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La «España viva» al final no era otra cosa que la España de un puñado de vivos

Los dirigentes de VOX Rocío Monasterio, Santiago Abascal e Iván Espinosa de los Monteros (OKdiario).

AD.- Fue una apuesta editorial no exenta de riesgos. Siempre hemos defendido que Vox representaba en punto a transformar la vida española en clave identitaria lo mismo que el PSOE, el PP, Podemos o el Club de la Comedia. Y ello pese a que una mayoría de nuestros lectores creían lo contrario. Pero este no es un proyecto informativo a la carta. AD no fue creado no fue creado para hacer amigos, ni para adecuar nuestras creencias a las preferencias de nuestros electores. Si debíamos morir, sería con las botas puestas.

Han transcurrido más de seis meses desde el orquestado mitin de Vistalegre para que nuestras certezas hayan sido certificadas por los acontecimientos. Vox ya no aspira a transformar nada que no se ajuste a la conveniencia particular del puñadito de amigos que controlan el chiringuito. Vox apenas habla ya de inmigración ni de temas que no sean del gusto del exclusivo club al que le ha sido permitida la entrada en calidad de socio no preferente. Es por ello que no nos sorprenda el silencio de Vox con ocasión de la avalancha de ilegales que están llegando a las costas andaluzas desde que comenzó el mes de mayo. O que defienda su pedigrí constitucionalista y europeista para poderse sentar con Ciudadanos y hablar de naderías. O que esté más por la labor de procurarle un puesto a Rocío Monasterio en la Comunidad de Madrid, que por la suerte de esos miles de votantes que han sido literalmente abandonados a su suerte.

Los que mandan en Vox parecen muy satisfechos con el papel de costaleros del PP y Cs que el sistema les ha asignado. Los que atacaban sin piedad a la «veleta naranja» en sus mítines, tachando de traidor a su líder, han sumado sus votos a los del PP para hacer presidente de la Asamblea de Murcia a uno de Ciudadanos. Los que se burlaban con saña del veletismo ideológico de Ciudadanos, ahora han dado sus votos a uno de ellos para que asuma la Presidencia de la Asamblea de Madrid. Los que proclamaban a diestro y siniestro la escasa fiabilidad de la «derechita cobarde», ahora darán al PP una treintena de alcaldías, entre ellas las de Granada y Almería, sin que en los acuerdos se plasme ninguno de los objetivos irrenunciables a los que líderes como Orbán y Salvini nunca habrían renunciado.

Resulta llamativo que en el documento base pactado por PP y Vox en Madrid, los negociadores de Abascal sí hayan hecho causa con la exigencia de que se incluya este principio del «criterio de proporcionalidad», que es lo mismo que pedir su parte en el reparto del «pastel», pero, sin embargo, no aparezca ninguna alusión a las grandes banderas programáticas con las que Vox ha marcado su propio terreno en la derecha frente a la «derechita cobarde». Como es su alternativa a la actual política contra la violencia machista, «doméstica» para ellos, la ideología de género o la inmigración. Y por supuesto habrá Orgullo Gay por todo lo alto, con Vox haciendo un trágala. Nos preguntamos si era este el proyecto político para el que muchos lectores exigían nuestro apoyo. Algunos incluso rebasando algunos límites semánticos. Espero que hoy tengan el decor de admitir que no erramos al no fiarnos nunca de unos dirigentes que acaban de sellar acuerdos de gobierno en el que se blindan competencias autonómicas, leyes en materia de género o la protección activa a homosexuales y transexuales, aspectos en los que el partido de Abascal había sido especialmente beligerante. Algunos pueden argüir que la opción de Vox no era nada facil, ya que le tocaba decidir entre PP-Ciudadanos o la izquierda. Si las cosas que la derecha identitaria tiene que defender siempre van a seguir empeorando, independientemente de quién presida la Comunidad, entonces más vale honra sin barco que barco sin honra. La ecuación no debería haber sido entre derecha e izquierda, sobre todo cuando ambos bloques están al servicio del mismo proyecto globalista destructor de las patrias y las etnias europeas.

Dijimos desde el minuto uno que no hemos recorrido un largo y bacheado camino, despertando conciencias y haciendo frente a nuestros poderosos enemigos, para que se nos exija pleitesía informativa a los que literalmente han dejado tirada a su gente en toda España. En la provincia de Málaga, por ejemplo, Vox ya ha perdido a más un tercio de los ocho concejales conseguidos el 26.M. El mejor ejemplo descriptivo de aquello que dijimos siempre que era Vox lo tenemos en Torremolinos. Lucía Cuín, una de las dos ediles de Vox, se ha pasado al grupo mixto y apoyará el sábado al alcalde socialista. La edil tránsfuga llevaba apenas dos meses de militancia, lo que no impidió su inclusión con el número dos en las listas del partido verde. Desde el sector crítico se apunta a que este privilegio lo obtuvo Lucía Cuín en pago a un favor personal a su padre del coordinador provincial, José Enrique Lara. En tanto que principal responsable del esperpento que ha vivido su partido en Torremolinos, Lara estaría moralmente obligado a acudir el sábado al pleno constitutivo y dar la cara ante los suyos. No lo hará. En el fondo, la provisión de tontos útiles que ha tenido Vox en toda España solo ha servido al objetivo de Abascal de garantizarse un futuro.

Más allá de la estafa moral e ideológica que ha representado el partido verde, y que solo unos pocos de este bando ideológico nos atrevimos a denunciar, en contra del criterio de muchos, resulta también evidente su torpeza estratégica al mimetizarse tanto con el PP desde el 26 de mayo. Al final, la estafa anunciada de Vox ha consistido en servir de muleta al PP. Lo que inevitablemente llevará al votante a resolver el siguiente dilema: entre el original y la copia, siempre es preferible quedarse con el original.

Claro que acaso lo que barruntamos como error estratégico no haya sido otra cosa que una pérfida estratagema: dejar que Vox muera desangrado, o termine siendo fagocitado por el PP,  a cambio de lo que muchos están pensando. En la casi absoluta certeza de que acertarán si piensan mal.

Hoy podemos decir, con punzante orgullo, que no engañamos a nuestros lectores respecto a Vox, aunque lo más rentable para nosotros, y que lo de «la España viva» en el fondo no era otra cosa que la España de un puñado de vivos.