Inicio Actualidad La amenaza de un coalición comunista en Iberoamérica

La amenaza de un coalición comunista en Iberoamérica

El período de diez años que abarca desde 1999 hasta el 2009 es conocido como «la década dorada» del Foro de Sao Paulo -catorce presidentes iberoamericanos pertenecientes a esa organización estaban en ejercicio- y fue el momento ideal para tomar el control de todas las instituciones multilaterales, como la OEA y UNASUR, y para crear otras nuevas, como el CELAC y el ALBA.

Entonces, el objetivo de los cubanos y de Hugo Chávez era asegurar el control definitivo de la región a través de reformas legales y cambios constitucionales que hicieran del socialismo el sistema permanente de Iberoamérica, sin posibilidad de ser modificado.

Sin embargo, la destitución de Manuel Zelaya en Honduras en 2009, así como los impeachment o señalamientos contra Fernando Lugo en Paraguay y Dilma Rousseff en Brasil, así como las sucesivas derrotas electorales que sufrió el Foro de Sao Paulo en Chile, Argentina, Uruguay y Ecuador postergaron el ansiado plan de establecer la Unión de Repúblicas Socialistas del Sur, la URSS iberoamericana.

Pero con los recientes triunfos obtenidos en Perú, Honduras y Chile, el Foro de Sao Paulo –y sus nuevas franquicias, el Grupo de Puebla y la Internacional Progresista– pretenden reactivar el viejo proyecto castrista de hacer del socialismo el sistema permanente de Iberoamérica, para lo cual primero tendrían que concretar los triunfos electorales de Gustavo Petro en Colombia y de Lula de Silva en Brasil.

De llegar ambos a la primera magistratura en sus respectivas naciones, el Foro de Sao Paulo sufriría una metamorfosis –digamos un ascenso o “upgrade”- para convertirse de lo que es actualmente -una asociación de partidos políticos- en una poderosa coalición de gobiernos de izquierda, trabajando al unísono para imponer su proyecto al resto de la región.

El Foro de Sao Paulo, tal como lo conocemos hoy, bajo la dirección de la brasileña Mónica Valente, quedaría como un organismo de adorno, casi folclórico, destinado básicamente a difundir propaganda, mientras que el verdadero poder sería ejercido por el club de presidentes comunistas.

Los gobiernos de Ecuador, Paraguay y Uruguay –débiles, aislados y ante la indiferencia del Departamento de Estado– no podrían soportar la embestida de dicha coalición, que, sin duda, se encargaría de apoyar financiera y políticamente a los próximos candidatos marxistas en esas tres naciones.

Llegado a este punto, quienes nos dedicamos a denunciar al Foro de Sao Paulo, mayormente fundaciones, asociaciones civiles, periodistas y personalidades, tendríamos la dura tarea de enfrentar a un sólido equipo de gobiernos –con el control adicional de la OEA, UNASUR, el CELAC y el ALBA– que se dedicaría a criminalizar y a perseguir internacionalmente a sus adversarios, como actualmente hacen internamente los regímenes de Cuba, Nicaragua y Venezuela.

Se trata de un áspero y duro escenario que quisiéramos evitar a toda costa, pero para impedirlo es indispensable anticiparse y entender que solo puede prevenirse logrando que las fuerzas democráticas salgan triunfantes en las elecciones de Colombia y Brasil. 


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