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La Izquierda a la que no le gustaban los presidentes

Miguel de Cervera.- La fuerza del mito ha impuesto que sólo Kennedy y Carrero Blanco han muerto, en atentados magnicidas, en los últimos cien años. ¡Nada más lejos de la realidad! Muy a menudo son los verdugos quienes escriben la Historia y la verdad de los que mueren, molesta para los que mandan, se oculta en el silencio del cementerio. Y la Historia de España tiene demasiados cadáveres sin reivindicar, por ejemplo, en su larga lista de magnicidios: Prim, Cánovas, Maura, Canalejas, Dato, Calvo Sotelo, Carrero… Por esto es que el fallido atentado contra el estadista que ha okupado La Moncloa, con su coletudo compañero, no puede sonar sino a broma de mal gusto: ¿quién podría tener el más mínimo interés en cargarse a una marioneta tan reemplazable? Su cheposo y coletoso amigo, sin ir más lejos, estaría encantado de sustituirle en el cargo (cuidado con eso, Pedrito). Y es que no hay quien se trague semejante complot terrorista que, de hecho, no ha colado: sin duda un chiste parido por los genios de la Cloaca ibérica…

Hablando de cosas más serias, el atentado contra Aznar ha sido el último intento real de acabar un estadista español de la forma más directa posible. En 1995, un coche bomba estalló al paso de su automóvil, de tal manera que estuvo a punto de convertirse en Carrero Blanco 2. Un intento de magnicidio en el que tuvo mucho que ver la Cloaca estatal, en ese momento presidida por el simpático Felipe González: Un Gobierno del PSOE que no dudó en reducir las medidas de seguridad del candidato contrario, con total negligencia, poniéndoselo en bandeja a cualquier terrorista. Un Presidente que ni se molestó en ir a ver a Aznar al hospital… ¿Hubiera ido en cambio al cementerio?

Para tapar semejante escándalo se puso en marcha un plan B: otra intentona de supuesto magnicidio que tuvo lugar, ese mismo verano de 1995, contra otro personaje que está por encima del Gobierno… Un exmonarca que fue objetivo de la ETA en Mallorca pero que se libró, y lo tenemos que creer porque nos lo ha contado el CNI (palabra de Dios). Y es que los hechos son tozudos cuando intentarlo, lo que es intentarlo de verdad, sabemos que es cierto en el coche bomba contra Aznar… Como habían hecho antes con más éxito, por desgracia, con el muy olvidado Gregorio Ordóñez. Ese mismo año de 1995, en San Sebastián, ETA mataba por la espalda al valeroso dirigente popular: un verdadero magnicidio al que siguió otro, en grado de tentativa, del que Aznar se salvó por la mínima. Y de seguido, como decía, para tapar sendas vergüenzas de este Estado criminal, nuestra imaginativa Cloaca lanzó a los medios el fallido magnicidio contra Su campechana Majestad. Como podemos ver, lo del actual Pedrito no es ninguna novedad: en 1995 había que tapar que dos líderes de la Derecha (cuando el PP era Derecha), en el corto plazo de tres meses, sufrieron atentados mortales.

Tres intentos de magnicidio, en el 95, que culminaron en un caso (Gregorio Ordóñez), fallaron en otro (Aznar) y simplemente nos contaron en un tercero (el de Campechano). ¡A nadie le interesa matar a una marioneta, decíamos, pero Aznar no lo ha sido y mucho menos el corajudo Gregorio! Eran estadistas y se lo creyeron: por eso se convirtieron en objetivos de los terroristas, que no son sino fontaneros a sueldo del Poder. Una tradición muy española que viene de todos los presidentes y candidatos a los que la Izquierda y el separatismo, siempre democráticos, han intentado matar: desde Prim (1870), pasando por Cánovas (1897), Canalejas (1912), Dato (1921), Maura (diversos intentos), Calvo Sotelo (1936), Carrero Blanco (1973), Aznar (1995)…

La lista es surrealista, ¿no es cierto? ¡Que la Izquierda acuse a la Derecha de golpista, habida cuenta de su sangriento historial, es sencillamente de chiste! Pero que encima nos salgan ahora con un supuesto magnicidio, como en el caso del presidente por accidente que padecemos… Es sencillamente asombroso.

Fueron terroristas de izquierda federalista, en todos los casos, los que mataron a estos líderes expuestos aquí o lo intentaron: sus anarquistas, sus etarras, incluso su aparato parapolicial y gálico… Y recordemos que fue un magnicidio socialista, el de Calvo Sotelo, el que prendió la Guerra Civil del 36: una tradición magnicida que está en el olvido, por desgracia, cuando el mito se ha impuesto de nuevo. Los heroicos sicarios de la Izquierda y sus amos cambiaron, en cada uno de estos atentados, la Historia reciente de España.

Fuente: Alerta Nacional