Kim llega al sur y Moon pisa el norte

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Fue un pequeño paso para Moon Jae-in y esperemos que un gran paso para la pacificación de la península. Kim Jong-un había cruzado al sur superando el bordillo que separa las dos coreas y ambos habían posado ya para la prevista foto del primer líder norcoreano que se adentra en terreno aún enemigo. Y entonces, con las manos agarradas y en un arrebato al margen del protocolo en una ceremonia coreografiada al milímetro, le preguntó a su homólogo si quería ir al norte. Ambos traspasaron el bordillo en sentido contrario y repitieron la foto con el primer presidente surcoreano que se adentra en terreno aún enemigo desde 2007. La escena fue recibida por los periodistas surcoreanos en la sala de prensa con aplausos y alguna lágrima.

La cumbre presidencial coreana empezó con complicidades, sonrisas, bromas y palmadas en la espalda. Sorprende la naturalidad de Kim Jong-un, un líder treintañero y aislado del mundo que hoy se enfrentaba a la segunda reunión internacional tras seis años de reinado. El mundo discute si sólo pretende ganar tiempo en un contexto económico complicado o se ha propuesto introducir a su país en la ortodoxia global. Su puesta en escena subraya su campaña de presentarse al mundo como un líder comme il faut que defiende la paz y está a punto de desembarazarse de su arsenal nuclear.

Los dos presidentes se acercaron a la Casa de la Paz de Panmunjom, en la orilla meridional del paralelo 38, escoltados por la Guardia de honor. “Una nueva historia empieza ahora, un punto de inicio en la era de la paz”, escribió Kim en el libro de visitas. La reunión matutina concluyó sin resultados relevantes y con la revelación de las invitaciones cruzadas de visitar Pyongyang y Seúl. Tras el receso para el almuerzo, ambos discutirán los espinosos asuntos de la desnuclearización de la península y el tratado de paz.