La ejemplaridad es una exigencia de ida y vuelta ante la que no valen imposturas de superioridad ética

3

Ignacio Camacho.- Plagiar: copiar en lo sustancial obras ajenas, dándolas como propias. Ésa es la definición, en la acepción primera, de la Real Academia Española. Y eso es lo que sucede en la tesis doctoral de Pedro Sánchez, llena de párrafos de otros autores sin entrecomillar ni referenciar en las correspondientes notas y en proporción notable para desmerecer la condición original de la obra. No es cuestión opinable porque se trata de una evidencia constatada por ABC mediante cotejo digital a través de las correspondientes herramientas. Y eso convierte el presunto ensayo en una investigación (?) de baja calidad, moralmente fraudulenta y científicamente chapucera: un trabajo (?) recopilatorio de inaceptable factura técnica, cuya falta de enjundia, innovación y excelencia explica la terquedad con que el presidente se ha resistido a que se conociera.

Al no mediar lucro -aunque el rango de doctor supone en el escalafón universitario un ascenso significativo- resulta improbable que en esa «apropiación inapropiada» exista alguna clase de delito. Pero constituye un plagio en el sentido semántico aunque pueda no serlo en el jurídico. Su corta -y- pega masivo contiene páginas enteras de calco, de reproducción categórica y palmaria, pero no declarada, de otros escritos que un doctorando está obligado a mencionar en términos inequívocos. Lo que en el lenguaje coloquial se diría un fusilamiento de manual, de libro, aunque sean precisamente los libros y manuales utilizados los que el autor ha omitido. Sánchez ha transcrito textos de especialistas, informes ministeriales y hasta artículos propios cuya inclusión sin cita representa una desahogada copia de sí mismo. Él debe de ser consciente del «bodrio» -copyright Manuel Conthe, que aquí sí somos precisos- cuando ha puesto tanto empeño en que permaneciese blindado al público escrutinio; lo que sonroja es la manga ancha del tribunal que lo premió cum laude en su veredicto.

Por lo demás, estaba claro que esta guerra de los másteres, esta suerte de causa general sobre los estudios de los políticos, sus carreras, sus notas y sus becas, acabaría en un proceso de destrucción de ida y vuelta. La exigencia de ejemplaridad no puede volcarse sólo sobre las filas ajenas, como pretende la izquierda desde un falso y remilgado sentido de supremacía ética. Esa ley del embudo no se sostiene en la sociedad de la transparencia, donde siempre se acaba dejando una huella. La de Sánchez, plasmada en esa tesis superficial y fullera, confirma su rasgo más patente: la inconsistencia. No es apto para gobernar ni para la vida académica.

En la fachada del Casón del Buen Retiro, anexo del Prado, está escrito un célebre aforismo de Eugenio D´Ors: lo que no es tradición es plagio. Por eso en la vida intelectual existe cierta tolerancia con la inspiración sobre lo ya publicado. Lo que de ningún modo está permitido es tratar de ocultarlo.