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La obsesión por la felicitación

Ante el presunto triunfo de Joe Biden –mismo que hasta ahora solo ha sido reconocido por los grandes medios de comunicación y por las directivas de las redes sociales–, en México se soltó en cascada la exigencia de que Andrés Manuel López Obrador extienda una felicitación al candidato demócrata y por ende, a que reconozca su victoria.

¿Quiénes son los que presionan? Columnistas, líderes de opinión, empresarios y políticos de la oposición.

AMLO fue muy claro y aseguró que no felicitaría a Biden sino hasta que el proceso electoral concluya, incluyendo las impugnaciones que se lleven en las cortes. De ahí no se ha movido y hasta ordenó al canciller Marcelo Ebrard girar a los diplomáticos de México acreditados en el extranjero un manual que les defina cómo actuar frente a elecciones en otras naciones. En dicho manual les prohíbe entre líneas reconocer triunfos anticipadamente.

Todo esto ocurrió luego de que el equipo de Joe Biden tuvo comunicación con la embajada de México en Washington para proponer una llamada entre el virtual presidente electo y el jefe del ejecutivo mexicano. La propuesta fue rechazada por este último.

Esta situación tiene a la oposición mexicana patéticamente ocupada ¡y vaya que López Obrador lo está disfrutando!

En México, la obsesión por la felicitación lleva días acaparando portadas y columnas en los grandes medios de comunicación. Hemos visto a los periodistas más críticos contando los días sin que AMLO reconozca a Biden como el futuro presidente del país vecino.

Otros importantes personajes han impulsado mecanismos tan inútiles como la recolección de firmas (muy de moda en los nuevos tiempos) con el objetivo de que –ante el tremendo e inconfesable agravio de nuestro presidente– los mexicanos puedan felicitar al candidato demócrata a nombre de todo el país.

De risa todo el circo, ya que solo las personas totalmente desconectadas de la realidad del país pueden creer que a la gente realmente le afecta si AMLO no tiene la deferencia con el virtual mandatario electo de Estados Unidos.

La presión mediática quizá se sitúe en el juego justo de la política, golpeando al presidente en el ego, presionándolo a reconocer que perdió en su apuesta. Y es válido. Aunque yo diría que esta enfermiza insistencia pinta a la oposición como superficial, infantil y hasta hipócrita.

La oposición mexicana quiere venderse como imparcial y diplomática, preocupada por las posibles represalias a nuestro país. Porque ¡caray! Es bien sabido que no felicitar a un presunto ganador en el timing correcto puede desatar una guerra (nótese el sarcasmo).

La oposición siempre tuvo su propia preferencia electoral y más que un común y corriente golpeteo coyuntural, está replicando el peligroso guion de la izquierda posmoderna y fascista que busca la sumisión ante el partido demócrata.

No son secreto las preocupantes listas negras que comienzan a formularse en los Estados Unidos con congresistas que han cometido la punible blasfemia de no reconocer a Biden, por ahora. En estos tiempos orwellianos, tanto en lo local como en lo global, existe la encomienda de los facilitadores de la progresía de marcar y perseguir a los impíos y renegados que no se someten al Ingsoc.

Independientemente de estas teorías, el representante mexicano sabe que este episodio no le afecta más allá del grito de la tecnocracia liberal que se tira sobre el diván, mortificada e hiperventilada mientras se echa aire con un abanico sin poder dar crédito de la insolencia de nuestro presidente hacia el endiosado candidato estadounidense.

Además de la apuesta Obradorista por Donald Trump, debemos recordar que en congruencia con su propia historia personal AMLO no puede ser incrédulo ante la narrativa del fraude de las élites coludidas para robarse una elección o de la resistencia ante el estado profundo (la “mafia del poder”). Si en México todo sigue en la dirección actual, muy posiblemente vuelva a necesitar de esa narrativa en los procesos electorales a desarrollarse el año que entra –esto en el mejor de los casos–.

En el caso menos favorable, será la oposición a la que veremos alegando un fraude electoral mientras meses atrás llamaba malos perdedores a los republicanos en Estados Unidos por hacer uso de las propias herramientas que nos brinda la democracia para denunciar irregularidades en los comicios.

Definitivamente no están eligiendo bien su retórica. Ni sus batallas.