Inicio Actualidad Jucio al “procés” La «mani» más numerosa: los 700 periodistas

Jucio al “procés” La «mani» más numerosa: los 700 periodistas

El reloj apenas marcaba las 8:30 y por la madrileña plaza de Colón comenzaban a verse las primeras banderas. De España y esteladas, porque el inició del juicio del procés trajo consigo dos manifestaciones totalmente opuestas en las inmediaciones del Tribunal Supremo. Así, mientras por una acera de la calle Génova dos señoras portaban una enseña nacional con el lema “Cataluña es España”, en la otra un hombre levantaba un cartel en el que se leía “Llibertat presos politics”. En medio, una hilera de policías evitaba que ambas protestas se juntasen. Arrancaba así un día histórico y un juicio que ha generado una expectación nunca antes vista. De hecho, a poco más de cien metros, en la entrada principal del Supremo, había otra especie de concentración, la de los medios de comunicación que iban a cubrir la vista, con cerca de 700 periodistas acreditados y decenas de cámaras en la calle a la espera de que llegasen los acusados, los políticos y las acusaciones.

Era tanto el interés por cubrir el juicio que sólo para entrar, los informadores tuvieron que aguardar más de una hora para poder acceder a alguna de las salas habilitadas para seguir el proceso. Y junto a ellos, ciudadanos de a pie que aguardaron la fila bajo un intenso frío con el único fin de poder ver en directo el juicio contra los independentistas catalanes. Pudieron entrar unos 40, entre los que había estudiantes de Derecho o simples ciudadanos. Y había quien ya calentaba antes de entrar, aplaudiendo en plena calle a los agentes que custodiaban la zona al grito de “Viva la Policía Nacional” o dando las gracias y vitoreando al líder de Vox, Santiago Abascal, cuando llegó a la zona. Pero también silbando y llamando “golpista” al presidente de la Generalitat, Quim Torra, cuando se bajó del coche en la puerta del Tribunal. Allí, en la calle, estaba la noticia antes de que comenzase la primera jornada del juicio.

Uno de los primeros en llegar fue el ex consejero Santi Vila, acusado pero en libertad. Entró rápido y prácticamente sin llamar la atención, todo lo contrario que Torra, quien fue recibido con abucheos e insultos. Con un lazo amarillo en la solapa, se dirigió al interior del edificio, donde fue recibido por el presidente del Supremo, Carlos Lesmes, quien le saludó en su despacho junto al consejero de Territorio catalán, Damià Calvet, y el delegado de la Generalitat en Madrid Ferran Mascarell. Poco a poco, los otros acusados en libertad, Meritxell Borrás y Carles Mundó, hicieron su aparición en la plaza, aunque al igual que Vila, accedieron con rapidez al Supremo.

Pero sin duda, uno de los que más atención acaparó fue Abascal, quien literalmente fue engullido por cámaras y periodistas. Su llegada estuvo rodeada de aplausos y gritos de “¡Viva España!”. Según dijo, “los separatistas han desafiado la unidad de España ante la inacción del Gobierno”, porque “en España han fallado los políticos y lo único que ha funcionado han sido los tribunales, la Fiscalía y la Corona”. Para el líder de Vox, partido que ejerce la acusación popular y que “solicita las penas más altas” para los acusados, la demostración de que “el golpe de Estado en Cataluña sigue vivo” es que “Quim Torra está entre el público y no en el banquillo”. Tras librarse de la nube de medios, Abascal, junto a los abogados Javier Ortega y Pedro Fernández, se dirigió a la puerta por la que entra el público, aunque al final no accedió al interior.

Casi al mismo tiempo llegaba el portavoz del Grupo Vasco en el Congreso de los Diputados, Aitor Esteban, quien considera que los cargos que se les imputan a los doce acusados “no tienen sentido. Hablar de golpe de Estado cuando no ha existido violencia no tiene ni pies ni cabeza”, dijo. Es por ello que el dirigente del PNV no dudó en afirmar que “esperamos que sean puestos en la calle sin cargos”.

Y mientras Esteban hablaba, llegaban los familiares de algunos de los presos, como la mujer de Raül Romeva o la pareja de Jordi Sánchez, quienes denunciaron que les habían querido impedir el paso por un control policial. Poco les duró la queja, ya que a los pocos minutos ya estaban dentro del Supremo. Al que no dejaron entrar por no estar acreditado fue al diputado de ERC, Gabriel Rufián. De fondo, los gritos de las dos concentraciones se solapaban y lo que llegaba a las puertas del Tribunal eran apenas unos murmullos y el ruido de algún silbato.

Y dentro, el panorama era casi como en el exterior. Los cientos de periodistas se agolpaban en la biblioteca y en las diferentes salas que se han habilitado para seguir el juicio a través de televisiones o pantallas gigantes. Dossieres en varios idiomas, cables por todos lados y ruido de teclados. Fuera, todavía quedaba una quincena de ciudadanos que quería acceder como público, “aunque entremos con ello empezado”, decían con una sonrisa.

A las 14:00, la vista se suspendió para comer y, de nuevo, el caos se apoderó del Tribunal, pues los cientos de asistentes querían salir a la vez. Una proeza que se prolongó durante más de 20 minutos. Los grandes beneficiados de este receso -y del juicio en general- son los restaurantes y bares de la zona, totalmente repletos. De hecho, desde días antes sus dueños ya preguntaban los horarios y las paradas que estaban previstas hacer para poder preparar la comida. Incluso alguno se quedó sin tortilla antes de las 12:00 horas.

Con la gente comiendo, la plaza en la que se encuentra el Supremo fue el escenario de otra manifestación, aunque en esta ocasión no tenía nada que ver con el procés. Eran los funcionarios de prisiones, que exigían mejoras en sus condiciones laborales y la dimisión del ministro del Interior. Un fuerte dispositivo policial impidió que se registraran incidentes.

El juicio se reanudó a las 16:00 y continuaron las cuestiones previas con las intervenciones de los abogados de los acusados. A las 18:40, el juez Manuel Marchena dio por finalizada la primera jornada del juicio. Las pantallas y los micrófonos se apagaron, pero de fondo seguía el ruido de los teclados de los cientos de periodistas que hoy volverán a abarrotar el Supremo.