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La parejita de millonarios que manda en Vox

Iván Espinosa de los Monteros y su mujer Rocío Monasterio un poder absoluto en Vox y lo deciden todo en nombre de una militancia amordazada y anestesiada. Tanto es el poder que tienen que nos recuerdan a la parejita que controla Podemos con puño de hierro. Pablo e Iván, Iván y Pablo; Rocío e Irene, Irene y Rocío, tanto monta. Los cuatro son millonarios, altivos, ambiciosos, caraduras, adoran el poder y disfrutan de ostentosos casoplones. Por si fuera poco, Iván y Pablo comparten linaje aristocrático, marqués de Galapagar, uno; marqués de Valtierra, el otro.

Pese a que no consta de congreso alguno que les revistiese de tanto poder, Iván y Rocío son hoy la cara más visible de Vox y los únicos con el poder suficiente para decidir sobre los grandes asuntos en la agenda del partido: desde los pactos en Madrid y Murcia hasta su naturaleza ideológica. Este duopolio ha marcado la estrategia de Vox y también las líneas rojas que, en línea con los intereses globalistas, no pueden ser sobrepasadas. La inmigración es una de ellas. Y así tenemos que Vox ha pasado de representar una alternativa identitaria para muchos pardillos, a postularse hoy como un partido ultraliberal en lo económico, europeísta, constitucionalista, multiculturalista, monárquico y buenrollista.

Para conocer mejor la posición que los amos de Vox mantienen sobre determinados asuntos, repasemos algunos de sus tuits que se hicieron virales. Esto escribía Monasterio antes de las elecciones generales:

“Sé que a la izquierda le molesta que la reivindique y recuerde que era católica, pero soy feminista desde que tengo uso de razón. Estoy con esas mujeres que verdaderamente lucharon por la libertad de todas. Hoy hay un cierto feminismo supremacista que impone el discurso de la ideología de género y pretende amordazarnos con su burka ideológico”.

“En casa me enseñaron a luchar por la libertad porque mi familia sufrió esa dictadura. Ahora lucho contra el la dictadura del feminismo supremacista que dice defender a las mujeres, pero que nunca critica a las manadas magrebíes o al islam que somete a las mujeres. Voy contra ese hembrismo que ahora critica a los jueces porque quiere entrar en la Justicia para captar más subvenciones”, remató.

Y su marido, por su parte, tampoco se mordía la lengua al referirse al papel de la progresía en el devenir de los acontecimientos nacionales. Eso antes del idilio que ahora mantiene Vox con los medios progresistas: “La presión mediática ha servido para hacer visible como nunca la ‘brecha progre’. ¿Que qué es la brecha progre? Es la abismal distancia que separa lo que algunas élites pretenden imponer a los demás, y la vida que realmente desean llevar cada vez más españoles normales”.

El problema es que esos tuits, como en el caso de los que escriben marqueses de Galapagar, son solo un ejercicio de postureo. Veamos. Una empresa del matrimonio «verde» fue condenada en 2014 por dejar sin pagar parte de las obras de construcción de su vivienda, una lujosa casa de 545 metros cuadrados dividida en cuatro plantas, parcela y piscina. La propiedad está situada en Chamberí, una de las zonas más caras de Madrid. Con este escenario como retaguardia, cabe recordar a Espinosa de los Monteros cargando contra Iglesias y Montero por la compra de su chalet.

A través de su cuenta oficial de Twitter, el aristócrata reprochó a los dirigentes de Podemos que cambiaran “el movimiento okupa proletario por el capitalismo”. “Los de arriba y los de abajo ahora serán los niños corriendo por el chalet. Ya son burgueses de izquierdas, de los de siempre. ¡Bien hecho chicos!”.

Muy coherente, sí, viniendo del mismo que tuvo una reunión en una residencia del lujoso barrio de Chelsea con una “treintena de representantes de las finanzas londinenses, algunos de ellos españoles”, entre los que había directivos de HSBC, Goldman Sachs, Citi o UBS. Que Goldman Sachs —conocida por maquillar las cuentas de Grecia, comprar 3.000 viviendas de VPO de manera irregular al Partido Popular en la Comunidad de Madrid o por su implicación en la venta mundial de las hipotecas subprime estadounidenses— se reúna con un dirigente de Vox, solo puede significar una cosa: las propuestas del partido verde son acertadas para la gran industria financiera. Vender en mítines y mensajes de WhatsApp que defiendes a los españoles, pero buscar aliados en una de las empresas responsables de lavar dinero y de estrangular a personas que tienen hipotecas y que, en muchos casos, han perdido sus casas, es un ejercicio de hipocresía y cinismo que solo «El marqués de Galapagar» y su esposa serían capaces de superar.

Y, entre tanto, ¿qué espera Abascal haciendo el papelón de líder de paja? De momento garantizarse la mamandurria durante los próximos cuatro años (si es que no se repiten elecciones) y preparar su reingreso en el PP a la sombra de algún chiringuito millonario.