La ‘bipolaridad’ del cerebro a la hora de tomar decisiones

Publicado 04/09/2017 8:34:33CET

   MADRID, 4 Sep. (EUROPA PRESS) –

   A menudo, cuando tomamos una decisión, calculamos su “valor esperado”, multiplicando el valor de algo (cuánto lo queremos o necesitamos) con la probabilidad de que podamos obtenerlo, concepto que primero fue introducido por el siglo XVII por el matemático Blaise Pascal.

   Ahora, una investigación realizada en la Escuela de Medicina Icahn en Monte Sinaí, en Estados Unidos, y publicada este miércoles en la revista ‘Neuron’, está mostrando por primera vez en los monos qué partes del cerebro están involucradas en el proceso de toma de decisiones en dos fases que determina este valor esperado.

   “Durante mucho tiempo pensamos que las representaciones de valor y la probabilidad estaban siendo evaluadas en la misma y única parte del cerebro –dice el autor principal de este estudio, Peter Rudebeck, profesor asistente de Neurociencia y Psiquiatría de la Escuela de Medicina Icahn en Monte Sinaí–. Lo que es emocionante aquí es que estamos mostrando que se está haciendo en dos partes diferentes del cerebro, que están separadas tanto funcionalmente como anatómicamente”.

   Los investigadores del Monte Sinaí se centraron en dos áreas del cerebro, la corteza frontal orbital (OFC, por sus siglas en inglés) y la corteza ventrolateral prefrontal (VLPFC, por sus siglas en inglés). Aunque investigaciones previas han indicado que las personas cuya OFC resultó dañada por una lesión o enfermedad tienen deterioradas las habilidades de toma de decisiones, previamente se sabía poco acerca de su papel preciso en el proceso de toma de decisiones.

   “La depresión y los trastornos de ansiedad se caracterizan por cambios en la forma en que las personas procesan las recompensas y toman decisiones. En algunos casos, los cambios en la toma de decisiones pueden ser tan extremos que los individuos no pueden llevar una vida normal -subraya el doctor Rudebeck–. Por lo tanto, resulta crítico determinar qué partes del cerebro nos ayudan a tomar decisiones en función del valor subjetivo y la probabilidad para entender cómo se producen estos trastornos debilitantes”.

   Para explorar las especializaciones de la OFC y la VLPFC, el equipo de investigación llevó a cabo dos experimentos. En el primero, se encargó a los monos que jugaran una especie de juego de tragaperras, en el que se les mostraba imágenes en una pantalla táctil y tenían que determinar qué imagen era más probable que les diera una recompensa: una comida con sabor a plátano.

   Los investigadores cambiaron periódicamente la probabilidad y detectaron que los monos de control podían ajustar sus opciones en consecuencia, presionando las imágenes con más probabilidades de darles una recompensa. Los monos con lesiones en la OFC realizaron lo mismo que los animales de control, pero los monos con lesiones en la VLPFC perdieron la capacidad de rastrear la probabilidad de recompensa.

HACIA NUEVAS INTERVENCIONES PARA LA DEPRESIÓN Y LA ANSIEDAD

   En el segundo conjunto de experimentos, los monos jugaron a un juego diferente donde tenían la opción entre dos recompensas: cacahuetes o M&Ms, que estaban ocultas bajo objetos, y los monos habían aprendido previamente qué objetos iban con qué recompensas de comida. Como a los monos generalmente les gustan los cacahuetes y los M&Ms por igual, suelen girar los objetos que cubren los cacahuetes y M&Ms a la misma velocidad.

   Sin embargo, para cambiar el valor en favor de los cacahuetes, se les dio a los monos M&Ms inmediatamente antes del experimento. Estando ya llenos de M&Ms, los monos de control apostaron más por los objetos que cubrían los cacahuetes, como era de esperar. Aquellos con lesión en la VLPFC tenían la misma inclinación que el grupo control, pero los monos con lesiones en la OFC mostraron una preferencia por los objetos que recubrían los M&Ms.

   “Hemos sabido durante mucho tiempo que estas dos partes del cerebro están altamente interconectadas –señala Rudebeck–. Investigaciones anteriores indican que tanto enviar conexiones a otra zona del lóbulo frontal llamada corteza prefrontal ventromedial (VMPFC, por sus siglas en inglés) y las imágenes de resonancia magnética funcional sugieren que la VMPFC puede ser donde se evalúan finalmente las opciones”.

Los investigadores probaron si la VMPFC está involucrada en comparar diferentes valores en un conjunto separado de experimentos, donde indujeron lesiones en esa área. Los animales fueron capaces de tomar una decisión basándose en la probabilidad o el valor solo, pero cuando tuvieron que comparar los valores, eran menos capaces de hacerlo.

   “Estos datos se alinean y amplían lo que hemos visto en los seres humanos, porque sabemos que las personas que tienen daño cerebral en esa área también sufren problemas para tomar decisiones -concluye Rudebeck–. La información obtenida a través de nuestra investigación podría potencialmente ayudar en el desarrollo de nuevas intervenciones de tratamiento para las muchas personas que sufren de depresión y ansiedad”.

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