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La necesaria disciplina presupuestaria

El Observatorio de Deuda de la AIReF acaba de emitir un informe donde afirma que el conjunto de administraciones públicas en España no alcanzará el objetivo de deuda, fijado en el 60% del PIB, hasta el año 2035. La cota que se ha alcanzado recientemente, de casi el 100% del PIB, hace que el camino para lograrlo sea largo y, de no haber reformas estructurales, puede que también sea incierto.

Largo, porque reducir 40 puntos de PIB en el endeudamiento no es sencillo: debe disminuirse mucho el déficit y lograr, incluso, superávit, que es lo que afecta al numerador del cociente objetivo, y debe crecer mucho el PIB, para que el denominador ayude en la consecución del hito marcado. Sin embargo, nos encontramos un escenario en el que se presentan unos presupuestos con subidas salariales para el sector público muy por encima de lo que podrían soportar las cuentas públicas, un incremento fuerte en algunas pensiones y un esfuerzo inversor en infraestructuras, todo ello fruto de las negociaciones para poder sacar adelante los presupuestos. En las regiones, más de lo mismo: se refuerza el gasto en Sanidad y Educación y se abarata, en muchos casos, como el del abono joven en Madrid, el uso del transporte al usuario -esta medida y algunas otras han disparado el gasto en Madrid en más de 2.000 millones de euros estructurales al año, que pese al incremento coyuntural de los ingresos, ha hecho que Madrid pase de ser la comunidad menos endeudada a ser ahora la segunda con menor deuda-. Y si eso sucede en Madrid, que fue la más disciplinada, imaginen las cuentas de Cataluña o de Valencia, cuyos niveles de deuda son elevadísimos.

E incierto, porque sin reformas estructurales el nivel de gasto no va a bajar mucho. Las comunidades autónomas necesitan que se suavice la normativa básica estatal que marca la cartera de servicios de los servicios públicos esenciales, como Sanidad y Educación, para que puedan ahorrar, junto con la aplicación rigurosa de la Ley de Estabilidad para que lo hagan. Del mismo modo, como ya he dicho en artículos anteriores, también debe reformarse el sistema de pensiones para evitar su colapso, que consume muchos recursos y tensa el déficit. Para ello, debe superarse la contienda política y trazar una política de Estado para asegurar una adecuada estructura económica.

La disciplina es necesaria, no sólo por mantenernos cómodos con la política monetaria de la zona euro, cumpliendo los objetivos de estabilidad comunes que permiten homogeneizar las políticas fiscales al haber una única política monetaria común para los países que comparten el euro; es necesaria, además, por sí misma, porque ningún país puede endeudarse perpetuamente sin riesgo de quebrar -imaginemos, además, el incremento del coste de la deuda cuando empiecen a subir los tipos de interés- y necesita ser solvente para mantener e incrementar la prosperidad de sus ciudadanos. Sin embargo, no parece que ni los dos partidos que han gobernado en España desde la transición -incluyendo a UCD dentro del PP- ni el que podría hacerlo, Ciudadanos (que pide más gasto de manera frecuente) vayan a ponerse de acuerdo -de Podemos, ni hablamos, porque si ellos llegasen a gobernar posiblemente nuestro último problema sería la deuda-. Los partidos parece que prefieren mantenerse en el brochazo gordo de las cuestiones políticas más demagógicas, porque, desgraciadamente, la sociedad española prefiere hacer como el avestruz y no afrontar los problemas, de manera que penaliza en las urnas, en muchos casos, a quien le dice la verdad y marca la solución. En cualquier caso, debería haber un gobernante con sentido de Estado que estuviese dispuesto a perder las siguientes elecciones y llevar a cabo las reformas para asegurar la estructura económica y la prosperidad de España. Ojalá lo hubiese.