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La indiferencia: el cáncer de la izquierda estadounidense

WASHINGTON DC – “Si Trump gana me voy a Costa Rica”, me advierte un anciano desaliñado que está acampando junto a la valla del movimiento Black Lives Matter en las cercanías de la Casa Blanca.

Afirma que la tradición pacifista de mi país contrarrestará las actitudes autoritarias de Donald Trump, a quien él percibe como un dictador feroz que busca destruir “América”.

Debo aclarar que para este individuo la palabra “América” no significa lo mismo que para mí.

La promesa de este hombre me recuerda a la que hizo en 2016 la doctora Ana María Polo, conductora del famoso programa de Telemundo “Caso Cerrado”. Ella afirmó que de ganar Donald Trump dejaría este país –al que llegó huyendo de la Revolución de Fidel Castro en Cuba–.

Recuerdo también su reacción ante la muerte del tirano.

“Hemos vivido tantos años subyugados, encarcelados por la mentalidad de Fidel Castro que creo que hoy es un día feliz (…) Hoy es un día para la humanidad (…) Llevamos tantos años esclavos de una ideología barata, absurda que no nos ha ayudado en nada. Si se murió Fidel Castro yo estoy feliz”, decía la abogada cubana más importante de la televisión hispana.

Siempre me ha caído bien la Dra. Polo. Pensé que era una mujer de palabra, pero la promesa de dejar el país no la cumplió.

La doctora sabe cómo funciona esto. Conoce a la perfección la implementación del manual de los Castro.  No obstante, considera que Estados Unidos no es compatible con ese modelo y que aún con la izquierda en el poder, aquí todo seguirá un curso democrático. Quizás.

El manual socialista para inocular a un país es esencialmente el mismo: la nación debe hervir en descontento; los cubanos mandan a sus agentes del caos que vociferan el discurso indicado, ganan adeptos y arrasan en las elecciones; llegan al poder y ahí se quedan para enriquecerse mientras el país cae por el precipicio.

En cada país debe haber adaptaciones, mismas que los cubanos seguramente harán al sistema político estadounidense.

Quedarse en los Estados Unidos durante la era Trump no resultó tan fastidioso como Polo pensaba. Me imagino que le tocó tragarse recurrentes disgustos por los modos arrabaleros del presidente, pero ella como opositora tuvo la libertad de quedarse en el país que la acogió. Aquí no fue perseguida por su manera de pensar.

Tampoco cumplió su promesa de marcharse el cantante argentino-venezolano-colombiano Ricardo Montaner, uno de mis ídolos musicales.

El intérprete había arremetido contra Trump en 2016 por sus comentarios despectivos contra los mexicanos. Las del entonces precandidato fueron declaraciones desagradables, desafortunados y falsas. Muchos se quedaron con aquellas palabras en la mente y edificaron un muro que les impidió pensar si los principios que defendía Trump en otras materias se asemejaban a los que ellos mismos abanderaban.

Con el paso de los años Montaner dijo haber cambiado su concepto de Trump y agradeció el compromiso que el mandatario tuvo con la Venezuela que Hugo Chávez le robó y a la cual no ha podido volver. Desconozco a quién apoyó esta vez.

Quizás valga la pena recordar el caso de Alicia Machado, la ex Miss Universo-venezolana que en 2016 denunció episodios de acoso psicológico por parte de Trump durante su año de reinado. Los episodios de bullying la llevaron a apoyar abiertamente a Hillary Clinton hace cuatro años.

Hace algunas semanas, Alicia sorprendió al mundo asegurando que esta vez votaría por Trump, pues a su parecer “el mundo necesita carácter” y se confesó disgustada por la alternativa demócrata.

Mi América vs tu América

Quisiera decirle una cosa al caballero que acampa en la que ahora llaman “Black Lives Matter Plaza” –dos calles tomadas de facto por el movimiento con el beneplácito de la alcaldesa de Washington DC–.

Usted considera a mi natal Costa Rica como un paraíso al que podría escapar en caso de que Trump logre la ya improbable reelección.

El problema, estimable señor, es que usted piensa en “salvar” a su América, mientras acepta gustoso que la mía sea devorada por las pirañas. Mientras su país esté gobernado por la izquierda, que al mío se lo cojan los cubanos. No se vale.

Las tendencias más radicales de su partido –que apoyan gustosas a Biden– son afines ideológicamente a la peste que ha acabado con Cuba y Venezuela, y que atenta con hacer metástasis incluso en esa Costa Rica que usted idealiza como un oasis.

Me indigna que tantos en este país ignoren el peso que tiene Estados Unidos en el mundo. Para ellos es como si América Latina no existiera. Como si fuese un hueco que no merece ser tomado en cuenta.

“América para los americanos”, reza la famosa Doctrina Monroe que en realidad debe traducirse como “Estados Unidos para los estadounidenses”. De América, aquí se sabe poco.

Si le preguntas a una de las jóvenes que protesta en esta plaza mientras fuma marihuana dónde queda Venezuela, probablemente no sabrá decírtelo. Si les preguntas por Nicaragua, apuesto 50 dólares a que no sabrán que existe. De Costa Rica sí que saben (gracias, Kim Kardashian), pero si les preguntas por la crisis política en el Perú no sabrán darte una respuesta. Simplemente no les importa.

La indiferencia de los militantes de la izquierda es un cáncer que terminará carcomiendo a este país. No digo que en la derecha no haya indiferencia, por Dios, la hay y de sobra.

No obstante, el cáncer de América se llama socialismo, y ese se combate desde la derecha.