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La pinza Sánchez-Vox

Pedro Sánchez saluda al líder de Vox, Santiago Abascal, antes del inicio de la sesión constitutiva de las nuevas Cortes Generales.

CD.- Es una treta, un ingenio antiguo. Tiene al menos dos antecedentes: uno, cuando nació políticamente, la “pinza” se aplicó a los posibles conchabeos entre Aznar, en la oposición, y Julio Anguita, más en la oposición todavía. El PSOE de Felipe González se cansó de denunciar que ambos habían perpetrado una estrategia conjunta para hacer la vida imposible a los socialistas en el Parlamento. Sólo había de cierto esto: Anguita y Aznar se llevaban francamente bien. «¿Por qué?», le pregunté al primero en una ocasión. Me respondió: «Porque ‘éste’ al menos no me engaña». Se refería, claro, al líder del Partido Popular. La “pinza” en aquel caso apenas tenía eficacia alguna porque los dos hipotéticos complotados no se comían ni una rosca del poder; no mandaban en las instituciones y, en consecuencia, escaso daño le podían a ese PSOE que, no olvidemos el caso, era el de la llamada por entonces con toda justicia “corrupción generalizada”.

De forma que esa primera pinza contra natura que traemos a colación era poco más que un ejercicio de tócame las narices al PSOE. Nada con sifón. La segunda sí que fue una invención articulada. De pronto, a alguien con nombre y apellidos en el Gobierno de Mariano Rajoy, se le ocurrió que el ardid más inteligente para rebañar votos al socialismo, era apoyar políticamente a un sujeto que entonces empezaba a hacer sus primeras armas en la política. Se trataba de Pablo Iglesias y su partido, aún en fase embrionaria, Podemos. Dicho y hecho, contando con la inapreciable ayuda de los Servicios de Información, unos recónditos, otros perfectamente identificados, Iglesias empezó a ser placeado, “recomendado” más bien, en las televisiones que más o menos tenía controlado aquel poder estúpido. Así que a Pablo Iglesias le hicieron un hombre mediático desde La Moncloa y desde las diferentes asesorías de Rajoy, la de Pedro Arriola entre otras, e incluso desde el propio Gobierno donde entonces se escuchaban sentencias tan alborotadas e inciertas como ésta: “Podemos le lastima mucho al PSOE”. Al final, ¿qué pasó? pues que el Gobierno de Rajoy le puso un piso al leninismo en toda España, y éste, con más hambre que un torero y menos escrúpulos que su jefe Maduro, se aprovechó de la oportunidad que ni al famoso ‘Platanito’, y hoy está en el Gobierno. La “pinza” PP-Podemos funcionó, el PSOE se quedó que ni tan mal como ahora se dice, y el PP, los sucesores de aquella estólida ingenuidad andan buceando por la oposición raras posibilidades de salir a la superficie, digámoslo claro.

Y llegamos a la tercera “pinza” de nuestra reciente Historia. Es una sutil, barriobajera más bien, que todavía se percibe con dificultad pero que trabaja ya con gran éxito. Es la pinza Sánchez-Vox porque es el presidente del Gobierno quien la ha montado. Quien tenga alguna duda, que vea lo que ha pasado en Andalucía con los presupuestos rechazados. Vox ha estafado a sus electores, que nunca pudieron ni imaginar que Vox pondría en peligro el primer gobierno andaluz de centro derecha y arremetería contra él. Vox ha acabado por valorarse más a sí mismo que a los andaluces y los españoles, ha olvidado muy pronto que un partido no es un fin en sí mismo, sino un instrumento. Espejito, espejito, dime si es cierto que soy el mejor, que sólo quedo yo… (“sólo queda Vox”, el grito de guerra de la bruja).

Las dos “pinzas” anteriores que hemos recordado, la supuesta de Aznar y Anguita y la de Rajoy-Podemos no le salieron nada bien a sus organizadores. Anguita se ha muerto devastado por la marea leninista de Podemos, y estos, gratificados brutalmente por la tontería pacifista del PP, ya se ve ahora dónde y cómo están. ¿Qué ocurrirá con esta tercera? Por lo que se ve por ahora sólo puede perder el “pinzado”, o sea el Partido Popular. Sánchez, en lo teniente a ordenar maldades, es más listo que Aznar y Rajoy juntos. Vox y Abascal se limitan solamente a poner la mano.

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