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La guerrilla del ELN y Maduro estaban preparados para una ‘invasión’ extranjera a Venezuela – La Gaceta de la Iberosfera

Todo forma parte de un supuesto. Sin embargo, los alcances de ese supuesto son alarmantes: La famosa revista colombiana Semana ha develado recientemente un intrincado plan según el cual la guerrilla terrorista del Ejército de Liberación Nacional (ELN) en tándem con componentes criminales del régimen de Nicolás Maduro estaba preparada para hacer frente al ex Presidente de los EEUU, Donald Trump, en caso de que éste último hubiese ordenado una operación militar para poner fin al chavismo y restituir la democracia venezolana.

Presuntamente todo arrancó cuando el antiguo asesor de seguridad de Trump, John Bolton, salió en una rueda de prensa con un block de notas en el que alcanzaba a leerse “5000 tropas a Colombia”. En aquel momento ojos expertos y no tan expertos llegaron a pensar que Bolton aludía a una inminente movilización de tropas a la frontera colombo-venezolana para ejercer una presión definitiva sobre Maduro y su régimen. Sin embargo, este escenario nunca trascendió de aquella hoja de papel a la realidad. 

Meses después del capítulo del block de notas Bolton salió del gobierno, e incluso publicó un libro que utilizó para francotirar personalmente contra Trump y sus políticas de gobierno; pero la izquierda hermanada en el Madurismo y la guerrilla se mantuvo cautelosa y preparada para responder en caso de que la incursión norteamericana tomara cuerpo. La iniciativa de resistencia habría sido bautizada como “Plan Contingencia en La Frontera”, según el reconocido medio periodístico colombiano.

Sobre dicho plan, Semana asegura –con base en documentación a la que tuvo acceso– que se trataba básicamente de una operación de resistencia a una intervención armada; en la que lo lógico era esperar enfrentamientos, por lo que se sabía claramente que allí podían perecer un buen número de civiles que quedaran atrapados en medio del fuego cruzado. Lo más revelador del reportaje es que precisa que la estrategia habría sido concebida incluso fuera de la región, siendo estructurada principalmente con asesoría de las autocracias china, rusa, turca y siria.

Este episodio, que habla de un escenario que al final nunca apareció, no deja de ser curioso porque pone de manifiesto la capacidad de la izquierda para amalgamarse en torno a objetivos comunes: en este caso las tropas irregulares colombianas –esas que ni por asomo se han desmovilizado completamente luego de que Juan Manuel Santos y componentes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) pactaran un supuesto adiós a las armas de la guerrilla– estaban resueltas a no dejar caer a Maduro en Venezuela, al punto de batirse a fuego con sus propios hombres para que éste se quedara en Miraflores.

Probablemente esto da cuenta de lo importante que es Venezuela como principio y final de un largo entramado de circuitos de financiamiento, zonas protegidas y simbolismo revolucionario para todas las fuerzas comunistas de la región. Simplemente no se puede dejar caer al chavismo venezolano, porque con él caería tras de sí el izquierdismo latinoamericano redivivo del Siglo XXI.

Otra cosa interesante que se descubre con todo esto es que tanto el ELN como el propio chavismo encabezado por Maduro llegaron a creer que aunque no era lo más probable, no era descartable que Trump tomara la opción de fuerza con Venezuela. Este escenario se fue diluyendo a medida que pasaban los meses, sin que al final la administración norteamericana asomara ninguna amenaza creíble.

Pero para los guerrilleros colombianos y las bandas armadas chavistas la alarma tenía suficiente importancia como para ser atendida, al menos en términos preventivos. Si nos ceñimos a lo señalado en el reportaje en cuestión, se deduce que si alguien no subestimó a la administración Trump y su capacidad de promover una acción militar en suelo venezolano, fueron estos grupos criminales de izquierda. En algún tramo de todo este tiempo se prepararon para lo peor, pero tuvieron la fortuna de que ese día no les llegó.

De hecho, según Semana, esta alianza entre guerrilleros colombianos y hombres armados del chavismo estaba persuadida de actuar incluso si la acción para deponer a Maduro no venía del exterior. En el momento en el que se producen todos estos hechos, el tirano venezolano lucía asediado por varios flancos, con un Juan Guaidó que despuntaba como novedad política y que dejaba espacio para pensar que rápidamente podía convertirse en el relevo presidencial de Maduro.

Tal interpretación habría llevado a los miembros del ELN a pensar que componentes militares de la propia Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) podían sumarse a la incursión norteamericana o protagonizar una subversión interna para promover un cambio de régimen, y frente a eso también estaban dispuestos a servir como muro de contención. Las acciones contempladas para ser puestas en marcha eran del más puro corte terrorista: desde volar oleoductos, hasta atacar sitios estratégicos en materia de comunicaciones y promover bombardeos anti-aéreos.

En Iberoamérica el eje del mal no deja de mostrar los colmillos. La izquierda colombiana no ha logrado el poder –como diría el propio Chávez: “por ahora”– pero está determinada a torpedear el cambio político en la hermana Venezuela, y esto no solo por motivos emotivos o meramente simbólicos. Se sabe que bajo un gobierno venezolano democrático, el país probablemente dejaría atrás las zonas que el chavismo le ha asegurado como santuarios protegidos a miembros de las FARC y el ELN, con lo cual se afectarían sus estructuras de financiamiento basadas en el tráfico de drogas. Aunque parezca un lugar común, en el destino de Venezuela, también se juega el destino de Colombia.