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La hipocresía de feministas y partidos políticos: callan ante el ataque con ácido contra dos mujeres en Málaga porque su autor no es español

El autor del salvaje ataque con ácido contra dos mujeres en Cártama (Málaga)

Un suceso estremecedor. Dos mujeres de la localidad malagueña de Cártama fueron gravemente heridas este martes al ser rociadas con un líquido -al parecer un ácido- por un joven de origen magrebí, la pareja de una de ellas. Una de las mujeres se encuentra muy grave en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) del Hospital Virgen del Rocío, en Sevilla, mientras la otra permanece en estado grave.

Fuentes sanitarias han informado que la que se encuentra en peor situación, de 26 años, presenta quemaduras profundas en el 45% de su cuerpo y se está pendiente de su evolución en la UCI tras haber sido valorada por la Unidad de Grandes Quemados.

Por su parte, la víctima que fue trasladada al Hospital Regional de Málaga tiene afectada el 25 por ciento de su superficie corporal y ambas han sufrido daños en la cara.

Se trata de una forma de violencia hasta ahora inédita en España pero que adquiere proporciones gigantescas en países como Inglaterra, donde solo el pasado año se registraron un millar de casos.

Cressida Dick, la jefa de la Policía Metropolitana de Londres, reconoce que lo que está pasando «es una barbaridad». Algunos agentes comentan con cierta impotencia que «el problema es que estamos ante un arma que se encuentra debajo de todos los fregaderos». Los psicólogos subrayan los efectos devastadores de estos crímenes, no solo físicos, también en la autoestima de las víctimas. El ácido da a los agresores sensación de control y poder, porque crea un miedo enorme.

El silencio de los corderos

Imagine el lector lo que se habría dicho y escrito estas últimas horas si el autor del hecho criminal de Cártama hubiese sido español y extranjeras sus víctimas. Tal vez por eso no se han producido reacciones por parte de partidos políticos y organizaciones feministas. Sorprende sobre todo el silencio de Vox, una partido entregado al sistema para servir de contención a la verdadera disidencia identitaria.

Compare el lector la alarma social alentada tras la supuesta violación de una joven en Pamplona a manos de «La manada» con la escasa cobertura mediática dada a las víctimas del ataque con ácido. Mientras los españoles tuvieron la oportunidad de conocer todos los detalles de los presuntos violadores de Pamplona, la identidad del asesino de Cártama fue ocultada por las autoridades.

¿Por qué se siguen desvinculando estos atroces sucesos que tienen por víctima a nuestras mujeres con la llegada a España de personas provenientes de sociedades caóticas donde los ataques de esta naturaleza se producen a diario? Los llamados progresistas prefieren atenerse a un diagnóstico falso antes que enfrentarse a la letal dolencia del enfermo al que dicen proteger. Y es que no nos engañemos: les importan las víctimas solo cuando pueden rentabilizar ideológicamente el suceso. En el caso de «la manada» de Pamplona, no faltó detalle que no conociéramos acerca de la vinculación de uno de sus miembros a la Guardia Civil.

Un reflejo del buenismo que se ha instalado en una parte de la sociedad española, una postura que no es expresión de principios morales profundos sino de profunda insolidaridad con los de casa. Sobre todo con las mujeres. Sostienen las feministas que les preocupa la escalada de agresiones contra mujeres. Si a estas farsantes les preocupara de verdad, reaccionarían siempre de la misma forma y no mantendrían una doble actitud dependiendo del origen del delincuente.

La xenofilia de muchos españoles alcanza niveles tan delirantes que en cualquier otro momento de la Historia habría tenido gravísimas consecuencias para ellos. La inmigración crece y con ella los problemas inherentes a la falta absoluta de una política razonable al respecto. Estamos en pleno descontrol. El sistema se ha desentendido por completo de los intereses del pueblo español y de la misma supervivencia de España. Esta cuestión sigue absolutamente ausente del debate político. Como si no existiera. Se habla tanto de los problemas de la inmigración como de los elefantes voladores: eso no existe, por lo tanto no se debate lo que no existe. Pero existe y se trata de una inmigración costeada por los mismos españoles. Nadie les ha preguntado nunca si quieren que su dinero vaya a parar a gente que no nos hace ninguna falta.

Vox calla y traga

Pero lo más inverosímil es la actitud silente de Vox. A Vox la preocupa más el reparto de subvenciones que estos sucesos que tienen cada vez a más víctimas españolas. Vox no habla de extranjería porque Vox forma ya parte de la trama globalista. ¿Alguien imagina a Trump o a Orban permaneciendo callados ante un suceso como el de las dos jóvenes malagueñas?

¿Alguien en su sano juicio puede creer que la decadencia de Occidente citada por Oswald Spengler puede ser revertida en el Parlamento por familiares y allegados de Abascal, aristogatos, generales de guardarropía, católicos cortesanos, hijas de papá y tránsfugas del PP al acecho de lo que caiga?

Si alguien cifra las expectativas de cambio real para España en esta banda de oportunistas, constitucionalistas, monárquicos, beatos, ultraliberales y socios del club de amigos de la kipá, entonces debería hacérselo mirar.