ganar la medalla de oro en Praga y dije que le dedicaba el campeonato de Europa a España, Cataluña me puso la cruz negra. Dijeron que Jordi Llopart decía lo que le dictaba la Federación española.

—¿Es un precio caro?

—Yo se lo dedique a España. ¿A quién representaba? Pues ya está.

—Muchas veces se habla de la soledad del corredor. ¿Usted se ha sentido solo también en la vida?

—Sí. Me he sentido poco querido.

—¿También olvidado?

—Tengo 68 años, tengo cuatro hijas, dos de ellas pequeñas de mi segundo matrimonio, y cuatro nietos. Y ya está. Lo que quiero es tirar la vida hacia adelante y no vivir de recuerdos porque si no tendría que venderme la casa e irme de alquiler.

—¿Se arrepiente de haber dedicado a España su oro en Praga? ¿Cambiaría algo?

—No. Estoy muy convencido de todo lo que hice.

—¿Cree que se ha olvidado ese primer éxito en el atletismo español conseguido por usted hace 40 años?

—No. Nadie se ha olvidado. Sobre todo Madrid. Nadie me ha olvidado en Madrid. Toda la prensa de Madrid me ha llamado para rememorar aquel éxito… Y la Federación me hizo una entrevista para su web.

—Hace cinco años denunció una situación personal grave, en la que explicaba que estaba en paro y subsistía con 426 euros de la prestación. ¿Ha mejorado?

—No ha cambiado para nada. Estoy jubilado y tengo una pensión de poco más de 700 euros. Llamé a todas las puertas aquí en Cataluña y me decían: «Ay Jordi, que ahora no es el momento», «Ay Jordi, es que con tu edad…», «Ay Jordi…». No lo entiendo. Yo tengo mis estudios y mi sapiencia. Hablo seis idiomas y he sido entrenador de todo. «No es el momento, no es el momento». Cuando quisieron, políticamente, me utilizaron. ¡Me u-ti-li-za-ron! ¡los políticos de Cataluña!

—Me deja de piedra.

—Ni tengo trabajo ni tengo nada. Tengo una mísera pensión de setecientos y pico euros y nada más. Pero ya he llorado mucho. No quiero llorar. Solo quiero descansar. Por eso me he confinado en casa.

—¿Cómo se le explica esto a un chaval?

—A un chico joven no se le tiene que explicar esto. Solo que si le gusta el deporte que disfrute y no sea un sacrificio y ya está. Lo que me ha pasado a mí o cómo me han tratado prefiero que no lo sepa el chaval. Lo único que quiero es que se dedique y no sea un sacrificio sino, como decía mi padre, un espíritu de sacrificio.

—Pero a usted le aplaudieron 40 millones de españoles y ahora le han abandonado. ¿Cómo sobrevive a ello?

—Para sobrevivir solo necesito pan y agua.

—¿Qué le falta a esta sociedad, memoria, valores…?

—Cada cual va a la suya y le importa un bledo lo que le pase al otro, hayas sido lo que hayas sido o seas lo que seas.

—¿Cambiaría por algo su medalla?

—No, por nada.

—¿Algún proyecto en mente?

—No. Estoy jubilado y estoy confinado.

(ABC)