Inicio Actualidad La amnistía a separatistas que acabó con un imperio: Austria-Hungría, 1917

La amnistía a separatistas que acabó con un imperio: Austria-Hungría, 1917

Proclamacón de la independencia checa en Praga (1918)

Ya vimos en su momento como las amnistías políticas colectivas e indultos siempre han sido contraproducentes en la historia contemporánea de España. Lo mismo ha ocurrido en la historia de otras naciones.

Un caso claro fue lo sucedido en el imperio Austro Húngaro durante la Primera Guerra Mundial. El imperio Austro Húngaro, donde reinaban los Habsburgo, fue aliado de Alemania en la Primera Guerra Mundial. El imperio era una compleja unión entre dos naciones, Austria y Hungría, las cuales, a su vez, mantenían su dominio sobre otros pueblos, como los checos, zonas de Polonia y zonas del norte de Italia, así como los eslovenos, en el caso de Austria y los croatas, eslovacos y zonas de Rumanía, en el caso de Hungría.

Esto generaba fuertes tensiones étnicas, pues todos esos pueblos exigieron progresivamente recibir también regímenes de amplia autonomía política que los equiparasen a las «naciones dominantes», Austria y Hungría.

El mayor desafío para los Habsburgo provino del nacionalismo checo. Chequia o Bohemia, había sido un reino independiente en la Edad Media, pero a partir de la baja Edad Media se unió al Sacro Imperio Romano Germánico. Los reyes de Bohemia llegaron a ser emperadores del Sacro Imperio durante algunos periodos. Bohemia perteneció al Sacro Imperio durante siglos (aunque protagonizó una importante sublevación, a principios del siglo XVII, que acabó fracasando) y después, al imperio Austro Húngaro, sucesor histórico del Sacro Imperio.

A finales del siglo XIX despertó el nacionalismo checo. Como siempre, la cuestión lingüística fue la que lo envenenó todo y sembró el odio entre pueblos que siempre habían permanecido unidos.

Los diputados nacionalistas checos y eslovenos en el Reichsrat, el Parlamento austriaco, en Viena, empezaron a exigir que sus respectivos idiomas fueron los únicos oficiales (en vez del alemán) en la enseñanza y en la administración pública en sus territorios. Como el gobierno austriaco dependía en el Parlamento de estos partidos para la aprobación de los Presupuestos, finalmente en 1897 el gobierno austriaco autorizó que el checo fuera el idioma único de la administración y la enseñanza en Chequia (y el esloveno en la enseñanza), por el llamado Decreto Badieni (por el nombre del primer ministro del Imperio)

Esto motivó la indignación de los austro alemanes, que entendieron que a partir de entonces la numerosa población alemana étnica que vivía en Chequia iba a quedar completamente discriminada (pues los checos hablaban alemán pero los alemanes no hablaban checo) Se produjeron multitudinarias manifestaciones en Viena, encabezadas por el líder pangermanista de Austria, Georg von Schonerer (a quien posteriormente Hitler, reconocería haber sido su ídolo político cuando de adolescente el futuro Fuhrer vivía en Viena), en la que los austro alemanes exigían la revocación del decreto.

Finalmente, el gobierno austriaco se echó atrás y en 1899 revocó el decreto Badieni, pero entonces fueron los checos los que se indignaron y se produjeron grandes manifestaciones en Praga. En realidad, el alemán siempre había sido el idioma de la cultura en Chequia y se usaba tanto como el checo (Kafka, el mayor escritor checo, por ejemplo, que vivía en Praga a principios del siglo XX, escribió toda su obra en alemán). Pero indudablemente el nacionalismo checo trató de desterrar progresivamente el idioma alemán del territorio de Bohemia y Moravia, la actual República Checa.

Todo ello provocó un aumento y una radicalización del nacionalismo checo, en los primeros años del siglo XX. Ya en la Primera Guerra Mundial, la complejidad política aumentó cuando dos antiguos diputados checos en el Reichsrat, Thomas G Masaryk y Eduard Benes, se exiliaron en 1915 y huyeron a los países Aliados, donde fundaron un gobierno checo independiente en el exilio, mientras llamaban a destruir el imperio Austro Húngaro y destronar a los Habsburgo.

Masaryk sobre todo, resultó ser un político de una gran habilidad. Alto grado de la masonería, que le abrió las puertas de los gobiernos aliados, llegó a desplegar una considerable influencia sobre los gobiernos francés, británico y norteamericano para que éstos aceptasen una Checoslovaquia independiente y la destrucción del imperio Austro Húngaro, como uno de sus objetivos de guerra. Masaryk aseguró en privado al gobierno francés que ello significaría un paso decisivo hacia la eliminación de la influencia católica en Europa.

A finales de 1916, tras la muerte del anciano emperador Francisco José, subió al trono su sobrino nieto, el emperador Carlos de Habsburgo, que iba a ser el último emperador de Austria Hungría.

Carlos y su esposa la emperatriz Zita eran sinceramente católicos, de hecho, Carlos fue beatificado en nuestros días por Juan Pablo II (cuyo padre había sido oficial del ejército austro húngaro) pero en política Carlos se mostró notablemente ingenuo en algunas ocasiones.

Uno de los asuntos principales que se planteaban al nuevo emperador cuando subió al trono era la cuestión de los políticos checos procesados por alta traición. Casi 100 políticos y diputados checos, incluyendo al líder de los nacionalistas «moderados», el doctor Kramar, estaban procesados y pendientes de juicio por haber defendido la independencia o la posibilidad de ésta si el Gobierno de Viena no accedía a las demandas checas de amplia autonomía.
Tras mantener algunas entrevistas con diputados checos, el emperador fue convencido por éstos de la necesidad de amnistiar a todos los políticos checos procesados, a pesar de que algunos de ellos estaban en contacto con Masaryk. El primer ministro Seidler, también era partidario de la amnistía, convencido de que la amnistía causaría una magnífica impresión en Chequia, la reconciliaría con la Corona y alejaría a los checos de radicales como Masaryk.

