La profesora (***): Impuesto revolucionario

Una película pequeña pero muy efectiva, al estilo de las que labraron la fama de la nueva ola checoeslovaca de los 60, antes de ser aplastada por los tanques soviéticos

Una película pequeña pero muy efectiva, al estilo de las que labraron la fama de la nueva ola checoeslovaca de los 60, antes de ser aplastada por los tanques soviéticos. Ahora los dos países están separados, pero esta película -una historia eslovaca de un director checo- podría haberse contado en los años 80, la época en la que transcurre la acción, si no fuera entonces todavía un país tutelado.

Ese es exactamente el tema que desarrolla de forma gradual la trama que, curioso, recuerda un poco a la de la estupenda serie «Big Little Lies»: un tema de abuso escolar, con suspense sobre sus dramáticas consecuencias.

En esa trama juega un papel determinante esa profesora (encarnada por una sobresaliente Zuzana Maurery, justamente premiada en Karlovy Vary) que no se parece nada a su colega, la profesora-ogro de «Matilda», pero solo porque lo disimula mejor. Es, además de docente, la representante del Partido que rige los destinos locales desde Moscú y desde esa posición instaura un ecosistema de miedo, corrupción y favoritismo. No parece algo tan terrible como los actos de represión física de una dictadura, pero quizá explica mejor el clima que se vive en el día a día.