Inicio Actualidad La caravana de inmigrantes recupera fuerzas en Ciudad de México

La caravana de inmigrantes recupera fuerzas en Ciudad de México

Entre aplausos y brazos en alto llegaron en tropel los primeros inmigrantes centroamericanos a Ciudad de México. La euforia marcaba su paso al entrar al recinto deportivo habilitado como albergue. “Saludos para Honduras, papá”, “Abrazos para La Ceiba”, exclamaban con los dedos en uve en señal de victoria algunos de los 1.500 integrantes de la caravana (formada por más de 5.000 personas),  que este lunes accedieron en grupos de unos 200 al campamento improvisado.

Unos zapatos buscaba Jorge entre el gentío y las bolsas de plástico. El niño de 10 años ha caminado durante 23 días desde Honduras junto a su madre y su hermana de 13 años. “Las amenazas de las bandas, de la mara 18. A mi hija la querían reclutar, la obligaban a vender droga en el colegio”, cuenta Paula Ortiz sobre el motivo de su huida.

“La tos, la gripe, fiebre. Ahora podemos recuperarnos”, se alegra la mujer. Ciudad de México es un pequeño oasis en mitad del camino. Después de 1.500 Km de caminata y de dormir en el suelo a la intemperie, al menos las familias con niños podrán pernoctar bajo dos grandes carpas que varios operarios terminaban de instalar. El resto se hacinaba entre los peldaños de las gradas. El gobierno capitalino ha acondicionado el estadio Jesús Martínez “Palillo”, al sureste de la ciudad, como centro de acogida. Se espera que hasta el miércoles llegue el resto de la caravana, unos 5.000 centroamericanos.

A la espera del transporte 

El contingente se dispersó en los últimos días. La madrugada del sábado aguardaban los autobuses prometidos por el gobernador de Veracruz, y al luego retractarse, muchos decidieron continuar a pie su trayecto. El grueso del grupo sigue en Puebla, a unos 130 Km, en busca de transporte.

La avanzadilla la integran sobre todo jóvenes que formaban una larga fila en una de las puertas donde entregaban mantas. Por separado, esperaban varias mujeres que viajan solas, como Meily Cruz, de 18 años. “Podemos descansar por el cansancio que traemos, recuperar las fuerzas perdidas. Agradecemos a México por todo lo que nos apoya”, señala con los ojos empañados antes de buscar su plato de arroz con pan y algo de carne. En frente, algunos niños jugaban con manualidades mientras otros recibían atención médica.

Estrategia fallida

“Por primera vez se tiene una organización muy coordinada de los tres niveles de gobierno y con más de 100 asociaciones de la sociedad civil”, consideraba a este diario el padre Solalinde, una de las figuras más activas en la defensa de los inmigrantes, quien señaló que un 20% podría quedarse en el país a trabajar. La oferta de empleos a los centroamericanos fue el enésimo intento del gobierno mexicano por desarticular a la caravana hace una semana. Lejos de cuajar esa estrategia, otras dos multitudes emprendieron el mismo trayecto con el fin de unirse al movimiento.

La llegada a Ciudad de México permitirá recuperar energía y reunir de nuevo al menos a la primera caravana. “Veremos qué deciden los líderes, pero la unión hace la fuerza”, afirma uno de los inmigrantes sobre la comisión creada recientemente en asamblea para organizar el itinerario. El objetivo es llegar juntos a la frontera de Estados Unidos para hacer frente a las amenazas del presidente norteamericano, Donald Trump, de enviar a 5.000 militares para impedir su ingreso.

“No es fácil llegar aquí, tenemos que seguir para romperle el hocico a Donald Trump. Nosotros vamos a llegar a su frontera y no tenemos miedo a sus soldados, que ponga los que quiera”, exclama Kevin Rodríguez, visiblemente alterado. Otros suplican misericordia al mandatario. “Esperamos que Donald Trump sea un hombre flexible y reconozca que en verdad somos seres humanos igual que él”, apunta Francis Pradilla.

Familias rotas

Los inmigrantes se aferran a cualquier esperanza en un duro viaje que ha roto familias. Darío Ramos abandonó a su mujer y sus dos hijas en Honduras. “Está feo, pero uno busca un futuro mejor para sus hijos y en nuestro país no tenemos oportunidades de nada”, se lamenta. Además de la acuciante violencia, un 75% de la población hondureña vive en la pobreza, según la CEPAL. Darío viaja con su hijo de 10 años. Jorge carga toda su vida en una mochila del FC Barcelona. Entre las pocas prendas saca orgulloso una camiseta de Messi. “Quiero tener una vida mejor, ayudar a mi mamá… y jugar en el Barça”, asegura con una mueca hacia su padre.

Desde Ciudad de México el sueño americano se ve más cerca. “Ha sido un viaje duro porque a veces agarra el agua, el sol. Traemos niños que tenemos que esperar a que descansen”, apunta el hondureño Henry Reyes, cargando junto a su esposa un bebé y un niño de cinco años. Su sueño es que sus hijos puedan estudiar. “En Honduras es muy difícil mandarlos a la escuela cuando nosotros no tenemos ni parar comprar un par de zapatos”. Un calzado que podrán cambiarse en Ciudad de México para enfilar hacia el norte: otros 1.000 Km, el tramo más peligroso.