La leyenda de la ninfa Eco en la mitología griega

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La mitología griega está llena de simbología. Para cada cosa que existe en la naturaleza u ocurre entre los seres humanos, los griegos creaban historias e incluso fábulas para explicar la procedencia de todo. En este sentido, hoy nos centraremos en la leyenda de la ninfa Eco. ¿Quién fue este ser y qué tiene de especial?

Eco fue en realidad una oréade, es decir, una ninfa de las montañas que vivía en el monte Helicón, y que fue educada por las Musas mientras era criada por otras ninfas. Su particularidad era que estaba enamorada de su voz, por eso da nombre al sonido o reverberación que hoy en día conocemos como eco.

Pero los griegos inventaban historias sorprendentes sobre cada uno de los mitos que daban pie a su realidad. En este caso, no es menos, y existen diferentes historias referentes a Eco, aunque las más conocidas se relacionan con Pan y con Narciso.

Las leyendas de la ninfa Eco

Por ejemplo, si observamos la relación de la ninfa Eco con Pan, que era el dios de los rebaños y pastores, observamos a esta deidad enamorada de la dama. Sin embargo, su pasión no era correspondida, por eso, el fauno decide vengarse haciendo que se desgarre por unos pastores. Así pues, el llanto de la oréade dio paso a lo que hoy se conoce como eco.

En otra de las leyendas referentes a la ninfa, esta fue castigada por la diosa Hera, que le impedía hablar. Así pues, la oréade solo podía repetir la última palabra pronunciada por su interlocutor.

El motivo del castigo se refería a que Eco encubría a Zeus, esposo de Hera, con sus infidelidades, entreteniéndola con conversaciones elocuentes mientras el gran dios de dioses se marchaba con sus amantes.

Sin duda, la versión más conocida del mito se relaciona con Narciso, del que se enamora perdidamente por su enorme belleza. Sin embargo, en su nacimiento, el sabio adivino Tiresias afirmó que si el chico no se miraba nunca, podría vivir largos años.

Narciso despreciaba cualquier tipo de amor que le proferían, y así hizo también con Eco. Cuando la ninfa fue rechazada, esta solo era capaz de responder con las palabras del bello joven.

Humillada y dolida, Eco se marchó a un lugar solitario y se dejó llevar sin comer. Al final, desapareció de dolor y se desintegró dejando en el aire una voz que repetía las últimas palabras de cualquier frase, conocidas como eco.

Se dice igualmente que las mujeres rechazadas por Narciso oraron a los dioses y estos hicieron que el chico se contemplara. Enamorado de sí mismo, se dejó morir mirándose en un estanque y de su cuerpo muerto nació la flor del narciso.