Inicio Actualidad La batalla por la tumba de Franco es política, legal y cultural

La batalla por la tumba de Franco es política, legal y cultural

Un macarra de dudosos títulos académicos, ligado familiarmente al negocio de la prostitución homosexual, que gobierna el país sin pasar por las urnas, apoyado por los partidos más descaradamente enemigos de España, uno de ellos abiertamente golpista, más los comunistas estilo venezolano, ha decidido ultrajar la tumba de quien los venció a todos ellos militarmente en 1939 y, después de muerto, cívicamente en 1976.

Pues este conglomerado de partidos formó el frente popular que estuvo muy cerca de disgregar la nación, arrasar la cultura cristiana e imponer algún régimen totalitario. Por eso, su designio constituye uno de los más delictivos ataques imaginables contra España, la verdad histórica y la democracia; y no solo en el plano simbólico, con ser este importantísimo.

Lo nuevo es que tal designio cuenta con la colaboración de la derecha, de la Iglesia y de la monarquía. El tuíter lo he resumido así: En el país de la Puta Respetuosa: la Iglesia respeta al macarra y no a quien la salvó del exterminio. La monarquía respeta al macarra y no a quien la devolvió a España. Los demócratas respetan al macarra y no a quien hizo posible la democracia.

Por consiguiente concluiríamos que no hay nada que hacer, que la partida la tienen ya ganada y consumarán la gran fechoría, eliminando de paso las libertades, avanzando hacia un régimen de tipo chavista-madurista. Sin embargo se trata de una impresión falsa. En la transición se traicionó la decisión popular de 1976 y se puso en pie un sistema que traía consigo los ácidos que lo irían corroyendo, hasta abocar al nuevo frente popular instalado por Zapatero mediante leyes totalitarias como las de memoria histórica o de género. Situación mantenida después por el PP y actualmente proseguida por Sánchez. Pues bien, ese sistema vive hoy en golpe de estado permanente y en crisis profunda, en medio de un descrédito de la ciudadanía que aún no ha encontrado cauce político pero que visible en mil manifestaciones. Y de una creciente resistencia popular, con la que no contaban esos partidos.

Políticamente es posible aprovechar ese estado de ánimo difuso para crear una opinión pública como base para un cambio. ¿Cómo puede hacerse? Diversos líderes de opinión considerablemente influyentes están mostrando cada vez más su rebeldía frente al desmán: estoy pensando en Jiménez Losantos, Hermann Tertsch y otros como yo mismo; asimismo órganos de prensa minoritarios pero con cierta influencia, como este mismo. Además, miles de personas indignadas, difundiendo los mensajes de aquellos, en las redes y el correo, pueden contrarrestar las manipulaciones de unos medios de masas a los que queda muy poco de demócratas. Solo hace falta que esos miles de personas tomen clara conciencia de que el tiempo apremia y de que cuanto más se tarde en reaccionar, más empeorará la crisis y más difícil será la salida. Por mi parte trato de proporcionar de un discurso claro y coherente a un movimiento en ciernes.

Otro obstáculo para el gobierno son las leyes, que deberá conculcar abiertamente para realizar sus planes. Y ese es un obstáculo que aún no tienen superado, pese a la corrupción evidente de parte de los jueces. Y que puede darles graves disgustos.

Y hay que agradecer al gobierno que ponga sobre el tapete precisamente la cuestión de la venganza contra Franco, que condensa toda la podredumbre y corrupción del sistema. Con ello descubre un punto débil que puede explotarse para aclarar la historia, cuya falsificación es la base de todas políticas que están abocando al país a nuevos desastres. Durante años me he esforzado por investigar y aclarar esta cuestión decisiva en libros como ‘Los mitos de la Guerra Civil’ o ‘Los mitos del franquismo’ o ‘La guerra civil y los problemas de la democracia’, y ahora es el momento en que pueden desempeñar un papel clave en esta batalla por la tumba de Franco. Que es posible ganar si concentramos nuestras energías en la tarea. Y que es preciso ganar a toda costa, en el terreno político, el legal y sobre todo el cultural, el de la historia, si la victoria ha ser más que de circunstancias, si ha de tener profundidad.