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La ‘derecha sin complejos’ de VOX ya está aquí: Abascal y el triunfo de la tenacidad

Santiago Abascal (Bilbao, 1976) creció en territorio hostil a la libertad. Su padre era un comerciante de Amurrio que, tras el franquismo, decidió entrar en política de la mano del PP porque “no podía dormir por los policías y guardias civiles que morían asesinados”. Osadía que no pagó con la vida de milagro, pero que le condenó a vivir amenazado de muerte. Los cócteles molotov se estrellaban a diario contra la fachada de su tienda.

Es así como, desde niño, con ETA en toda su apoteosis de muerte y terror, Abascal aprendió que la libertad no sale gratis. Que la libertad es una conquista diaria y que, si quieres disfrutarla, a la vez tienes que defenderla. A los 18 años tomó dos decisiones. La primera, hacerse con una licencia de armas para proteger a su padre (compró una pistola Smith & Wesson que sigue acompañándole a día de hoy). La segunda, afiliarse al PP, donde fue presidente de las Nuevas Generaciones del País Vasco y alcanzó su primer cargo público (concejal de Llodio) con 23 años. Después sería diputado del parlamento vasco y miembro de la junta directiva nacional del partido. Todo con José María Aznar al frente del PP.

La llegada de Rajoy a Génova comenzó a distanciarle. Fue difícil para Abascal, como para María San Gil y Ortega Lara, estos dos últimos iconos de la resistencia moral ante ETA, ver cómo con un Gobierno del PP se excarcelaba al terrorista Bolinaga por falsas razones humanitarias. Y lo que es peor, cómo ese mismo Gobierno hacía suya la estrategia de Zapatero para alcanzar el fin de ETA. Así que, antes o después, todos ellos acabaron abandonando el PP como damnificados del marianismo y hoy el funcionario de prisiones que fue torturado por ETA durante 532 días en un zulo de cinco metros cuadrados, sin luz natural, es uno de los rostros más reconocidos del nuevo partido.

Del PP a VOX

Después de un tiempo como director de la Agencia de Protección de Datos de la Comunidad de Madrid, donde Esperanza Aguirre le acogió, Abascal registró VOX como partido el 12 de diciembre de 2013. Su objetivo: “Recoger el voto de la derecha desencantada con las políticas del PP”. Compitió en las elecciones europeas de 2014 y en las municipales de 2015, en ambas ocasiones con estrepitoso fracaso. Este domingo ha conseguido alcanzar representación parlamentaria por primera vez. Doce escaños en Andalucía que le convierten en el gran triunfador de unos comicios en los que ha pasado de los 18.422 votos que cosechó en 2015 a los más de 395.000 tres años y medio después.

“VOX no es un partido de extrema derecha, es de extrema necesidad”, responde Abascal a quienes pretenden colocar a su formación como el exponente español del auge de la ultraderecha en Europa. “Yo creo que no se puede calificar de extrema derecha a todo lo que no responde a la lógica del establishment. Hoy hay una gran reacción en todo el mudo frente al globalismo, la inmigración masiva y la dictadura de la corrección política”. Es la lógica que aupó a Donald Trump, por ejemplo.

“VOX no es un partido de extrema derecha, es de extrema necesidad”, afirma Abascal

Sin embargo, el auge de VOX tiene también su clave puramente española y no puede entenderse sin la desafección que la última dirección del PP generó en su electorado tradicional. Si Ciudadanos emergió como una reacción del votante más joven contra la corrupción de los de Génova allí donde gobernaran, VOX es la consecuencia de la tibieza del PP en la defensa de los valores que le identificaron. La falta de determinación a la hora de afrontar el golpe en Cataluña, donde Rajoy fue incapaz de desarticular dos referéndums ilegales, colmó el vaso de la paciencia. Ahora, la derecha sin complejos de Abascal ya está aquí, ha entrado a lo grande por Andalucía y toma impulso para las citas electorales que están por llegar.

Abascal abandera la mano dura con el golpismo, los impuestos bajos, la recentralización del Estado, el orgullo de ser español y el freno a la inmigración descontrolada. Es este último tema el que está utilizando la izquierda política para denunciar su xenofobia. Abascal responde: “Lo único que pedimos en inmigración es lo que pide Pablo Iglesias para su propia casa”. Así que no le preocupan los insultos: “Cuanto más nos insultan por decir esto más se ponen de nuestro lado los españoles”.

“Lo único que pedimos en inmigración es lo que pide Pablo Iglesias para su propia casa”

Cuatro años después de su fundación, sin respaldo explícito de ningún medio de comunicación, pero con todos sus adversarios políticos haciéndole la campaña, VOX ya tiene sus primeros diputados en un parlamento. No parece que vaya a ser flor de un día. El llenazo de Vistalegre fue un aldabonzado. El partido ha pasado de 3.000 a 14.000 afiliados este año. Sus actos en Andalucía han sido multitudinarios, reflejo de esa #EspañaViva que VOX proclama en sus redes sociales. A la “derechita cobarde” y la “veleta naranja” (Abascal dixit) les ha salido un rival, este vasco de 42 años con barba hípster que exhibe virilidad montando a caballo a lo Putin, se abraza a Le Pen y al que todo insulto de sus adversarios políticos le parece una medalla.

Padre de cuatro hijos (los dos mayores, de 14 y 12 años, fruto de un matrimonio roto en 2010; los otros dos con su segunda mujer, Lidia Bedman, una famosa influencer con más de 120.000 seguidores en Instagram), la vida ha dado otro giro para el valiente vecino de Amurrio. La amenaza terrorista le curtió. Ahora enfrenta otra amenaza distinta, la de la política descarnada, definida por Mao Tse-Tung como “una guerra sin efusión de sangre”.

Donde la derecha sociológica española antes sólo tenía una opción de voto, ahora tiene tres para elegir. Con las elecciones generales al fondo, Abascal está ante su momento.