La escuela empieza a perder jóvenes atraídos por los trabajos precarios

La precarización laboral está lastrando a la población juvenil, sean buenos o malos estudiantes, adolescentes o jóvenes. Con los primeros signos de la recuperación económica se está viendo que el tipo de oferta laboral low cost afecta tanto al comportamiento de los estudiantes más jóvenes poco motivados, que se desenganchan de la formación para ganar algo de dinero ocupando puestos de baja cualificación, como al de aquellos jóvenes altamente formados, que a falta de ocupaciones de su nivel, trabajan en puestos para los que no se requieren altos estudios.

“Durante la crisis, muchos jóvenes vulnerables buscaron refugio en el sistema educativo porque no tenían oportunidades de encontrar trabajo”, explica Francesc Pedró, analista superior de políticas en el Centro de la OCDE para la Innovación e Investigación Educativa (CERI). “Su permanencia en la escuela era una oportunidad para que el sistema educativo los retuviera –continúa–. Por tanto, cabría preguntarse qué pasaría si el mercado laboral mejoraba”. ¿Ofrecería la escuela suficiente atractivo para que los chavales resistieran la tentación de marcharse por ganar algo de dinero?

“Vemos que aún hay un alto porcentaje de estudiantes que abandonan (el 18,1%), un indicador que ha dejado de mejorar en los últimos años, y aquellos que abandonaron hace cuatro años ya no retornan”, señala el coautor del Anuario de educación de la Fundació Jaume Bofill.

En los últimos diez años ha mejorado notablemente la participación de los jóvenes en la educación. En el 2008, sólo el 51% de los chavales de 16 a 24 años estudiaba (la otra mitad trabajaba, buscaba empleo o estaba inactiva). Esta cifra ascendió hasta el 64% en el 2014 pero, pese a los intentos de nivelarse con las medias europeas, apenas se ha movido de esos dígitos en el 2015 y 2016.

La tasa de abandono prematuro (antes de terminar la ESO) también presenta estancamiento. Las políticas educativas, junto con la falta de trabajo durante la crisis, lograron que el abandono cayera desde un 33% en el 2008 al 18% actual. Pero hace dos años que apenas registra mejora y aún se sitúa lejos del 11% de la media europea.

El Anuario 2016 señala que la reducción de la tasa de abandono se ha debido, principalmente, al deterioro laboral, pero también a la mejora del sistema de educación, que ha logrado tasas de graduación de la ESO de más de 15 puntos en la última década.

Según el informe, la relación de los niños con la escuela es más positiva, las escuelas han logrado mejorar competencias clave en el aprendizaje, como la comprensión lectora, y se han creado nueva oferta de grados de formación profesional. Aun así, las experiencias de fracaso, como las repeticiones, siguen empujando a los chavales fuera de las escuelas.

El mercado laboral no ha sido capaz de crear suficientes empleos para los licenciados con alta cualificación

El tercer factor inquietante, señala Francesc Pedró, es la disminución del retorno a la escuela de alumnos que la abandonaron en la ESO y que a los 20 años se matriculan en algún ciclo de grado medio de formación profesional (CFGM). En el gráfico adjunto se observa como a medida que aumenta la tasa de ocupación disminuyen los estudiantes de formación profesional mayores de 20 años. “Un trabajo presumiblemente precario ha logrado desengancharlos del mundo de la formación”, indica Bernat Albaigés, el otro autor del anuario.

“Cuanto más tiempo pase, más difícil resultará un posible retorno”, añade, por lo que cabe esperar que una parte de la población juvenil no tenga más formación que la obligatoria.

Los empleos de camarero, aunque hayan crecido, son escasos y se los disputan también los universitarios para quienes no se ha creado ocupaciones adecuadas a sus cualificaciones.

“Después del esfuerzo que ha realizado el país en formación universitaria (en 10 años se ha incrementado en dos dígitos el porcentaje de jóvenes con niveles de formación superior), estos no encuentran trabajo de lo suyo, por lo que puede ocurrir que los estudiantes valoren que invertir en la universidad no sale a cuenta para terminar sirviendo en un bar”, indica Albaigés.

La investigadora Queralt Capsada es especialista en sobrecualificación. Después de una estancia en la UPF se ha marchado a la Universidad de Glasgow como investigadora posdoctoral. Precisamente la fuga de jóvenes a otros países es una de las salidas a la falta de trabajo cualificado. Otra menos estimulante es la aceptación de trabajos por debajo del nivel.

“Frente a la creencia de que hay un exceso de universitarios en España, cabe señalar que lo que hay es una falta de empleos cualificados para ellos, por lo que aceptan empleos low cost que deberían ocupar gente con otro tipo de formación”, indica Capsada.

Según un estudio del Observatorio Social de La Caixa, en septiembre del 2016 había casi 11 millones de titulados superiores y sólo cerca de seis millones de puestos ajustados a esta cualifi­cación

El fenómeno de la sobreeducación ha crecido en todas las franjas de edad desde el año 2005, pero incide especialmente en los trabajadores situados entre los 20 y 34 años, entre los que casi tres de cada diez están en empleos por debajo de su formación. Este fenómeno es más grave entre las mujeres, que han acusado más la crisis que los hombres, con una diferencia de 10 puntos.

Actualmente la precariedad afecta también a aquellos trabajadores con título universitario que están a mitad o al final de su carrera laboral (26% y 17%, respectivamente).

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