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La figura del Anticristo en nuestros calamitosos tiempos

Jesús Córdoba*.- Al final del Concilio Vaticano II, al valorar sus consecuencias, el papa Pablo VI dijo con amargura que “el humo de Satanás ha entrado en la Iglesia”. Y no se equivocó.

Pero vayamos por partes. El conocimiento de la Palabra de Dios, la Biblia que muchos católicos desconocen, debería ser una de nuestras prioridades más importantes, junto con los sacramentos, para vivir dignamente como católicos. Si queremos verdaderamente conocer a Dios, deberíamos escudriñar las Escrituras santas y frecuentar los sacramentos, en especial la Eucaristía y la Confesión de los pecados. De esta forma sería más difícil que el Anticristo, inspirado por el Diablo, pudiese engañarnos.

Toda la doctrina de la Iglesia se encuentra en la Palabra de Dios escrita y en la Tradición, ya que desde siempre la comunidad eclesial ha transmitido de una manera bien determinada las verdades de la fe, comunicadas por Jesucristo. Por tanto, si nos alimentamos de esa Palabra, la podemos hacer nuestra, como dice el Salmo 119: “¡Cuán dulces son a mi paladar tus palabras! Más que la miel a mi boca. Este rollo te doy. Y lo comí y fue en mi boca dulce como la miel”; o el libro del Apocalipsis: “Entonces fui al ángel y le dije que me diera el librito. Y él me dijo: Tómalo y devóralo; te amargará las entrañas, pero en tu boca será dulce como la miel. Tomé el librito de la mano del ángel y lo devoré, y fue en mi boca dulce como la miel; y cuando lo comí, me amargó las entrañas”. Si nos dejamos empapar del Verbo divino y dejamos que el buen Dios penetre en nosotros, sabremos discernir cuando algún miembro de la Iglesia trasgrede el Evangelio de Jesús y se aleja de Él. ¿Por qué? Porque lo que dice y hace no concuerda ya con la Palabra de Dios.

Ángel García Rodríguez, alias «padre Angel»

Hoy en la Iglesia el mismo demonio está trabajando febrilmente al objeto confundir al pueblo con acciones perversas, que aparecen como buenas y que se erigen como derecho. Para ello, el Maligno ha seducido algunos de los miembros de la comunidad eclesial que tienen una gran habilidad para salir en abyectos medios de comunicación subvencionados por el Estado. Muchos de ellos son conocidos por todos: el conocido clérigo comunista y globalista padre Ángel, el imán Omeya y el ciudadano Bergoglio.

Estos personajes, aliados con la globalización demoníaca, están ayudando con sus hechos y mensajes a desacreditar la doctrina de la Iglesia. Y es que el demonio conoce la Sagrada Escritura muchísimo más que los católicos del diálogo y del consenso con el mundo. Así, intentará por todos los medios que nos apartemos de la Verdad para que la gracia santificante no trabaje en nosotros y nos dejemos embaucar por la mentira.

Se trata pues de un combate que cada uno de nosotros debe entablar con el maligno. Jesucristo nos enseña cómo podemos vencerle: “El enemigo que sembró la cizaña es el diablo” (Mc 1.12-13 Lc 4, 1-13). Por eso, esos mediáticos personajes, obrando contrariamente al mensaje de Cristo, son parte de esta cizaña sembrada por Satanás.

¿Por qué insisto en que estos personajillos, como dice la Escritura, están influidos o miserablemente engañados por el demonio? Muy sencillo: porque lo que dicen y hacen es contrario a la verdad del Evangelio.

Omella y Puigdemont

Hace años yo estuve en una residencia del padre Ángel. Allí convivíamos 250 residentes en un edificio propiedad de la diócesis de León y gestionado por “Mensajeros de la Paz”. En el mismo espacio estaba ubicada la residencia de los sacerdotes jubilados. En un convenio con el obispo del lugar, el edificio fue remodelado con dinero del Estado en tiempos de Aznar. Cuando uno visitaba las nuevas instalaciones, eran ciertamente de película, ya que la hacienda pública puso el dinero. El problema venía después: servicio pésimo, mala comida, personal mal cualificado y el mínimo, y algunas prestaciones de primera necesidad que las tenía que pagar el interesado. Te sacaban la pasta que podían… para financiar el tinglado del P. Ángel

En este momento, una cantidad ingente de ancianos ha fallecido en las residencias de Mensajeros de la Paz a causa del coronavirus. Muchas de ellas han tenido que pedir ayuda al Estado por falta de personal, mientras el P. Ángel no se ha privado de vivir cómodamente y de enviar cartas de agradecimiento a sus comunistas bienhechores. Sobre su cabeza pesan las muertes de todos esos ancianos por quitarles servicios y atención adecuada. Ha desvestido a un santo para vestir a otro.

