La Iglesia francesa evita tomar partido

Últimos mítines de la campaña. En clave de enfado y arrastrando la resaca del tosco debate de anteanoche. Huevos contra Marine Le Pen en Bretaña. Broncas sindicales contra Macron en Albi.

En medio de la apabullante avenencia mediática, política y asociativa contra la candidata del ultraderechista Frente Nacional, Marine Le Pen, que lo domina todo expulsando de la escena de lo respetable a cerca del 40% de los franceses, una ausencia que llama la atención: la de la Iglesia ca­tólica.

Representantes y portavoces de las asociaciones religiosas, protestantes, musulmanas y judías –la Federación Protestante de Francia, el Consejo Francés del Culto Musulmán y el gran rabino de Francia, Haïm Korsia– firmaron ayer una declaración conjunta llamando a votar por el candidato Emmanuel Macron.

“Profundamente comprometido con los valores republicanos de nuestra divisa, libertad, igualdad, fraternidad, así como los valores universales de acogida, apertura hacia el otro y solidaridad, invitamos a los franceses a movilizarse el día 7 para hacer triunfar por la vía de las urnas a la Francia generosa, tolerante y abierta al mundo”. En esta gran fiesta de la unanimidad, esta gran comunión institucional de los que cuentan, sólo faltan los representantes de la Iglesia católica, criticada desde hace días por no sumarse a la barrera. El presidente de la Conferencia Episcopal Francesa y arzobispo de Marsella, monseñor Georges Pontier, se ha visto obligado a dar explicaciones.

Arzobispo de Marsella

El presidente de la Conferencia Episcopal responde citando un “clima de histeria”

“¿Qué es más fácil, decir que hay que votar por este o por aquel, o invitar a la reflexión y al discernimiento?”, ha escrito Pontier, mencionando “las dificultades para hacerse una opinión en este clima de histeria”. En su mensaje en el portal de internet de la Conferencia, el arzobispo recuerda que la Iglesia católica dejó de dar consignas de voto después del Concilio Vaticano II. “El papel de la Iglesia no es tomar partido por un candidato, sino recordar a cada elector lo que nuestra fe nos invita a tener en cuenta: la acogida del otro en su diferencia, la importancia de la familia y el respeto de la filiación, la necesidad de respetar la libertad de conciencia y la justa distribución de la riqueza”.

“Estoy enfadada con la Iglesia porque creo que se mete en todo, menos en lo que la concierne”, declaró Marine Le Pen hace dos semanas, antes de que el papa Francisco calificara el domingo pasado a Le Pen de “representante de la derecha fuerte” y despachara a Macron de forma más certera de lo que parece: “Verdaderamente no sé de dónde viene, y por eso no puedo dar una opinión tajante sobre Francia”.

Como ha ocurrido con los partidos y fuerzas políticas, la posición de los dirigentes no necesariamente sienta cátedra. Los líderes de la derecha en pleno han llamado, uno tras otro, a votar a Macron, pero los sondeos revelan que es en ese espacio y no en el de la izquierda, donde Marine Le Pen tiene su principal reserva de votos: un 30% de los seguidores de François Fillon votarán por ella el domingo, frente a sólo un 13% de los votantes de Mélenchon. Lo mismo pasa con los católicos.

“Estoy enfadada con la Iglesia porque se mete en todo menos en lo que la concierne”

Marine Le Pen

El miércoles el diario La Croix publicó un editorial de su director, Guillaume Goubert, llamando a votar por Macron. Aunque todos los diarios mantienen una intensa y desigual campaña contra Le Pen, en Francia no hay tradición de que los medios hagan recomendación directa de voto a sus lectores.

“Nos pareció necesario expresar nuestra preferencia porque Macron es un candidato que opera sobre la confianza y el futuro, mientras que Le Pen está más dominada por la idea del miedo y el repliegue”, dice Goubert, que no excluye que “algunos lectores reciban con desagrado nuestra posición”, que, puntualiza, “no es una manipulación de informaciones y de contenidos, sino sólo una posición editorial”.

La posición del diario católico ha resultado ser mucho más genuina que la de la mayoría de los medios, supuestamente independientes pero que en la práctica han asumido una beligerancia militante que recuerda a la histeria de los medios de Estados Unidos ante Donald Trump.

En el debate de anteanoche Le Pen fue su peor enemiga: se mostró muy virulenta e inconsistente. No parecía creer ella misma en su posibilidad de victoria, algo muy realista teniendo en cuenta los 20 puntos de ventaja que le lleva Macron. Empezó muy fuerte, noqueando a Macron, que acabó dominando el show, según un 63% de los franceses. Solo un 34% considera que Le Pen hizo un buen papel y ganó la lamentable pelea.

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