El 2 de julio de 1917 el emperador promulgó por decreto la amnistía que incluyó a todos los políticos procesados y además a cientos de soldados, muchos de ellos checos o serbios de Hungría, que habían sido juzgados por Consejos de Guerra por intentar desertar.
La medida fue muy polémica. El ejército y muchos diputados austriacos alemanes estaban en contra por considerar que sería enormemente contraproducente y daría alas al nacionalismo checo. También el ejército alemán, aliado de Austria Hungría, estaba en contra. Incluso la emperatriz Zita estaba en contra. También se oponía el ministro de Asuntos Exteriores de la monarquía, el conde Ottokar Czernin, quién era checo, pero checo legitimista, y que precisamente por conocer el nacionalismo que había en su tierra, estaba convencido de que la amnistía sería contraproducente. Pero el emperador llevó a cabo su decisión, convencido de que sería positiva.

El resultado, sin embargo, dio la razón a los escépticos. Lejos de moderar sus posiciones, los diputados checos firmaron un manifiesto en enero de 1918, exigiendo a la Corona la soberanía total checa, todavía dentro del Imperio, pero éste tenía que convertirse en trialista, o sea Austro Húngaro Checo. En realidad, Bohemia o Chequia ya tenía un régimen autonómico, pero ahora sus diputados exigían una auténtica soberanía. Además, a lo largo de 1918 la deserción de soldados checos del ejército austro húngaro se multiplicó. Tanto, que Masaryk organizó con ellos una «Legión Checa» dentro del ejército francés. Resultó obvio que la amnistía no había cumplido los propósitos del emperador y el primer ministro y había agravado los problemas.

En el otoño de 1918 finalmente se derrumbaron las posiciones militares de Alemania y sus aliados, ante la superioridad aliada al haber entrado en guerra los Estados Unidos.

El imperio Austro Húngaro empezó a venirse abajo y de nada sirvieron las ofertas de última hora del emperador de amplia soberanía a los políticos checos pues estos viendo el hundimiento de la monarquía y que la independencia estaba muy cerca, no aceptaron ninguna.

El 29 de octubre de 1918 los diputados checos declararon la independencia en Praga, celebrada por miles de personas en la capital checa, y cuyo primer acto simbólico, por cierto, fue el derribo de la columna de la Virgen, que presidía la parte antigua de la monumental ciudad. Estatua colocada por los Habsburgo, tras el fracaso de la rebelión checa protestante de 1620. No es casualidad que la bandera checa tenga triángulo lateral, símbolo reconocidamente masónico, como el de la bandera cubana, o su copia, la «estelada» separatista catalana. Aunque distaba de estar claro que la mayoría de los checos deseasen la independencia y romper el imperio, los políticos optaron por los hechos consumados.

Se proclamó también en esos días la República en Hungría y finalmente en Austria. El emperador abdicó y se derrumbó la monarquía. De las cenizas del imperio Austro Húngaro saldrían numerosos estados, aparte de las nuevas repúblicas austríaca y húngara, las cuales perdieron los países que dominaban. Surgieron así Checoslovaquia, Polonia y Yugoslavia (cuando Croacia y Eslovenia proclamaron también su independencia y se unieron a Serbia)

Los nacionalistas checos, además, lograron su objetivo de unir Eslovaquia a su nuevo estado para formar «Checoslovaquia», pese a que Eslovaquia nunca había estado vinculada a Bohemia (Eslovaquia había sido casi siempre una región de Hungría). Masaryk regresó del exilio y se convirtió en el primer presidente de la república de Checoslovaquia.

Las relaciones entre alemanes y checos siempre fueron complejas. Para muchos alemanes hasta los años 40, Chequia era, en realidad, o debería ser, una región de Alemania, aunque tuviese lengua y cultura propia. El régimen nazi conquistó Chequia, donde impuso una dura ocupación y trató de anexionarla al Reich alemán, mientras daba la independencia a una Eslovaquia satélite. Más tarde, al acabar la II Guerra Mundial, los alemanes que vivían en Checoslovaquia sufrieron también duras represalias y fueron definitivamente expulsados.

Decir que sólo la amnistía de 1917 provocó el hundimiento del imperio Austro Húngaro, sería exagerado, pero es evidente que la política de ceder ante el nacionalismo, en este caso, el checo, política de la cual, la amnistía fue la medida estrella, lejos de ser positiva, fue una de las causas más importantes en el derrumbamiento del imperio.

Por supuesto, es cierto que España y su historia tienen poco que ver con la del complejo imperio Austro Húngaro, que sí era realmente, un estado plurinacional. Tampoco se parecen el piadoso, aunque ingenuo emperador Carlos, con el radical de izquierdas sin escrúpulos que gobierna España actualmente. No obstante, la política de creer solucionar los problemas con los partidos y grupos separatistas cediendo permanentemente ante ellos y considerando que así se moderarán y se resolverán las tensiones, sí se parece.

Y pese a todas las diferencias históricas, parece claro que las dinámicas centrifugas en los últimos tiempos del imperio Austro Húngaro sí guardan inquietantes similitudes con la España actual. De hecho, incluso algún catedrático español ha advertido de la «deriva austro húngara» de la España actual. Una deriva, que, por desgracia, lejos de frenarse, parece que se acentúa. Una deriva preocupante, desde luego, si tenemos en mente el desastroso final del imperio Austro Húngaro.

Rafael María Molina

Categorías:HISTÒRIA I RELATS