La clase media de España se va sin medallas

Por primera vez en la historia, los españoles no suben al podio en ninguna prueba

Decenas de marchadores toman al asalto el parque de Saint James junto al Palacio de Buckingham y a miles de turistas que, aprovechando el escaso sol de Londres, se lanzan como fieras a las tumbonas verdes y blancas del césped. El campeón del mundo Miguel Ángel López va y viene por la avenida principal, rompe a sudar, el pelo bien atusado, las gafas rojas. Busca el santo grial de la marcha, esos 3,8 pasos por segundo que le impulsaron a caminar a un ritmo de tres minutos y 37 segundos en Zúrich los mil metros hace dos años o a 40 segundos los 200 metros. Marcas alucinantes para un tipo que anda rápido, pero él no es un marchador cualquiera. Es el campeón del mundo que se apresta a competir en la prueba de 20 kilómetros. Y es español. Y la selección española de atletismo le necesita porque no hay medallas y cunde una cierta decepción que el optimista presidente de la Federación, Raúl Chapado, trata de mitigar con un discurso sólido y preparado. López tampoco llega al podio. Un colombiano, Éider Arévalo, como la célebre villa abulense del cochinillo, le sucede. La marcha es el perfecto resumen de lo que ha sucedido en Londres. Cuatro españoles entre los 13 primeros y el mejor es un octavo. España se va de vacío en el Mundial, por primera vez sin medallas.

Marcas personales

«Ya, pero una mayoría de los atletas ha mejorado su marca personal y nos mantenemos en el nivel de finalistas de los Juegos de Río», defiende su postura el presidente Chapado, quien es optimista irremediable y siempre ve el vaso medio lleno.

La realidad de la marcha transcurre por otro lado. Entran en la meta los españoles en procesión, casi cogidos de la mano. Álvaro Martín, octavo, Alberto Amezcua, noveno, Miguel Ángel López, décimo, y Diego García, decimotercero. Para más inri, Laura García-Caro y María López han sido novena y décima en los 20 femeninos. El resumen de los puestos y las marcas, que son la biblia en el atletismo, cae por su peso. España posee una potente clase media sin ganadores. «La realidad es que tenemos atletas en casi todas las disciplinas, un elenco muy variado, saltos, lanzamientos, combinadas, marcha, mediofondo, velocidad. Tenemos futuro», defiende el presidente.

Ayer fue el día en que expedicionarios españoles echaron en falta al mejor Bruno Hortelano, capaz de ganar el oro según dicen porque ya había ganado al turco Ramil Guliyev. Siempre el futuro del que habla Chapado. El presente se ceñía a los medallistas olímpicos, tres opciones de metal que no cuajaron en Londres. Ruth Beitia, 38 años, oro en Río, falló en altura porque había arrastrado una dura resaca olímpica. Orlando Ortega, plata olímpica en 110 vallas, se fue muy contrariado, enojado consigo mismo por el mal año y por sus marcas que desembocaron en el séptimo puesto de la final. Y Miguel Ángel López, que sufrió un bajón emocional en los Juegos, se instaló ayer en la nueva medida, la clase media. «He dado todo lo que tenía. Un décimo puesto no es un mal resultado. Me ha faltado un poco de físico al final y, sobre todo, confianza».

Álvaro Martín tiene que dejar de hablar porque después de 20 kilómetros marchando siente más ganas de vaciar el estómago que de explicar su actuación. El extremeño representa el espíritu del lema «pasión por competir» que ha puesto de moda la Federación. Esto dice. «No estoy satisfecho, tengo una sensación agridulce. No era descabellado haber subido al podio y me he quedado octavo. Tengo que trabajar más para conseguirlo».

La ausencia de medallas hace mella en equipo de Chapado y en la ilusión que lo acompaña. Tampoco es que España sea una potencia sideral. En dieciséis citas del Mundial, ha conseguido siete oros, quince platas y dieciséis bronces con 713 atletas. En la última edición solo arrastró un oro, el de Miguel Ángel López. En Moscú 2013, dos bronces, el mismo López en 20 marcha y Beitia en altura. En Daegu 2011, el bronce de Natalia Rodríguez en 1.500. Y así sucesivamente, en un lento goteo que enviaba a la selección más allá del puesto 30.

Ahora, sin metales en el equipaje de vuelta, a Raúl Chapado y su equipo le queda la ardua tarea de volver a ilusionar.

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