Y es que el gran pecado del P. Ángel es su egolatría. El querer ser alguien importante a costa de los pobres, de los huérfanos y de los ancianos. Él, que ha dejado a los ancianos en sus residencias sin personal cualificado y sin proteínas por la insuficiente alimentación abandonados al coronavirus, se atreve ahora a pedir el premio Princesa de Asturias para este gobierno que, de acuerdo con el P. Ángel, ha dejado morir a los ancianos en sus residencias por aliviar la quebrada hucha de las pensiones.

¿Y qué hay del imán Omeya? ¡Cómo son las cosas! Dos años antes de huir de Cataluña a causa del odio provocado por el independentismo, ya me di cuenta de que el arzobispo de Barcelona, ahora presidente de la Conferencia Episcopal, no tenía otra cosa que hacer más que coquetear con el soberanismo, dejando huérfanos de pastor a los españoles catalanes y a gran parte de los sacerdotes de su diócesis, que son hijos de emigrantes. Un obispo que permite, entre otras cosas, que en los hospitales bajo su responsabilidad se practique el aborto y la eutanasia.

En la residencia de discapacitados en que yo vivía, en la que participa la parroquia de san Pio X de Barcelona, el párroco tapaba los chanchullos del director: Se quedaban con el dinero de los residentes y no les daban de comer de lunes a viernes, si lo no pagaban aparte.

A pesar de todos sus detractores, el jenízaro Omeya tiene una habilidad intrínseca para sacar de la circulación a los que le hacen sombra, inventando rumores y calumnias, como la del antiguo arzobispo de Zaragoza, Manuel Ureña y las de algunos sacerdotes, inventando embarazos que nunca existieron. Buena carrera ha tenido. ¿A quién no habrá adulado y hecho sospechosos favores para subir tan alto?

Por otro lado, ahí está el ciudadano Bergoglio, al decir de Santiago Abascal… El papa debería ser uno de los líderes más reconocidos e influyentes en la sociedad a nivel moral, por ser el máximo representante de la Iglesia católica. Sin embargo, a lo largo de la historia, se han registrado casos de corrupción y otros graves pecados dentro de la Iglesia que pusieron en duda su reputación y la “santidad” de los pontífices que han ocupado el cargo. Estos hechos confirman que, a pesar de tantos pontífices nefastos, la Iglesia de Cristo aún existe y prevalece por encima del mal: “Y yo también te digo que tú eres Pedro. Y sobre esta roca edificaré mi Iglesia; y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella” (Mateo 16:18).

Con pena he de decir que el desprestigio moral y mundial que el ciudadano Bergoglio continuamente provoca, lo desacredita por su ambigüedad y por su deseo cambiar la doctrina multisecular de la Iglesia casándose con la globalización abortista, haciéndonos creer que debemos colaborar con este mundo lleno de perversidad. La auténtica modernidad no es cambiar el Evangelio, sino coger el látigo como el Señor: “Y entró Jesús en el templo y echó fuera a todos los que compraban y vendían en el templo, y volcó las mesas de los cambistas y los asientos de los que vendían las palomas.” (Mateo 21,12). Sí, expulsar a todos los mafiosos del Vaticano porque la mitad de los romanos viven a costa de la Iglesia y la otra mitad del estado italiano. Eso es modernizar: desenmascarar y repeler a los parásitos.

A pesar de sus muchos años y del ostracismo al que se le ha sometido, Benedicto XVI ha hablado estos días sobre el término “Anticristo”, anticipándose así al ciudadano Bergoglio que, entre palabras ambiguas, quiere hacernos comulgar con las “ideologías de género” y el lobby gay, a fin de normalizarlos en la Iglesia.

El nombre del “Anticristo”, afirma Benedicto, se refiere a una figura personal que cumpliría con las profecías bíblicas concernientes a todo lo opuesto a la salvación de Jesucristo. El uso de la palabra “Anticristo” sólo aparece en las cartas del apóstol Juan donde, por un lado, hace referencia a la manifestación personificada del mal, prevista para el fin de los tiempos, de un adversario decisivo de Jesús de Nazareth y por otro, se refiere al demonio, al mal y al pecado. Así pues, el significado literal de “Anticristo” sería «aquel que sustituye y se opone a Cristo». Un falso profeta, por tanto. Un individuo que, ilegítimamente, finge cualidades que sólo Dios da y se proclama poseedor o receptor de determinados dones divinos, sin realmente poseerlos. Una profecía que ya se cumple en estos calamitosos tiempos.

*Teólogo