Inicio Actualidad La derechona, de más a menos como las muñecas matrioskas

La derechona, de más a menos como las muñecas matrioskas

La división de la derecha fue una de las principales bazas de la izquierda para ganar las elecciones generales. Con la aritmética parlamentaria en la mano, es imposible que la derecha dividida pueda imponerse a la izquierda. Por si no era suficiente, ahora surge una mirísda de partiditos cuyos líderes se salieron de Vox al no ver satisfechas sus expectativas. De esos partidos, a no tardar mucho, surgirán deserciones que crearán nuevos partiditos. Nos recuerdan a las muñecas matrioskas, que en su interior albergan una nueva muñeca, y esta a su vez a otra, en un número variable que puede ir desde cinco hasta el número que se desee.

Uno de estos partiditos de nueva creación es el encabezado por una señora mayor llamada Carmen Gomis, exsecretaria provincial y exvicesecretaria de Comunicación de Vox en Alicante, y una de las principales colaboradoras de Abascal y de la dirección nacional en esta provincia. Dice que el motivo principal que inspiró la creación de su partidito es la constatación de que Vox «ya no tiene los principios para los que se creó». Básicamente se refiere a que no logró su inclusión en una lista electoral y en un puesto de salida. Ya se sabe cuáles son los elásticos principios de la derechona española.

Han surgido además otros partiditos que dicen ser de derecha, como es el caso de Valores, liderado por Alfonso Galdón, máxima expresión del talibanismo panocho, un iluminado que ya pone condiciones al PP para la investidura de Casado. Valores; es decir, Galdón y cuatro amigos, ha convertido la oposición visceral al aborto en la piedra angular de su discurso político.

El problema es que ese discurso, además de que ya lo representa Vox, da para bien poco. Llegamos tarde para librar esa batalla y la sociedad está demasiado trabajada para revertir ese proceso. Ni siquiera la iglesia lo apoya. Pero ellos siguen erre que erre, ajenos a su irrelevancia social y política.

Nos guste o no, la realidad es que nos llevan muchos años de ingeniería social de ventaja, y las nuevas generaciones aceptan sin resistencia el relativismo moral y los mantras ideológicos del sistema. La conclusión es la de siempre. A Vox lo más que le permiten es un pellizquito de monja a la izquierda y a sus socios separatistas, de cuando en cuando, para mantener las apariencias.

Desde 1945, en la política europea todo está decidido de antemano por quienes no representan la voluntad popular. Nosotros mismos colaboramos en el engaño al generarles a ustedes expectativas de cambio que no son tales. Por ejemplo en el caso de las elecciones del 4-M en Madrid. Queríamos que ganase Ayuso, sí, pero no porque nos ilusione, sino porque nos cae bien y porque nos pone que le toque los higadillos a la izquierda con su estilo desinhibido. Nos han decepcionado tanto los dirigentes de la derecha que nos conformamos con tan poca cosa como un zasca a Pedro Sánchez o una oración disyuntiva (“Comunismo o libertad”). En el fondo sabemos que con Ayuso o sin ella, la estación sur de Madrid se va a seguir pareciendo más a África que a la capital de un país europeo.

La política es un mercadeo, y ahora los intereses a los que sirven todos no son los de nuestra patria. Es así de triste pero así de cierto. Los que de verdad plantan cara están completamente desactivados, descabezados, desasistidos… Carecemos de verdaderos líderes que sean capaces de ponerse al frente de un verdadero movimiento patriótico, en las antípodas de lo que representan estos cantamañanas.

Sin embargo nuestro escepticismo, nos mantiene la esperanza de que quizás surja algún acontecimiento inesperado que le dé la vuelta a la situación, quién sabe. Mantengamos la fe mientras nos dejen. Un abrazo desde Málaga.

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