Karam Nachar: “La derrota del EI no llevará la paz a Siria”

La derrota militar del autoproclamado Estado Islámico (EI) no llevará la paz a Siria. Quedarán numerosas milicias, tanto del régimen como de la oposición, que seguirán luchando entre ellas durante años. Bashar el Asad se mantendrá en el poder. Este es el negro futuro que esboza Karam Nachar (Alepo, 1982) en conversación con La Vanguardia durante su reciente estancia en Barcelona en unas jornadas organizadas por el Cidob y el Ayuntamiento de Barcelona.

Nachar es una muestra de la oposición civil pacífica siria, profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad de Isik, de Estambul, y director ejecutivo de Al Jumhuriya Collective, plataforma en internet que publica información y análisis sobre la situación de Siria y de la región.

“Mi país será otra Chechenia, gobernada por las milicias iraníes, Hizbulah y el ejército sirio bajo control ruso”

Ante esa previsión ya es realidad en Damasco la espera en la línea de salida de los empresarios de todo el país que cuentan con beneficiarse de los grandes contratos para la reconstrucción del país. “Mis amigos que están en la oposición, pero que no lo han mostrado públicamente y pueden entrar y salir del país, cuentan que Damasco está recuperando una vida bastante normal –dice Nachar–. No hay bombardeos, prácticamente no hay controles militares en las calles y los restaurantes están llenos.

“Pero –advierte este opositor– es un Damasco diferente, en el que no reconocen a la gente que ven en los restaurantes de siempre”. Son burgueses de cualquier ciudad siria que esperan su oportunidad para cuando las grandes empresas rusas (se supone que se llevarán el mayor trozo del pastel), iraníes o de otra nacionalidad se hagan con las contratas para rehacer las infraestructuras destrozadas por la guerra. Ellos serían el socio local.

En Alepo, ciudad en la que los padres de Nachar animaron un salón de debate político entre el 2000 y el 2010, ya no hay una guerra declarada. Pero la vida tampoco es pacífica; los partidarios del régimen están luchando entre ellos. La gente siente que no hay ley. Los shabiha, los esbirros del régimen que necesitan recaudar su botín, están imponiendo su ley. No hay policía, hay mucho caos, muchos delitos y mucha gente con armas.

Tampoco en Raqa, recién arrebatada al EI, todo son parabienes, explica Nachar por correo electrónico: “La mayoría de la población considera a las Fuerzas Democráticas Sirias una milicia kurda de ocupación. La ciudad está empapelada con fotos de Abdullah Öcalan (el líder del grupo armado kurdo PKK condenado a cadena perpetua en Turquía), lo que añade miedo hacia las milicias kurdas por parte de la población árabe”.

Violación tras violación del alto el fuego en las cuatro “zonas seguras” del sudoeste del país acordadas en verano en Astaná bajo el impulso de Rusia, Turquía e Irán así como del enviado especial de la ONU para Siria, Staffan de Mistura, el conflicto armado ha seguido su curso. Es decir, que con la ayuda inestimable de milicias iraníes, el Hizbulah libanés y, sobre todo, la aviación rusa, el régimen de El Asad no deja de ganar terreno.

Ante esta perspectiva Nachar niega que pueda llegarse a una transición pactada manteniendo al presidente en el poder: “¿Cómo piensan que va a negociar ahora que está ganando cuando no lo hizo cuando estaba perdiendo? ¿Cómo pueden participar los sirios, sin miedo, en elecciones si El Asad sigue en el poder y se le permite presentarse? ¿Cómo se sentirán seguros si su ejército todavía está allí, si los mujabarat (servicios secretos) están por todas partes? ¿Cómo podrán tener la seguridad para volver los refugiados cuando figuras clave del régimen dicen en la televisión que los meterán en la cárcel en cuanto lleguen? El mundo quiere convencerse de que puede sacarse algo de negociar con El Asad. No van a sacar nada. Lo que significa que la guerra no se acabará porque ahora es un problema para el mundo; hay millones de refugiados que no pueden volver mientras él esté en el poder”.

Las manifestaciones públicas del régimen en Siria requieren interpretación. “Cuando Rusia y el régimen sirio hablan de solución política, de hecho, lo que quieren es una réplica de la catástrofe de Alepo: seguir bombardeando, seguir matando gente hasta que salga todo el mundo. La oposición armada –explica Nachar– está diezmada y la zona bajo su control totalmente destruida, la gente está sometida o aterrorizada y se rinde. O se marchan como refugiados. El mundo mira y no hace nada”.

Con tristeza este refugiado de lujo reconoce que el momento para una intervención directa del mundo democrático pasó hace años, aunque ahora no debería legitimar que Rusia controle la región y ya haya colonizado el país. “Siria se convertirá en otra Chechenia, gobernada por las milicias iraníes, las de Hizbulah, el ejército sirio y, por supuesto, bajo el control militar ruso”, añade.

Las dificultades no han arredrado totalmente a la oposición interna. Aunque no puedan mostrarse públicamente, siguen en contacto con los grupos del exterior ahora que están más organizados.

Al Jumhuriya lleva tres años concediendo 16 becas para formar a jóvenes como periodistas o escritores. Ocho son seleccionados de entre los que se encuentran en Siria y otros ocho, en el exilio de entre 300 candidatos. Aparte de las lecturas que les envían como material de trabajo, la formación incluye una estancia en Líbano para participar en talleres. En esta plataforma de oposición, cuyo sitio está bloqueado para los servidores desde Siria, están sorprendidos por la valentía de los jóvenes que osan solicitar la ayuda desde zonas controladas por el Gobierno, aunque utilicen pseudónimos, naturalmente. Y apenados por su deseo de salir del país en busca de una oportunidad. “Siria está acabada”, sentencia Nachar.

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